viernes, 18 de septiembre de 2020

Duende a la hora de la siesta

El monte guarda una esencia misteriosa, algo espeso se pliega sobre los árboles, los cubre sin tocarlos, está allí como un manto de enigmas.
El silencio no es total. Sobre la tierra cubierta de hojarasca se agita la misma vida que tiembla en la espesura de brazos vegetales. Son leves crujidos, nada más que el anuncio.
En cualquier momento puede aparecer el intruso, para conmover el clima donde se asientan las aves y se extiende el ocre verdegris de las ramas asustadas. No se sabe de dónde viene. Puede ser de este mundo. O del encantamiento perdido. Esa oculta ilusión que vibra detrás de las formas.
Cunumí refresca sus pies en al laguna.
Temprano ha salido del rancho, cuando el sol escalaba sin fuerzas la suave loma hacia el oriente. A Cunumí le gusta la mañana en el verano, a esa hora en que sangra el horizonte. Cuando el ganado busca la hierba de sustento cubierta de rocío. Cuando los teros acuchillan el aire y sobre el agua se deslizan canoítas de plumas.
Esta mañana tiene tiempo de sobra. Es domingo. Habrá ocasión para recoger huevos en el campo, para atrapar crías de pollonas, para tirarse de espaldas a la tierra y oler de golpe todo el aliento que lo circunda.
Ahora está allí junto a la orilla del espejo, donde su sombra es agua. Tiene un tordo en sus manos. Lo suelta y, al rato, oye el silbo distante.
Está solo en ese lugar. Se siente dueño de la vida entera. Es libre. Su alma también canta.
La madre trabaja en la casa; el padre ara la zona de cultivo.
Cunumí los evoca. Son como de cuero; piel de surco y hacha y fondo de remolino con final diáfano. Como dos lagunas definitivas, en las que se puede ver hasta el caracol vacío y el musgo sobre el plato de arena.
A Cunumí lo dejan que retoce. Saben dónde puede estar, a media distancia entre el monte y el rancho. Por la loma, como otro cordero; junto al agua, harto de sol.
Hoy es domingo. Enero alumbra en borrachera.
Cunumí percibe un llamado… Obedece. Es una orden distinta, no suena como de costumbre. La verdad, no siquiera suena.
Viene del monte. Del misterio.
Al principio, la imagen se demora…
Los árboles, insomnes, parecen mirar las otras cosas; sus ramas se mecen como tristes abanicos. Hay algo que zumba. El sendero es recto, aunque no está marcado. Y arriba, bien arriba, nada existe.
Cunumí es nada más que otra forma, un trozo agregado al delirio del suceso. Camina lentamente, sin fuerzas, con los ojos fijos en un sector oscuro donde respira la noche.
De pronto se produce un estallido de luz, de gozo y risa, fronda y trinos, de cielo abierto. Pero la risa es siniestra. Y en este punto tenebroso que concentrara todo el afán de Cunumí, surge un enano casi fosforescente, de rostro simiesco y barba en punta. Lleva un sombrero de ala desmesurada.
El vínculo es firme; el niño y duende atrapados en el mismo círculo de sensaciones.
A Cunumí solo le resta una ventanita por la que puede atrapar los contornos de la realidad, sin embargo sigue, como entre nubes, hacia el vórtice del encantamiento. No tiene idea de distancia. Y lo que abarca el monte desde que se yergue en el paisaje, se le escapa inevitablemente. Pero aun así, tras ese velo de confusión consigue entrever lo que le rodea, a medida que avanza.
Los árboles se estremecen por culpa de un viento extraño, extraño impulso que a él lo convierte en jirón de sombra.
Cunumí duerme en el olvido. Se apaga sin sufrimiento. Es una pequeña figura de ojos tristes, hechizados. Por esos ojos, vacíos de lumbre, se apilan los recuerdos. Alcanza a percibirse lejos, en dimensión de angustia; pero no es él quien se aferra a la nostalgia. No puede… Es el duende que recula andando hacia adelante con sus raros pies, es el duende que lo tienta.
A Cunumí le llegan, repetidos, sus primeros deslumbramientos: la madre en contraluz de un sol en el ocaso; el amado silencio de ese otro cargador de yugos, abriendo sin esperas la costra retobada; el arroyito de aguas pacificas; el concierto de picos mañaneros… Y, en cúmulo arrebatante, el tren de marlos; la voz de Deolindo, su ladero de andanzas, llamándolo en la hora de bronce; esa fiesta que atrajo a tantos vecinos, cuando lo hirieron al “Tape” Aguirre; las campanitas de risas y las flores silvestres y el beso de la luna llena…
Cunumí parece definitivamente atrapado en mágica urdimbre. Pero el duende acerca su boca hecha de trampas a un oído ansioso; susurro falaz, con premio y exigencias. Y a Cunumí se le libera el ánimo en el regreso a un sosiego de pichicas.
Deolindo es rival o amigo según el juego. Ahora incita: -“Vamo´ a juntar huevo´ de teru”…. -“No, mejor vamo´ al montecito” -dice Cunumí. De acuerdo, al monte. A ese lugar de sonidos apretados, de súbitas penumbras, de calma traicionera. Algo especial para dos aventureros que, a escondidas, salen en busca de cambios. Llevan como escudo la ingenuidad. Armas: dos hondas cansadas.
Conversan. Detrás de cada frase de Cunumí se esconde una orden que viene de la espesura… La voz suena como siempre, del claro mundo niño. Pero los pasos no se detienen en ninguna parte porque algo-alguien mueve los labios y los pies de Cunumí, que avanza sin cautela arrastrando a Deolindo en el éxtasis y el riesgo.
Enfrente, despierta la hojarasca; las ramas tiemblan y forman un vano de miedo. Allí está la forma y el trágico esplendor del que guía…
Deolindo amaga un débil gesto; recoge un terrón y, cargada la honda, estira su brazo para fundir a esa presencia en trozos de oropel o en polvo de ilusiones. El brazo cae.
Duende entero duende con agallas, dominador y terrible. Su poder alcanza lejanías inconcebibles. Se mete en el alma de las cosas. Le basta mostrar los dientes en un remedo de alegría; la verdad, la única, es su pasión de encallecido y el aciago fin que busca.
Cunumí accede a ser su cómplice. Desde la vez anterior, un cosquilleo insistente lo martiriza, como si una luciérnaga se le prendiera en el pecho. Esa lucecita le sirvió para tentar a su acompañante; en la misma trama se entrelazan sus destinos. Ahora suspira aliviado. Ha dejado de ser el inocente; pero ya no lleva es carga abrumadora…
El duende se atrasa hacia su reino mientras les tiende la mano y los atrae en ese andar que parece venir y solo se resuelve en un escorzo donde anida el adiós. Cada paso hacia adelante es un continuo regreso al origen; es una lenta e inexorable despedida donde se pierde el envoltorio y se suelta definitivamente esa inconsistencia que sirve para añorar las dimensiones y los hechos. Cunumí y Deolindo decrecen… Ráfagas malditas deshacen sus ropas. La paz se asienta cuando los dos, luego de raptar sobre un colchón de hojas, alcanzan la condición fetal. Los recibe el enorme placenta del mundo.
En el rostro del duende se esboza una sonrisa, reflejo de extraña beatitud tanta, que parece acusar el orgasmo.
En la puerta del rancho, la madre de Cunumí aparece gris, demudada. Presiente algo aterrador. Grita; en un llamado que arranca de su misma carne. Se aferra al hijo perdido con un largo reclamo que pretende hacerse sólido para poder rescatar lo que ama.
Desde el monte, en ramalazos posesivos, le responde la voluntad del impiedoso.
Y la mujer, los ojos de espanto, alcanza a intuir que en su vientre un nuevo ser comienza a golpear, como si eso tuviera urgencia por salir al sol…

Maidana, Efraín 
En: Cuentista correntinos, vol. Corrientes
Fondo Editorial S.A.D.E., Corrientes, 1981

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Nueva Escuela 17: Lengua ¿Qué es un texto?

¿QUÉ ES UN TEXTO? 
La pregunta suena a perogrullo. ¿Quién no sabe qué es un texto? Vivimos rodeados de textos ya que no existe la posibilidad de pensar la comunicación sin que ésta se concrete en textos. 
Pero no es tan sencilla la definición de TEXTO como parece a simple vista. Como puntualizan Lozano y otros en Análisis del discurso. Hacia una semiótica de la interacción textual (1982) “Una primera aproximación al concepto texto no es proporcionada en un sentido amplísimo por Lotman y la llamada Escuela de Tartu (y la semiótica soviética en general, herederos de M. Bajtin), quienes lo consideran como ¨conjunto sígnico coherente¨. De un modo todavía más abierto suelen referirse al texto como ¨cualquier comunicación registrada en un determinado sistema sígnico.¨ 
Desde este laxo punto de vista hablan de un ballet, de un espectáculo teatral, de una conversación, de un cuadro o de una obra literaria como textos.” 
Pero la tendencia de otras teorías lingüísticas es considerar al TEXTO como producto restringido al campo verbal. Dos posiciones extremas son, por un lado, los teóricos que consideran al texto solo a la producción escrita y fundamentalmente literaria y, por el otro, las corrientes que extienden su consideración al carácter comunicativo (que significa ver el texto como producto de una actividad verbal de carácter social, lo que implica destacar en él la intención del hablante y la situación comunicativa en la que se produjo) y a su carácter estructurado, (que significa la existencia de reglas propias del nivel textual que rigen tanto la producción oral como la escrita) 
La mayoría de las corrientes acuerdan en que el texto es una unidad lingüística comunicativa que concreta una actividad verbal con carácter social en que la intención del hablante produce un cierre semántico-comunicativo, de modo que el texto es autónomo
Como el texto es un producto de comunicación social, el hablante respeta las reglas textuales así como las del sistema de la lengua para la producción de oraciones que componen el texto. 
Si esto no ocurre, la calidad de la comunicación se ve empobrecida. 

Texto/Discurso/Enunciado 
¿Qué diferencias hay entre texto, discurso y enunciado? 
Algunas escuelas lingüísticas utilizan el término discurso -como la francesa y la anglosajona- con un valor bastante aproximado al de texto que acabamos de describir. 
Sus características: “unidad igual o superior a la oración, con un principio y un final, que constituye un mensaje” lo acercan lo suficiente como para considerarlos sinónimos. 
Para Van Dijk, T. (1977), “texto es un concepto abstracto que se manifiesta o realiza en discursos concretos”: si bien es útil esta distinción terminológica ya que caracteriza dos niveles de abstracción sin embargo, no se ha extendido. Lo mismo ha sucedido con el término “enunciado” que caracteriza “todo producto del habla, con sentido unitario”. Son tan próximas las definiciones que los teóricos suelen usar estas expresiones indistintamente. 

El texto como objeto de descripción 
Ya habíamos mencionado que Van Dijk, Teun (1978) en La ciencia del texto considera el texto como un constructo teórico -es decir que el concepto texto es una abstracción que se concreta a través de distintos discursos que el emisor elige según su objetivo comunicativo- que debe ser abordado interdisciplinariamente: desde la lingüística, piscolingüística, la teoría de la comunicación, etc. Entonces, podemos decir que el texto se caracteriza por ser un formato no plano, por presentar DIMENSIONES y NIVELES. Las DIMENSIONES son aquellos aspectos visibles por ser de superficie y están conformadas por el plano notacional, morfológico, sintáctico, semántico y pragmático, los NIVELES están conformados por los planos superestructural, macroestructural, microestructural, estilístico y retórico que permanecen ocultos, ya que son verdaderos esquemas conceptuales, hasta que los lectores los proyectan en una representación mental del texto en un proceso de comprensión. 
La figura de un cubo permite captar la idea de que los textos son producidos y comprendidos a través de DIMENSIONES interconectadas entre sí y NIVELES relacionados con las dimensiones (Marro, M. y Dellamea, A. Producción de textos, 1993)


Caracterizaremos brevemente las DIMENSIONES y los NIVELES ya que se volverá a varios de ellos a lo largo de la exposición. 
1. Dimensión notacional: toma en cuenta las distintas características de la oralidad y la escritura, cada una de ellas con exigencias propias. La escritura tiene normas más estrictas que la oralidad, muchas de ellas debido a la ausencia del interlocutor. Deben cumplirse las normas ortográficas, de puntuación y de diagramación que la elección del tipo de texto exige. Cuando se lesionan las normas notacionales, se dificulta notoriamente la construcción del significado. Estas consideraciones deben ser tenidas en cuenta por el docente ya que el trabajo escolar es el que debe proveer estas habilidades al alumno para un desempeño adecuado ante cualquier demanda de la vida. 
2. Dimensión morfológica: normalmente, el hablante tiene internalizado los mecanismos de formación de palabras. Aun así, las tareas de revisión de los enunciados son importantes ya permiten poner en común dificultades o errores en el uso de los distintos accidentes: género, número, tiempo y modo verbal, caso (del pron. personal) 
3. Dimensión sintáctica: las reglas sintácticas nos permiten reconocer qué oraciones pueden considerarse bien construidas. 
Hay reglas de orden que no pueden ser vulneradas (por ej.: articulo-sustantivo) y otras son más flexibles; lo que permite que el emisor maneje el orden sintáctico de acuerdo con su intención comunicativa. 
Así se explican las rupturas al llamado orden canónico (sujeto-verbo-objeto directo-objeto indirecto-circunstanciales), puesto que el emisor puede colocar al inicio de la oración otro elemento que no sea el sujeto, topicalizándolo, es decir, ubicando como tema para el que se realizará un comentario. 
Esta ubicación a la izquierda de elementos que habitualmente ocupa lugares hacia la derecha puede ser ocupada, por ejemplo, por el verbo: Vino Julián y se llevó el libro; o por el OD: Alfajores santafecinos trajo de su viaje. 
4. Dimensión semántica: toma en cuenta no solo el significado general o convencional de las palabras (o grupo) sino también las relaciones entre esos significados y la realidad, es decir, las relaciones referenciales. 
5. Dimensión pragmática: permite estudiar las relaciones entre el texto y los usuarios porque, al considerar el texto como actividad, éste realiza un acto que está íntimamente ligado con los conocimientos, creencias, opiniones y comportamientos sociales. 

Caracterizaremos ahora cada uno de los niveles de texto: 
a) Nivel superestructural: permite dar cuenta de los diferentes tipos de texto ya que son planes de asignación de formato global al texto. Así, el receptor reconoce si ha escuchado o leído una narración, una argumentación, etc. 
b) Nivel macroestrucutral: es una representación abstracta del significado global del texto. El receptor logra asignar un tema al texto y advertir así que este responde a una unidad temática que hace que el texto sea un todo significativo. Por ejemplo, podrá advertir que la idea central que organiza el texto es “la defensa del honor”, “el odio destructor” o “la defensa de los derechos humanos”, etc. Esta estructura permite distinguir un texto de un no texto. 
c) Nivel microestructural: denota la estructura “local” de un discurso, es decir, la estructura de las oraciones y las relaciones de conexión y de coherencia entre ellas. Esta coherencia local se establece mediante las relaciones lógicas que se genera entre las proposiciones, relaciones de causa efecto, de condición-consecuencia, de medio-meta, etc.; por las relaciones temporales que pueden estar marcadas por adverbios, conectores, verbos que indican la simultaneidad o no de los acontecimientos. También en este nivel local se encuentran las relaciones funcionales por medio de las cuales el emisor ejemplifica, amplía, limita, rectifica o refuerza la información u opinión brindada. 
d) Nivel estilístico: los distintos campos de la actividad humana determinar una elección particular de medios léxicos, gramaticales, fonéticos, gráficos; imponen un uso particular de las DIMENSIONES de los textos que se producen en cada ámbito social. Por eso, puede hablarse de distintos estilos: didácticos, científico, administrativo, judicial, periodístico, etc. 
e) Nivel retórico: estudia los usos persuasivos del lenguaje que, tienden a legitimar el estilo del texto. Este nivel se preocupa por analizar la eficacia que este discurso tiene con respecto a una audiencia. El escritor o el hablante deciden utilizar las estructuras retóricas cuando buscan incrementar en el receptor la aceptación de lo que dice, para que no duden de él, para que obedezcan lo que se ordena, etc. Son mecanismos de convencimiento de la audiencia y siempre son intencionales. 
Estas DIMENSIONES y NIVELES serán retomados al final del apartado 7 para organizar una guía de corrección de la producción escrita. 

Propiedades fundamentales del texto 
Las propiedades básicas del texto son dos: coherencia y cohesión
La coherencia implica que se perciba el texto como un todo; la cohesión supone que las oraciones están conectadas entre ellas por elementos concretos. 
Abordaremos ahora cada uno de estos aspectos. 
LA COHERENCIA: es una propiedad semántica de los discursos. Esto se logra porque las partes del texto están conectadas de modo que forman un todo significativo. 
Lo común es que un texto esté formado por más de una oración, de modo tal que el hablante ha debido generar relaciones interoracionales para que todas ellas respondan a un tema unitario y así pueda conformarse la macroestructura textual. 

Reconociendo la coherencia de un texto 
Cuando no hay coherencia, se dice que hay un no-texto. Para reconocerlo, se aplican al texto las macrorreglas operacionales: la omisión, que consiste en eliminar información que no resulta relevante para el resto del texto; la generalización, que implica reemplazar una secuencia completa de proposiciones por otras que las contiene (por ej.: “Le agradan el tenis, el paddle, la natación” por “Le agradan los deportes”) y la construcción, que consiste en reemplazar una secuencia de preposiciones por una proposición que refiere el hecho como un todo (por ej.: “Limpié la cocina, el baño el dormitorio, el patio” por “Aseé la casa”), se obtiene la preposición macroestructural que da cuenta del significado global del texto, es decir, es su resumen. La experiencia comunicativa nos permite advertir que cuando esto no puede llevarse a cabo estamos en presencia de un no texto
Veamos un ejemplo: Bajo el titulo “Miro a través del vidrio mojado” escribe Claudia de 6° grado. 

TEXTO 1 
Yo soy una niña muy obediente hago lo que mi madre me dice. Yo siempre cuando llueve, miro a través del vidrio mojado, miro hacia el patio de mi casa como todos los vidrios de las casas se mojan. 
Y de pronto mi mamá me llama y me dice ya es tarde. 
(El texto ha sido respetado) 

Como podemos observar, la niña no ha podido conformar un texto: la primera oración expone una característica de su personalidad en la relación madre-hija. La última oración vuelve a retomar los mismos actores pero no existe relación con lo enunciado anteriormente. La madre simplemente anuncia que “ya es tarde”. Sólo la segunda oración responde temáticamente al título y la pequeña la ha insertado sin coherencia con apertura y el cierre, pero sí con el título. Se la intenta cohesionar con la primera y la última por el ambiente: la casa, la ventana pero es evidente que la niña, al querer presentar el marco de “mirar a través de la ventana” desplazo en forma incoherente el centro de atención hacia una característica de comportamiento que nada tiene que ver, ni siquiera con la oración de cierre. Esta lección a la microestructura repercute en la macro. 
Pasemos a otra producción escolar. 

TEXTO 2 
Calle de otoño 
En la calle de otoño hay muchas hojitas secas, que con el viento van arrastrándose por el suelo frío y aislado de la calle. 
Los niños juegan a la ronda, y patean las hojitas como si fueran pelotitas de goma. 
A la mañana los chicos van a la escuela y se abrigan con guantes, campera y bufanda, los árboles están pelados sin una hojita en sus ramas, y todo está silencioso en la calle de otoño. 

Vemos que este texto es mucho más coherente que el n°1. Como texto descriptivo desarrolla el tema propuesto por el título desde planos más generales “en las calles hay muchas hojitas” hasta más particulares “niños que juegan y patean las hojitas”. Una de las oraciones se integra con el campo semántico “baja temperatura” por lo que no lesiona la macroestructura que organiza el texto como unidad (“A la mañana los chicos…”) 
Así observamos que la coherencia temática y la progresión (desarrollo del tema) son condiciones indispensables para la conformación textual. 

Más elementos para reconocer la coherencia 
Otro factor decisivo para la coherencia textual lo brinda la forma de distribución del contenido textual. Las culturas ya han instaurado modelos de tipos de texto y de formatos que facilitan la recepción y comprensión del mensaje ya que indican cómo deben ser leídos los textos (por ejemplo: una carta, un afiche publicitario, etc.). Esto conforma la superestructura textual. Si bien no se ha llegado aún a conformar una tipología textual, la experiencia comunicativa nos permite saber si el texto es narrativo, informativo, procedural o instructivo, (por ejemplo, una receta de cocina), etc. 
Por eso, si el texto no responde a esa anticipación, tal vez no podamos comprenderlo o debamos rectificar nuestra hipótesis a medida que este progresa. Dejamos de lado aquí los textos que buscan esta ruptura como recurso estético. 
Nos dificultaría la lectura, por ejemplo, que un texto publicitario se presentara así: 

TEXTO 3 
Dos deportes 
En una avenida céntrica se enseña paddle y tenis. En la avenida XX al 5400, debajo del puente de J.B. Justo, ha abierto una escuela para la enseñanza del paddle y del tenis. Allí se puede concurrir para tomar clases individuales o grupales. En caso de que se tenga conocimiento de alguno de estos deportes se podrá entrenar con profesores especializados. 

En lugar de así:

Trabajar estos modelos convenidos socialmente para los distintos tipos de texto proveerá al alumno de una serie de instrumentos que hará más eficiente la comunicación. 
Por ejemplo, el lector del periódico ya está habilitado a que una noticia comience por un resumen a través del título y del primer párrafo que contienen los datos más importantes (qué pasó, quién lo hizo o a quién afecta, cuándo, cómo, dónde) y luego encontrar información más detallada, más específica. La noticia periodística tiene una superestructura canónica como se ve en el siguiente esquema:
Verifiquemos en la siguiente noticia si cumple en su totalidad o en parte el esquema estructural:

Tanto en el titulo “Desvalijan a un matrimonio…” como en el 1° párrafo ya están presentes los elementos fundamentales:
  • qué paso: Estafaron a un matrimonio 
  • quiénes: dos estafadores 
  • a quiénes afectaron: a un matrimonio 
  • en cuánto: en $18000 
  • dónde: en la ciudad de Ramírez 
  • cómo: mediante la interpretación de mensajes del “más allá” 
  • cuándo: la fecha no figura en la noticia pero se infiere por la fecha del periódico, 7 de agosto, que debe haber acontecido por esos días. 
Luego aparece el desarrollo cronológico: primero acude el matrimonio a estos manosantas en busca de curación, luego regresan ya que era notoria la mejoría, (el cobro pasa de $20 q $400) y por último caen en el ardid de los estafadores en $18000. 
Al llegar al último párrafo, el lector espera el cierre de la noticia con el reconocimiento de la estafa por parte del matrimonio y su denuncia pero no resulta así; el redactor indica que supuestamente la estafa pretendía ser mayor pero no sabemos, como lectores, qué destinó al fracaso este intento de los delincuentes ni cómo se decidió el matrimonio a realizar la denuncia. 
Todos estos datos deben ser inferidos por el lector. El esquema general ha sido cumplido pero existe una falla en el desarrollo de la nota. Por descuido del redactor o por razones de diagramación se cortó la noticia sin advertir el vacio que se producía en la información. 

Estos planes son organizados formales de producción y al mismo tiempo operan como planes de lectura de los textos. Cuando esta organización no se logra, se obliga al lector -si esto es posible- a responder un orden para poder comprender el texto. 
Veamos la siguiente nota de reclamo reproducida textualmente en la que solo se han ocultado los datos que permitirían reconocer a los actores. 

TEXTO 4 
General Lavalle, 28/11/1993 
Sr. Gerente de 
H. Yrigoyen 25 
Buenos Aires: 
De mi consideración: 
No quiero dejar pasar más tiempo del ya transcurrido, dado que hace dos meses efectué la compra debido a las indicaciones que la propaganda por televisión para más datos Canal… lo hice al pedido tal cual las indicaciones, pero hasta la fecha toda infructuosamente, por lo tanto insistí en dos oportunidades y me indicaron que venía en viaje, y yo en tono de sorna de manifesté si lo mandaban a pié… y el tiempo transcurrido me están dando la impresión. 
Esta tan bien hecha la propaganda que tanto yo como mi señora no quisimos quedarnos afuera de esta compra de la “Frigidiet” y pensamos que sería una comodidad y saludable para hacer los comestibles en el hogar, por lo tanto elegimos pagar por el contra reembolso por correo. 
(…) 

Observamos que para tomar conocimiento del objeto del reclamo tenemos que llegar al tercer párrafo. Los dos párrafos anteriores hacen hincapié en el tiempo transcurrido, explican las razones del pedido y de anteriores reclamos. El hecho de desconocer que la organización esperable es que en el primer párrafo aparezca claramente el motivo del reclamo -la compra de una “Frigidiet”- complica el plan de lectura y obliga a un esfuerzo al receptor. El emisor se ha dejado ganar por un impulso emotivo: su obediencia a las órdenes impartidas para la compra para que no produjeron el efecto deseado, la falta de respuesta a sus reclamos que provocan su relación sarcástica, su “caída en la trampa” del aviso publicitario, la búsqueda de comodidad y salubridad para su hogar, fueron prioritarias en la organización del texto. 
El receptor podía no estar interesado en estos aspectos, incluso pudieron provocar que no hiciera el esfuerzo para encontrar el tema del reclamo, lo que redundaría en un daño para quien reclama. 
Estas dificultades se observan a diario, hasta solicitar a los alumnos que compongan cualquier solicitud o nota de cualquier tenor para que se observen estas características.

Algo más que oraciones 
Otra de las propiedades fundamentales de un texto es 
LA COHESIÓN: para que un texto sea cohesivo es necesario que el emisor haya vinculado entre sí las oraciones mediante los elementos que marcan las relaciones semánticas. La cohesión permite apreciar en conjunto las oraciones, por eso, se dice que es una relación interoracional que permite que las oraciones se organicen en textos. De este modo, un texto no es la suma de las oraciones que lo componen, aun cuando éstas constituyen sus elementos básicos, sino que es el producto de relaciones transfrásticas (entre oraciones) que se instauran en él. 
Son numerosos los procedimientos que se usan normalmente para asegurar la cohesión. Los más generalizados son la referencia, la elipsis, los conectores, la reiteración léxica y la repetición total o parcial de construcciones. Como son elementos importantes para reconocer o producir la cohesión del texto -y sobre todo para poder trabajarlos con los alumnos-, nos detendremos con algún detalle en cada uno de ellos. 

a) La referencia: es la relación que se establece entre las expresiones contenidas en el texto con el mundo exterior. Esta relación produce una referencia hacia afuera del texto, hacia el contexto de enunciación (referencia exofórica). 
El sistema lingüístico cuenta con recursos especiales para la referencia: los pronombres personales que señalan a los actores del acto comunicativo -yo, vos, usted, (tú), nosotros, ustedes, (vosotros)- o a las personas contenidas en el mensaje -él, ella, ellas, ellos-, las formas clíticas de estos pronombres: me, te, nos, lo, la, le, etc.; los pronombres posesivos y demostrativos ligados a los pronombres personales; los adverbios pronominales ligados también a los actores comunicativos: aquí, allá, arriba, abajo, hoy, mañana, etc. 
Esta referencia exofórica se realiza a través de la deixis que indica cómo los elementos de ese contexto -el emisor, el receptor, el espacio, el tiempo, el ámbito, el objetivo comunicativo- aparecen en el texto, siempre desde la perspectiva del emisor. 
Cuando la comunicación se produce en presencia de los actores comunicativos, es decir, que se comparte el ámbito de la enunciación, este señalamiento cohesivo suele acentuarse por ostensión, por señalamiento gestual o de la mirada, por ejemplo: “Mírame este ojo a ver si tengo una basurita” implica que el emisor o señala o se acerca para mostrar el ojo en que siente la molestia. 
Esta experiencia comunicativa permite reconocer estos señalamientos en un texto escrito en el que hay que recuperar todos estos elementos que están ausentes ya que no se comparte la situación de comunicación. Muchas veces, la falta de conocimiento de mundo hace que la recuperación de este tipo de referencia sea muy pobre, lo que deteriora y aun impide la comprensión del texto. Esto se advierte en la tara escolar cuando el alumno se ve enfrentado con textos en los que el mundo referencial es tan lejano, extraño o desconocido que el estudiante poco o nada puede retener de él, simplemente porque no logra instaurar en plenitud todos estos elementos de referencia. 
Un caso típico de esta dificultad de otorgar sentido a un texto por desconocimiento de la situación comunicativa no compartida la ofrecen los chistes políticos en los cuales podemos comprender el significado de las palabras pero no el sentido del texto. Véase un ejemplo:



Si no contásemos con el pie explicativo, que sigue, el texto carecería de sentido. 

Dos aspectos de las elecciones municipales realizadas en enero de 1932: la profusión de candidatos frente a la escasez, de electores y la bancarrota del socialismo independiente. 
NOTICIAS GRÁFICAS (en la sección fija “Noticias de la semana”), 17 de enero de 1932. Dibujo de Linaje. 





En los textos escritos desempeña un papel decisivo el otro tipo de relación referencial que establece conexiones en el interior del texto (referencia endofórica). Los elementos de referencia más utilizados para estableces esta relación son los pronombres personales y sus formas clíticas, los pronombres relativos, el artículo definido. En términos generales estos elementos son correferenciales, es decir, que se ligan con un elemento que los antecede (referencia anafórica) o que los postcede (referencia catafórica): Miro el patio que está mojado
Eso no te lo perdono: que me hayas ocultado tu preocupación. 
En este ámbito de las referencias internas al texto es donde se advierte la necesidad de trabajar reflexivamente con los alumnos los casos más generalizados de uso erróneo. Se ha hecho muy extendido hoy, aun entre gente de no escasa cultura, el uso de relacionante donde con antecedente que no expresa lugar: Las palabras donde más se notó su furia las dijo casi gritando
Quien/es también suele ser mal utilizado: Los animales a quienes más se persigue son los de alto valor comercial
Es vacilante la correferencia del pronombre le/les: Le disparó a los ladrones

Solo se hace en estas líneas un advertencia muy general ya que se dedicará un módulo especialmente para trabajar a partir de este error. 

b) La elipsis: constituye un blanco que el receptor o el lector deben llenar con un elemento que ya ha sido mencionado en el texto. Ese elemento puede abarcar desde una palabra hasta una oración completa. Este recurso evita las repeticiones innecesarias que harían tedioso un texto. 

-¿Tenés ganas de ir al cine? 
-Tal vez (tenga ganas de ir al cine

Julio trajo las bebidas y yo (traje) las galletitas. 

c) Conectores: expresan las relaciones semánticas entre las oraciones. Es una de las estrategias de cohesión más ricas que posee la lengua y tal vez una de las más descuidadas para su apropiación. 
Los conectores expresan relaciones lógico-temporales, lógico-causales, de condición, de concesión, de finalidad, de restricción, de ubicación, de orden, de progresión, etc. 

Principales conectores 
Figura a continuación un listado no exhaustivo de conectores que establecen las siguientes relaciones. 
Causa-efecto: porque, ya que, puesto que, debido a que, a raíz de que, por eso, por ello, de ahí que, por esta causa, por lo dicho, por esta razón/causa, etc. 
Finalidad: para, con el propósito de, con la finalidad de, con el objetivo de, a fin de, en procura de, a efectos de, etc. 
Ampliación: añadamos a esto, además, y/e, o (con valor de copulativo) de la misma manera, paralelamente, conjuntamente, etc. 
Tiempo: antes, anteriormente, días atrás, la víspera (marcan anterioridad); después, posteriormente, a continuación, luego, más tarde (marcan la posterioridad); ahora, ya, en este mismo momento, actualmente, mientras, cuando, simultáneamente, en tanto (marca simultaneidad) 
Espacio: aquí, allá, ahí, al lado, cerca, lejos, arriba, al costado, en este lugar, donde, debajo, dentro, encima, etc. 
Condición: si, siempre y cuando, en caso de que, siempre que, con la condición de que, toda vez que, etc. 
Concesión: pero, si bien, aun cuando, aunque, pese a que, a pesar de que, sin embargo, empero, etc. 
Manera o modo: así, de la manera como, del modo como, a diferencia de, conforme a, según, tal como, etc. 
Contraste: a diferencia de, en oposición a, no obstante, sin embargo, al contrario, en cambio, contrariamente, etc. 
Ejemplificación: así, de esta manera, de este modo, por ejemplo, en otras palabras, para ejemplificar, es decir, o sea, esto es, lo que quiere decir, con otras palabras, etc. 
Orden: en primer/segundo/…/lugar, previamente, luego, a posteriori, a continuación, más adelante, anteriormente, etc. 
Conclusión: finalmente, para terminar, por último, para concluir, en definitiva, sintetizando, etc. 
Énfasis: destaquemos que, lo que es más importante, resaltemos que, subrayemos, incluso, aun, etc. 

Es común encontrar en un trabajo de aula el siguiente enunciado: “La zona ganadera más rica del país es la de la pampa húmeda. Allí crecen pasturas naturales en abundancia. Los animales encuentran con bastante facilidad de alimento”. 
El alumno no ha podido expresar léxicamente la relación de causalidad que uno la primera oración con la segunda …pampa húmeda porque allí… ni la consecuencia entre la segunda con la tercera …en abundancia de modo tal que los animales… 
Es muy común que en la narración el estudiante olvide señalar las instancias temporales y sólo quede librado al esfuerzo del lector, por su conocimiento del mundo, que las acciones han sido sucesivas. 
El siguiente texto, que se ofrece parcializado pero respetando en su redacción, es un ejemplo de la dificultad para establecer mediante conectores los momentos temporales correspondientes. 

TEXTO 5 
Mi cumpleaños de diez años 
(…) A la mañana temprano sonó el despertador, yo salté como un resorte, mi mamá me dio un beso diciéndome felicidades, fui hacia el baño me higienicé y me vestí. 
Bajé hasta la puerta de calle a esperar el micro, llegó temprano. 
Una compañera me saludó porque no podía asistir a la fiesta. 
El micro terminó el recorrido y llegamos al colegio. Voy al aula y las chicas me cantaron el feliz cumpleaños. La maestra me saludó y comenzó la clase. Tocó la campana del recreo y las chicas me hicieron la malteada. Llegó la hora de irnos. Eran las doce. 

Si bien es su uso cotidiano la niña no desconoce cómo se marca el paso del tiempo: después, al rato, más tarde, luego, pasado un tiempo, a las dos horas, etc., no los incorpora en su relato en el que la sucesión de acciones marca el transcurso temporal. 

d) Reiteraciones léxicas: a veces en un texto se repite la misma palabra (o grupo de palabras) o se realiza una reiteración conceptual mediante sinónimos, cuasi-sinónimos, hiperónimos, hipónimos, antónimos y procedimientos de colocación en un campo conceptual o semántico. 
Sinonimia: Compró una casa enorme; era el hogar soñado. 
Cuasi-sinonimia: El avión comprado por Aerolíneas Argentinas es un Jumbo 747. La aeronave cubrirá los vuelos a Nueva York. 
Antonimia: ¿Por qué vivir en la discordia si la comprensión es tan benéfica? 
Hiperonimia (es una relación de inclusor-iacluido: un constituyente es recuperado por otro que lo contiene por ser más general): Los claveles rojos son mis flores preferidas. 
Hiponimia (es la relación inversa a la anterior: el incluido reitera el concepto de su incluso, es más específico que éste): De los animales domésticos prefiero el gato. 
Colocación: Fuimos al tren fantasma pero no nos asustamos ni el toro feroz ni los cuerpos muertos ni los murciélagos ni las telas de araña ni la mujer degollada no los gritos. Es para chicos más chicos que se pueden impresionar. 

e) Repetición total o parcial de construcciones: En un texto generalmente se recurre a parafrasear, es decir, a sustituciones conceptuales que evitan la monotonía de repetir las mismas expresiones. Esta es una ejercitación que debe ser permanente en el aula de modo tal que el alumno cuente con un abanico de posibilidades para expresar los mismos conceptos. 

El siguiente texto es un ejemplo de dificultad para la expresión de una situación habitual: “Nos pusimos a jugar en los juegos hasta que llegó la animadora; comimos algo y fuimos al gimnasio y jugamos carreras, saltamos y jugamos. Volvimos a comer y cortamos la torta y corrimos otra vez y dejamos de jugar porque a los chicos los venían a buscar.” 

No es necesario recurrir a un léxico poco habitual pero si que el trabajo del aula brinde al alumno la oportunidad de practicar estos recursos. 


BIBLIOGRAFÍA BÁSICA 
Ø BERNARDEZ, E.: Introducción a la lingüística del texto, Espasa-Calpe. Madrid, 1982. 
Ø LOZANO, J., PEÑA MARIN, C., ABRIL, G.: Análisis del discurso. Hacia una semiótica de la interacción textual, Cátedra, Madrid, 1982. 
Ø MARRO, M., DELLAMEA, A.: Producción de textos. Estrategias del escritor y recursos del idioma, Docencia, Buenos Aires, 1993. 
Ø VAN DIJK, T.: La ciencia del texto, Paidós Comunicación, Bs. As., 1973.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Nueva Escuela 17: Lengua La enseñanza

El problema de la enseñanza de la lengua no es nuevo. Sin embargo, sigue preocupando a los docentes, que ven, desconcertados e incómodos, que los alumnos no adquieren las habilidades, destrezas, competencias lingüísticas que ellos esperaban que consiguieran. 
Ante una situación como ésta reiterada y generalizada, se vuelve indispensable formularse ciertas preguntas. 
¿En qué medida la escuela prepara a quienes pasan por ella para que puedan tener un desempeño lingüístico eficiente en las distintas situaciones en que les toque actuar? ¿En qué medida desarrolla competencias que les permiten construir, como emisores, enunciados orales o escritos apropiados y lograr con ellos los efectos pretendidos? 
La escuela estuvo generalmente lejos de plantearse estas preguntas, pero en la actualidad, los avances registrados en los estudios lingüísticos y en las concepciones de aprendizaje permiten tener una visión distinta de la cuestión. 
Así, se pasó de considerar la lengua como un objeto teórico de reflexión a considerarla un producto de una actividad, una realización, un uso concreto. Indudablemente, sustituir una concepción en la que la lengua es un sistema de signos y de relaciones que hay que describir, por otra en la que la lengua es un uso que tiene lugar entre hablantes concretos y en situaciones comunicativas concretas, supone un cambio notable. 
Este enfoque comunicativo, llevado a la enseñanza de la lengua, va a generar transformaciones sobre las que nos parece interesante reflexionar. Esto es lo que vamos a intentar hacer en este cuadernillo, en el que se abordarán, siete temáticas fundamentales: 
  1. Conceptos básicos para abordar la enseñanza de la lengua desde un enfoque comunicativo. 
  2. ¿Qué es un texto? 
  3. Tipologías de texto. 
  4. El concepto de lectura. La lectura como proceso. 
  5. El texto expositivo. 
  6. El concepto de escritura. La escritura como proceso. 
  7. El trabajo a partir del error. 

CONCEPTOS BÁSICOS PARA ABORDAR LA ENSEÑANZA DE LA LENGUA DESDE UN ENFOQUE COMUNICATIVO. 
Para que se comprenda la profundidad del cambio que se propone, nos parece necesario recortar y definir algunos conceptos que surgen de las actuales teorías lingüísticas. 

Actos de habla 
Empecemos por una aproximación al concepto de comunicación, a partir de reflexionar acerca de lo que se entiende por acto de habla
Todo hablante realiza sus emisiones o enunciados en contextos de comunicación e interacción social: esos enunciados tienen tales contextos objetivos específicos (dar información, preguntar, pedir algo, prometer algo, amenazar a alguien o dar un consejo). Se usan, pues, para realizar acciones y se llaman actos de habla
La producción de un enunciado cualquiera supone tres actos simultáneos, que son: 
1. Un acto en el que el hablante articula y relaciona sonidos, emite palabras y combina las nociones representadas por esas palabras según las reglas sintácticas que conoce. Realiza, pues un acto de emisión lingüística (acto locutorio). 
2. Un acto en el que el hablante, seleccionado del repertorio que el sistema de la lengua le ofrece las posibilidades que más se adecuan a su intención, produce su enunciado y cumple un determinado acto: da una orden, pregunta, aconseja (acto elocutorio). Evidentemente, cuando el hablante hace esto persigue un determinado efecto, pero el que lo desee no asegura que lo obtenga. 
3. Un acto que consiste en el efecto que el acto elocutorio del hablante tiene sobre el receptor (acto perlocutorio). Hay que decir que puede tener un efecto contrario al que el hablante quiso lograr. 
El acto de habla queda completado, por lo tanto, en el momento que el receptor entiende qué es lo que el hablante quiso decir. Pero puede pasar también que haya una distancia muy grande entre lo que la emisión significa, lo que el hablante quiere significar y lo que el receptor entiende. 

Actos de habla indirectos 
En La ciencia del texto, Van Dijk dice: “Los actos de habla indirectos son expresiones que a la primera interpretación aparecen como una acción A, pero a la segunda como una acción A” (…) “En general solemos expresar las peticiones corteses de una manera indirecta: ¿Puede alcanzarme la revista? ¿Podría ayudarme un momento? ¿Le importaría correrse un poco? En ninguno de estos casos el hablante quiere saber si el oyente puede, quiere o tiene algún inconveniente en hacer algo. El hablante pretende que el oyente haga algo…” 
Estamos, pues, ante casos en que un hablante dice algo (por ejemplo, pregunta) pero en realidad quiere que se entienda otra cosa (por ejemplo, un pedido). Y en general el receptor entiende lo que el hablante quiere decir. La compresión de parte del receptor se da porque, gracias a sus conocimientos lingüísticos y no lingüísticos, pueden inferir en el enunciado del emisor lo no dicho: el pedido que esconde la pregunta. 

Macro actos del habla 
Ciertas secuencias de varios actos de habla –por ejemplo ciertas conversaciones- funcionan como un solo acto de habla. 
- ¿Hola? 
- Hola, Luis ¿qué tal? 
- Bien, Javier. ¿Y vos? 
- Regular. ¿A que no sabés qué me pasó de nuevo? 
- Se te quedó el coche otra vez… 
- ¿Cómo adivinaste? 
- Y me llamás para que te vaya a remolcar… 
- Sí. Por favor. 
- ¿En qué calle estás? 
- En Corrientes y Montevideo.
- Bueno salgo en diez minutos. Chau. Chau. 

Esa conversación consta de varios actos de habla: saludos, preguntas, aserciones, pero en realidad, puede interpretarse como un único acto de habla: un pedido. A este acto de habla, realizado a través de una secuencia de actos de habla, se lo llama acto global o macro-acto de habla
Habría que agregar que en este caso, el macro-acto es indirecto, ya que en ningún momento el hablante explicita su intención. Sin embargo, el receptor entiende sus enunciados como pedido; y entiende bien. 

Situación de enunciación 
Todo enunciado se da en un marco enunciativo, que tiene los siguientes elementos constitutivos. 
· Los protagonistas: el emisor o locutor, o sea el que enuncia, y el receptor o alocutorio, aquel a quien se dirige el enunciado. 
· La situación comunicativa o de enunciación
  • El entorno físico y social en el que se realiza el acto. 
  • Las condiciones generales de la producción/recepción de mensajes (la naturaleza del canal, el tema del texto producido, el tipo de texto producido) 
La enunciación es siempre una puesta en funcionamiento de la lengua en un acto individual de utilización. Antes de la enunciación, la lengua no es más que la posibilidad de la lengua. En la enunciación, la lengua se transforma en una instancia de discurso, que emana de un locutor y que espera un receptor. 
El locutor se apropia del aparato formal de la lengua y enuncia su posición de locutor, pero en cuanto se declara locutor y asume la lengua, implementa a otro delante de él: el alocutorio. 


Competencias 

¿Qué competencias son necesarias para producir enunciados adecuados o para comprenderlos? 
La nación de competencia designa los conocimientos y aptitudes (no solo lingüísticos) que necesita un individuo para comunicarse en contextos diversos. 
Para ser un emisor competente no sólo es necesario manejar las reglas que determinan la buena formación de oraciones de una lengua (gramática). “El dominio práctico de la gramática no es nada sin el dominio de las condiciones de utilización adecuada de las posibilidades infinitas ofrecidas por la gramática.” (Bourdieu) 
No es lo mismo ubicarse, aun dentro de una misma situación comunicativa, como padre o como hijo, como médico o como paciente, como adulto o como niño. Un hablante competente lo sabe. 
Sabe también que es indispensable categorizar las situaciones en las que le toca actuar según su nivel de formalidad. No usa, por ejemplo, un nivel de lengua coloquial en una situación que tiene un alto grado de formalidad. 
Un emisor competente tiene conocimientos sobre el tema del que había y es capaz de usar enunciados apropiados a él. No es lo mismo hablar de fútbol en un bar que hablar de SIDA en un congreso médico. No solo son diferentes los contextos en esas situaciones; también son distintos temas. 
Avanzar en estos temas nos permite tomar conciencia de los hechos comunicativos. Nos enfrenta a la inmensa diferencia que hay entre la descripción de la lengua como sistema y la reflexión sobre su uso en situaciones concretas. 


Reformulación del circuito de la comunicación 

El conocido esquema de la comunicación de Roman Jakobson, que apareció representar durante mucho tiempo lo que pasaba cada vez que un emisor emitía un mensaje y un destinatario lo decodificaba, es hoy revisado, fundamentalmente, debido a que no da cuenta de la complejidad de los fenómenos de comunicación y simplifica un proceso que, en la realidad, no es simple. 
Catherine Kerbrat-Orecchioni, con la intención de recuperar y reproducir la complejidad del hecho comunicativo, reformula de la siguiente manera el esquema de Jakobson.


Este esquema reformulado -aunque arbitrario y estático como cualquier esquema- avanza en relación con anterior en la diversificación de los tipos de competencias que muestra que se juegan en todo acto de producción o de recepción de enunciados. Permite prever, de este modo, que en un acto de comunicación no siempre es simétrica la relación entre el modelo de producción y el de recepción. La discriminación de competencias es útil, justamente, para determinar tipos de fallas de comprensión o de producción. 

TIPOS DE COMPETENCIAS
  • Competencias lingüísticas y paralingüísiticas: reúnen los conocimientos que los sujetos poseen de lengua. Permiten al emisor o al receptor producir o comprender enunciados gramaticalmente aceptables, a partir de lo que ya sabe sobre las reglas gramaticales en general. Lo paralingüístico remite a la mínima o a los gestos que acompañan los enunciados verbales en la comunicación oral.
  • Competencias comunicativa o pragmática: es la que usa el emisor al elegir, entre las variedades lingüísticas que conoce, la adecuada a la situación comunicativa en que tiene que producir sus enunciados.
  • Competencia ideológica y cultural: se incluyen aquí los conocimientos de cada individuo sobre el mundo (competencias culturales) y los sistemas de valores con los que se ubica frente a él (competencias ideológicas), generalmente compartidos por su grupo social.
  • Determinaciones psicológicas: o sea los estados afectivos o emocionales del individuo, que marcan tanto la producción como la recepción.
  • Restricciones del universo del discurso: esta competencia tiene que ver con el conocimiento que el sujeto tiene de las características de los textos o de las variedades discusivas que circulan socialmente. Las convenciones más o menos rígidas de estos tipos de textos funcionan, en el receptor, como factor de reconocimiento y, en el emisor, a veces, como límite.


Revisión del esquema de Jakobson

El esquema de Jakobson muestra, por ejemplo, que hay comunicación cada vez que hay un código compartido por emisor y receptor. Esto supone pensar el código como un sistema homogéneo y no concuerda con lo que pasa realmente en la comunicación, en la que el emisor no utiliza ese código único sino que elige, entre los varios subcódigos que la lengua ofrece, el adecuado al receptor que tiene o a la situación comunicativa en que está involucrado. Elige bien o no, y si lo hace mal puede que el receptor no lo entienda.
También es una simplificación pensar que, para construir su mensaje, el emisor solo necesita conocer un código que remite a determinados referentes. Son muchas otras las competencias que juegan en la producción de cualquier enunciado. También juegan en el receptor y por eso no puede descartarse (el esquema de Jakobson no da cuenta de esto) la posibilidad de que este no pueda decodificar el mensaje del emisor, o lo haga parcialmente o inadecuadamente por no tener sus mismas competencias.

COMPETENCIAS
¿Qué pasaría si se le diera a un lector (pensemos en un lector adulto) el siguiente titular y se le pidiera que, a partir de él, anticipara el contenido del texto que podría acompañarlo y luego lo escribiera?

Logran 
imágenes 
inéditas de 
la superficie 
de la tierra

Analizar cómo reacciona un individuo ante una propuesta como esta nos permitirá ver de qué manera se ponen en juego, en cualquier acto de lectura y escritura, las competencias de receptor o del emisor. En este caso el individuo a funcionar, justamente en el doble rol: como receptor, al leer el texto que se le ofrece (el titular) y como emisor al escribir el que se pide.
· Las competencias lingüísticas y las competencias discursivas se pondrán en juego inmediatamente y en forma simultánea. Las competencias lingüísticas le permitirán al lector leer los elementos verbales del enunciado y, seguramente, casi desde el primer contacto visual con el texto, reconocerá (por su competencia discursiva) que se trata de un titular de un diario. En ese reconocimiento intervendrán también las competencias paralingüísticas, ya que todo lector entrenado en la lectura periodística puede distinguir las tipografías diferentes de diferentes diarios.
Como la propuesta pide la escritura de un texto, el lector -convertido ahora en escritor- mostrará sus competencias discursivas también en el texto que produzca a partir del titular. Lo esperable es que escriba una crónica periodística y lo haga respetando las características del formato, específicamente su organización narrativa. Probablemente, agregará, debajo del titular y antes del cuerpo de la crónica, un copete. (Podría darse otra posibilidad: que mostrara una competencia discursiva deficiente y escribiera una nota de opinión en lugar de una crónica).
· En su trabajo de anticipación lectora, el lector-escritor hará jugar, al darle contenido a la crónica, sus competencias culturales. Se hará evidente su conocimiento de mundo en las referencias del texto a viajes, naves y centros espaciales (tal vez dé nombre a la nave y ubique geográficamente el centro espacial), órbitas, tripulantes, radares.
La confrontación del texto producido desde una anticipación lectora con el texto real, del que fue sacado el titular, muchas veces asombrará al que la produjo por el parecido logrado. Podríamos preguntarnos: ¿La producción de un texto que no tuviera nada que ver con viajes espaciales e imágenes captadas por radar estaría marcado un déficit en las competencias culturales del lector-escritor? En este caso, habrá que decir que sí. ¿A qué otro referente podría remitir el titular: “Logran imágenes inéditas de la superficie de la Tierra”?
· Finalmente, y para concluir el análisis de competencias, habría que ver si en el texto escrito se manifiestan determinaciones psicológicas del emisor. Es casi obvio pensar que difícilmente van a jugarse efectos de identificación o de rechazo en relación con un texto que habla de viajes espaciales. Sí se jugarían, seguramente si la crónica se refiera, por ejemplo, a una marcha a favor o en contra de la penalización del aborto.

BIBLIOGRAFÍA
Ø ARNOUX, E. y colaboradores: Elementos de seminología y análisis del discursos (fascículo 3), Ediciones Cursos Universitarios, Buenos Aires, 1986.
Ø BENVENISTE, E.: Problemas de lingüística general II, siglo XXI, Méjico, 1982.
Ø DUCROT, O.; TODOROV, T.: Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, Siglo XXI, Méjico, 1986.
Ø KERBRAT-ORECCHONI, C.: La enunciación, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1985.
Ø VAN DIJK, T.: La ciencia del texto, Paidós, Barcelona, 1989.

viernes, 24 de julio de 2020

Te cantaré para que duermas

Te cantaré para que duermas, amor,
para que descanses en paz.
Yo sé que escucharás mi canto,
en voz muy baja,
tan solo audible para vos.
Estás tan lejos y tan cerca.
No sé ni el nombre ni el lugar.
¿Será un oasis, una selva, una ciudad?
¿Por donde irás con las respuestas a las
preguntas que no te pude preguntar?
No sé por qué cuando te pienso
se me pone tan loca la ansiedad.
Es como si te aguardara todavía
y como si estuvieras por llegar.

Me parece que entrás; que tus pasos cruzan el corredor, que llegan al cuarto, se detienen junto a mi lado de la cama y, mientras yo me incorporo para recibirte, tus brazos me estrechan contra tu pecho, y los latidos de tu corazón hacen un dúo de ritmo acompasado con los latidos de mi corazón.
Pero abro los ojos y estoy sola.
Ni tu olor ha quedado en el aire que me pesa, que yo embarullo con el perfume de una rosa que se va abriendo entre las fotos, encima de la cómoda.
Fotos donde tu mano se posa en mi rodilla, sentados con el mar atrás y tu sonrisa avanza.
La de tu último cumpleaños con los amigos rodeándonos. y aquella de tus tres años: un nene con el tapadito cerrado con doble hilera de botones y un conejito blanco relleno de estopa, que se te perdió en una tarde de compras con tu mamá en Gath & Chaves.
Cuando te despedimos, amor, lloramos por el hombre que se iba sin regreso. Y lloramos (algunos sin saberlo), por el nenito con el conejo blanco y la carita asombrada de nuevo explorador de vida...
Ay! ¿Por qué, cuatro años antes de llegar al 2000?
Vas a perderte tantas cosas: los festejos del fin del siglo, del fin del segundo milenio, la pirotecnia del recibimiento del Tercer Milenio.
No lo viste a Alan disfrazado de pirata en su cuarto cumpleaños, ni París en septiembre ya casi totalmente programado, ni las pirámides de Egipto con sus ondas energéticas. Ni "Casablanca" por décima vez por un canal de cable. Ni a Vargas Llosa, que publicó Los cuadernos de Rigoberto y vino a la Argentina, ¡cómo te habría gustado leer esta continuación de aquel impresionante Elogio de la madrastra, que te maravilló!
Uso tus jeans azules. Mandé acortar las mangas de tu saco de tweed. Y el sastre me dijo que con tres toques me va a quedar tu traje gris.
Se secaron todas las plantas del balcón cerrado del living. Ni bien partiste. Todas, las chicas y las que estaban desde hace años.
Alguien me dijo que las plantas extrañan.
Te extrañaron, amor.
Todavía no fui a comprar otras, no tuve ganas, no quiero ir sola...
¿Y si a las nuevas las ahoga la tristeza que todavía flota por la casa como un fantasma transparente que da vueltas y vueltas, incansable bailarín de valsecito melancólico?
Me puse tu pulóver de rombos para la misa del Pilar.
Si, te llevo a misa, amor: seguimos yendo juntos, como antes.
Y le pregunto a Dios si El no hubiera podido...
Pero no sé si quiero escuchar su respuesta.
Le pido, le ruego que Él te cuide.
Que no te suelte la mano.
Que no apague la luz de la estrella secreta que mirábamos a veces, a las diez de la noche, y que ahora es nuestro punto de reunión.
Le suplico que te dé paz, que borre de mi recuerdo todas las cosas tristes y me deje intactos los flashes de ternura y de alegría, para que no me asalte la desesperación.
Aquí estoy, amor.
No te dejaré solo.
Nada es lo mismo ahora.
Quiero que sepas que, pase lo que pase, andarás en los caminos de mis pensamientos.
Y aunque mi vida cambie, aunque el rompecabezas se arme de otra manera, todas las noches te cantaré para que duermas...
Para que duermas con tu gesto entregado, con la expresión de niño abrazando el conejito blanco que el sueño te ponía en el rostro.
Si, te cantaré para que duermas, amor.
Poldy Bird