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viernes, 1 de abril de 2022

El boyero


-Buenos días, boyero. ¿Trabajando siempre?
-Salud, amigo carpintero… Trabajando, ya lo ves… Un hilo aquí, otro hilo allá… Cruzando estos otros… Cuesta hacer el nido, ¿verdad? Pero, ¿no importa! Hay que hacer abrigada la casa propia. Después vendrán los hijos, y no quisiera que llegara el invierno y me encontrara sin haberle dado fin. Perdóname, amigo carpintero; si continúo hablando no haré nada.
Y el boyerito renegrido iba y venía con cerdas en el pico, y sin decir palabra, continuaba su labor.


-Es raro -decían los pájaros-. No canta mientras trabaja.
-No ha tenido tiempo para aprender. Necesita del pico como de una aguja para entretejer su nido.
-¡Y qué bien lo hace!
-Es tan artista como un hornero.
-¡Lástima que no sepa cantar!
-Le enseñaremos. Cuando haya terminado su labor vendremos a explicarle el secreto del gorjeo y del trino.
-¿Y aprenderá?
-Claro, que aprenderá.
Y así fue. Cuando terminó su labor y se quedó a descansar próximo al nido, los pájaros se le acercaron.
-¿Te agradaría aprender a cantar?
-Ya lo creo. ¿Me enseñarán?
-Te enseñaremos. 
Primero fue el zorzal su maestro. Imitó a la perfección sus silbidos; y aprendió a gorjear como la calandría, y a trinar como el jilguero. Aprendió de todos los pájaros, y con todos suele tener largos contrapuntos de armonías.

domingo, 27 de marzo de 2022

La paloma mensajera


La mayoría de las aves posee el sentido de la orientación.
La paloma mensajera es, entre las colombinas, la que ha desarrollado este sentido con mayor amplitud. Para ella no existen las vallas, los obstáculos no las distancias.
El hombre, por esta misma razón y por los innumerables servicios que presta, la cuida y protege. En algunos países los gobiernos han dictado leyes protectoras y consideran criminal su destrucción.
Existen instituciones en todos los países del mundo encargadas de su protección. La utilidad que ha venido prestando está considerada como acto de heroísmo. Es ella la encargada de llevar mensajes a través del espacio.


En la guerra como en la paz, su función mensajera ha sido provechosa.
Se las conoce por su tamaño; poseen caracteres físicos especiales y son exclusivamente domésticas. Todas ellas llevan en sus patas anillos que las individualizan. Cuando se quiere enviar un mensaje por intermedio de estas palomas se les coloca en los anillos la esquela -por lo general cifrada- y se las deja en libertad. Ascienden, revolotean sobre el lugar de partida y cuando logran orientarse, toman el rumbo al lugar de su vivienda e inician velozmente el vuelo.
Suele ocurrir que, por cansancio o por circunstancias especiales, no llegan a destino y se detienen; pero no bien retoman fuerzas reanudan su marcha.
En nuestro país hay ya una conciencia colombófila. Paloma mensajera que se extravía es devuelta a sus dueños. Nadie se queda con ella. Aparecen de inmediato avisos en los diarios y periódicos anuncios que se tiene acerca de su misión en la vida de los pueblos. 

NOTA: Del libro Solidaridad.

sábado, 19 de marzo de 2022

El colibrí


El colibrí anduvo siempre entre las flores. Se acercaba a ellas, les daba un beso, les decía una palabra cariñosa, les recitaba un verso o les deba alguna buena noticia, y se alejaba en seguida para acercarse a otras.
En algunas oportunidades le pedían que llevara un mensaje a alguna compañera lejana y él cumplía a conciencia su misión.
Era servicial y sus amigas le correspondían con una pequeñísima gota melificada. Tan poquita cosa le conformaba siempre. Tampoco pedía más. ¿Para qué más? ¡Él, tan pequeñito, tan menudo!...
Llevaba todos los días el mismo traje, descolorido y ceniciento.
-¡Si le pudiéramos regalar uno! –suspiró una rosa contemplando un rayo de sol escondido en una cristalina gota de rocío.


-¿Por qué no? Cuando venga a visitarnos acariciemos con nuestros pétalos su ropita cenicienta y dejémosle un poco de nuestro color –propuso una campánula.
-Buena idea, ¿verdad?
-¡Buena idea!
Nadie se negó. Y cuando el picaflor se acercaba a una corola, las flores lo acariciaban; pero apenas llegaba a rozarlo el pequeño pájaro se alejaba con rapidez hacia otra flor. Por eso apenas le quedaba en su plumaje un reflejo del color de la rosa, de la dalia, del jazmín nacarado, de la santarrita, de la campánula…
Todos los colores se confundieron y fue como un hijo de la luz. Sin el canto que embellece a los otros pájaros, el picaflor servicial y cariñoso se embelleció con los siete colores de la luz en albricias de la primavera.

viernes, 4 de marzo de 2022

Aire libre














-Hay que salir al campo -ha dicho papá-. Los chicos necesitan respirar un poco de aire puro. Iremos con ellos el próximo domingo si el día se presenta bien, y nosotros aprovecharemos para gozar del paisaje y del descanso.
Como el domingo esperando amaneció delicioso, tomamos un coche y nos alejamos de la ciudad por el camino que lleva hacia el talar y que bordea el arroyo.
Cantábamos y reíamos. Teníamos más ánimo que de costumbre y un mayor deseo de correr y saltar.
¡Qué delicia era aquello!: el cielo limpio, el aire perfumado, el campo verde, la tierra trabajada, los pájaros en fiesta, el arroyo saltarín y gracioso… ¡Así daba gusto vivir!
-¡Esto es salud!
-Dices bien. Aquí se olvidan, por un tiempo, las preocupaciones, el sol vivifica los tejidos del cuerpo y el aire limpia la sangre de impurezas. “La salud, pequeños, es asunto importante para el que la posee como para los demás. La salud corporal es buena, pero la verdadera salud del alma es aquella por la que debemos suspirar, y la bendición más grande que la tierra recibe del cielo.”

martes, 22 de febrero de 2022

Hidrografía

Alguien ha dejado abierto el grifo y el agua escapa alegre y cantarina.
Cuando Ernesto se da cuenta de lo que ocurre no procura cerrarlo. Su pensamiento es otro. Llama a los demás chicos:
-Alcides: ¡la azada!... María Emilia, Rosa, María Ester: ¡guijarros!
-¡Qué piensas hacer?... ¡Cierra ese grifo!
-Ya lo veréis. No es nada malo… Tú, cava una zanja pequeña que llegue hasta la pileta de los patos… Y ustedes, ¿qué esperan? ¿No he pedido guijarros? Bueno, pues, ¡a traerlos!
¿A qué preguntar? Ernesto no es de aquellos que buscan hacer cosas malas. Todos se han puesto ya a sus órdenes. Y cada cual cumple con la tarea encomendada.


-¡Cuidado con mojarte!
-¡No, no me mojaré!
Cierra el grifo, amontona guijarros donde mismo caía el agua, luego los escalona y, por fin, los ordena. Después abre el grifo que había cerrado a pedido de Alcides. El agua vuelve a salir. Cae sobre las piedras salpicándolo todo. Se forman cascadas y arroyitos. Corre el hilo por la zanja hasta llegar a la pileta, y allí se arremansa.
-¡Esto es el Iguazú! -grita como el triunfo-. ¡Y ahora, María Emilia, aprende aquí tu lección de hidrografía!

jueves, 17 de febrero de 2022

Carta

He leído, Alcides, tus leyendas… ¡Qué bueno eres! ¡Cuánta ternura y delicadez hay en tu corazón! Si tú hubieras hecho el mundo, tengo la seguridad de que en los rosales jamás hubieras puesto una espina ni en nuestra lengua hubieras puesto una palabra que pudiera ofender.
Yo que leo y leo, y nunca me canso de leer, te digo:
-No he aprendido en los libros tanto como lo que he aprendido leyendo tu cuadernillo. ¿Acaso la bondad será sabiduría? ¿Con razón miras de una manera tan plácida! ¡Con razón encuentro en tu frente tanta claridad! Hablas de los árboles y de los pájaros como si te hubieras adentrado en sus vidas y en sus almas. ¡Cuánto cariño hay en ti! Siento orgullo de ser tu hermana y ser tu compañera. ¿Orgullo? Ya lo dije. Quizá no te agrade la palabra, pero es así. De no agradarte, cambia “orgullo” por “satisfacción”. Tal vez sea mejor.
¡Dichoso Joaquín que puede regalarte una estrella para que te ilumine siempre! Yo, ¿qué puedo ofrecerte? Un puñadito de lágrimas… ¡y nada más! Qué poquita cosa, ¿verdad? Pero son tuyas. Me las has hecho brotar mientras leía tu cuadernillo.
Nunca estuve tan cerca de tu corazón.

María Emilia.

sábado, 12 de febrero de 2022

Regalos













Hoy se festeja el cumpleaños de María Emilia.
Ernesto ya tiene su repisa terminada. Observándola bien se nota delicadeza en sus líneas, arte en el calado, limpieza en el lustre.
Ya está en el escritorio de la niña. Sobre la repisa, sin nadie lo note, María Emilia deja un libro de versos que ella misma ha compuesto y encuadernado. Poco después, Rosa penetra en punta de pie y, sobre el libro, coloca un ramillete de fresias olorosas.
María Ester, que ha estado desvelada toda la noche pensando en el regalo, entre en el escritorio y, como no ve a nadie, coloca frente al libro un Pinocho grotesco de madera en actitud de burla y haciendo pito catalán.
Poco más tarde llega Alcides. Trae un cuaderno donde ha transcripto con letra clara sus “Nuevas Leyendas”, a las que ha ilustrado convenientemente.
Nadie se olvida de la buena María Emilia. Ni el mismo Joaquín, el que por andar mirando las nubes, olvida de vez en cuando realizar su trabajo.


Entre con un vaso de agua, lo coloca sobre el escritorio y, por momentos, duda acerca de lo que debe hacer. Se siente; toma después papel y tinta. Moja la pluma y escribe:
“Te regalaría una estrella… ¡pero es tanta la distancia a recorrer para traerte una! Lo único con que puedo obsequiarte es un con vaso de agua; pero ésta es agua del cielo. Te sabrá a licor de ángeles. Y un fuerte abrazo de Joaquín.”
¿Nada más? Hay más. Mete la mano en el bolsillo y saca un prendedor. Es la representación de una mariposa se colores asentada sobre una media luna. La coloca en el borde del vaso y en voz baja murmura:
-¡Merecerías todo el cielo!
Y se va.

martes, 8 de febrero de 2022

Invitación

Desde la ventana que da al patio, María Ester contempla a María Emilia que, inclinada sobre su escritorio, lee no sabemos qué libro.
-“¡Ea! ¡Ea, amiga mía! Deja tus libros, o seguramente te pondrás jorobada”.
-¿Eh? ¿Quién anda por ahí?
María Ester se esconde y sonríe. Luego vuelve a las andadas.
-“¡Ea! ¡Ea, amiga mía! Desarruga el ceño. ¿Para qué tanta fatiga? Ven a oír el chingolito del monte. ¡Cuán suave es su música! ¡Por mi vida, hay mucha más sabiduría en él!”
María Emilia cierra el libro, se acerca a la ventana:
-¡Ah!, ¿eres tú, picarona? ¿Por qué no me dejas estudiar?


-Ya has estudiado mucho. Buscas enriquecer de golpe tu inteligencia y olvidas lo que decía papá: “No hay riqueza comparable con un cuerpo sano ni alegría más grande que la del corazón”.
-Pero yo quiero saber. Los libros me enseñan mucho. ¡Aprender tantas cosas!
-Aprende en los pájaros, en el aire, en el cielo, en el agua, a pleno sol. Ven al patio y deja por un tiempo los libros. Aprenderás mucho contemplando la naturaleza.



sábado, 29 de enero de 2022

La pedigüeña


Seda las palabras,
las pupilas, seda.
En la faz rugosa
de la india, el aire
su ternura afelpa.

Suavidad su vida.
Suavidad toda ella,
tal como si hubiese
crecido entre niños
esquilando ovejas.

De ordeñar las cabras,
hilar lanas crespas
y coser cueritos
de chulengos, tiene
las manos de seda.


De mirar la nieve,
las briznas, las ceibas,
la luna y el agua
del deshielo, tiene
la mirada buena.

De escuchar al tordo,
beber leche fresca
y ungirse los labios
con plegarias, tiene
la palabra buena.

…Y la vida toda
de esta india vieja
fue sentir rasguños,
recoger mendrugos
y trepar las sierras.

Gaspar L. Benavento

viernes, 21 de enero de 2022

Ojos asombrados

Trabajamos sin cesar desde que se van las estrellas hasta que las estrellas vuelven.
¡Somos dos pobres esclavitos!
Juntos los dos, al mismo tiempo nos movemos, un poco a un lado, un poco a otro.
Nada más que un poco, porque estamos atados…
¡Somos dos pobres esclavitos!
A la mañana alzamos el manto y nos ponemos a trabajar; a la noche se nos cae encima el manto, y tan cansados estamos que no podemos alzarlo más.
Todo el día acarreamos luz de afuera adentro.
¿Adónde va tanta luz de todos colores? ¿Para qué trabajamos tanto? No lo sabemos.
¡Somos dos pobres esclavitos!
“Ojos asombrados”, nos llama la gente.
Estamos asombrados porque todo el día echamos luz hacia adentro. ¡Y allá adentro siempre está oscuro!

sábado, 8 de enero de 2022

La humildad

Pasó el viento y preguntó:
-¿A qué parece la claridad del día?
-Sin duda a mi savia en la primavera -dijo el árbol.
-A mi canto en el amanecer -dijo el gallo.
A otros preguntó y cada cual lo comparaba con lo mejor de si mismo.
-A todo esto, ¿qué dice el día? -murmuró el viento-. Preguntémosle.
-¿Mi claridad? -replicó del día.- ¡Bah! Apenas he pensado en ella, yo que sigo siempre a la noche por recoger un poco de su bellísima oscuridad.

martes, 4 de enero de 2022

Alegría de los ojos


-¡Qué tentación la de cortar la rosa!
Por entre el enrejado del jardín que da a la acera, un rosal alarga sus gajos cargados de pimpollos.
Una rosa abierta –la primera de la estación–, es como una sonrisa que tratara de suavizar el gesto de los que pasan, serios, a su lado.
María Ester, que acompaña a la abuela, se detiene. ¡Qué tentación la de cortar la rosa!
-¿La quieres para ti, abuelita?
¿Es tuyo el jardín, acaso?
-Sé que no lo es; pero creo que si alguien me viera arrancarla no diría nada. Es una flor, ¡nada más que una flor!
-Pero cuesta cultivarla, querida. Quien plantó allí el rosal pensó quizás alegrar los ojos de lo que por aquí pasamos… Y, ¡cómo es generosa la planta! Se adelanta al saludo. Te sonríe como una amiga tuya. Se inclina en un gesto de bondad al más pequeño soplo. Pone una nota limpia en el camino. Perfuma el aire que respiras… Si la arrancaras -lo que no podría estar bien hecho- quitarías a los demás una pequeña dicha, la dicha que a ti misma te ofrece. Déjala, allí, en su tallo, columpiarse al soplo de la brisa. Déjala endulzar la vida y darse a todos, que la bondad en la vida es eso: dar para mejorar.

viernes, 10 de diciembre de 2021

El canto

Siempre que Ernesto trabaja lo hace cantando.
-¿Por qué cantas? –le pregunta Alcides.
-¡Como si tú no lo supieras! Canto porque me gusta.
-Es ya una razón.
-Y porque es lindo cantar. A ti ni te oigo nunca, a no ser cuando hacemos ronda.
-Sin embargo, me agrada; pero más me agrada oír cantar.
-Por eso quieres tanto a los pájaros.
-Y no sólo a los pájaros… Quién más, quién menos tiene su cantar.
-¿Sabes que no te entiendo?
-También el agua canta: cuando cae en la lluvia, cuando escapa del grifo, cuando desciende en manantial por la montaña. Canta el árbol cuando lo acuna el viento; y el viento canta y silba en los cañaverales. El sol es un canto de luz; un canto de color, el arco iris; y un canto de perfume, el jazmín.
-¡Qué cosas bonitas se te ocurren! Cuando yo canto me acompaño con el trabajo. ¡Y es tan hermoso cantar y trabajar! ¿No has visto con qué entusiasmo realiza el labrador su faena, cuando, desde la horqueta de algún árbol, le acompaña el cardenal con su canto?

lunes, 22 de noviembre de 2021

La calle


María Ester, al regreso de la escuela, ha venido deshojando, sin querer o sin pensar, una flor. En el zaguán de la casa cayeron los últimos pétalos…
Cuando el padre entró ya había visto el reguero de hojitas. A la hora de la mesa, preguntó:
-¿Quién se dedica a deshojar flores? Porque he visto…
Como los chicos no acostumbran a mentir, María Ester ha interrumpido:
-He sido yo, papá.
-¿Tú? Ya me lo parecía.
La niña bajó la cabeza como temiendo un reproche.
-Vamos, alza esa cabeza. Si no te reñiré. Solo quiero decirte unas palabras… Tu calle es la de todos. La quieres, ¿verdad? Como que por ella vas a la escuela, al parque, a la casa de tus amigas. Es la calle por donde transita papá cuando va al trabajo o viene de él. Sus piedras y sus árboles guardan tu paso, conservan tu recuerdo. No la cambiarías por ninguna otra; lo sé. Entonces, cuida tu calle; trata de conservarla limpia, alegre. No le tires papeles ni basuras. Llénala de risas, pero no de gritos; de simpatía, pero no de actitudes descompuestas. Y, te repito, no eches sobre ella ni siquiera una flor.

sábado, 20 de noviembre de 2021

En el jardín


-Toda palabra es un gorjeo; tiene su música…
Rosa repite la expresión de su maestra, mientras riega las violetas de sus canteros y aparta la seroja amarillenta.
-¿Y por qué no, su perfume? ¡La palabra también tiene perfume!
Sonríe ante su hallazgo. Le crecen alas como a las mariposas. Y como las mariposas corre de flor en flor para dejarlas un beso.
-¡Chiquilla! –exclama la mamá, al sorprenderla en tan dulce actitud. Rosa se avergüenza un poco.
-No, no te pongas así; que lo que tú haces es una forma de exteriorizar tu bondad. ¿Hay algo más parecido a ti que una flor? Cuídalas siempre. Quiérelas bien. Cada una de ellas es una vida respetable. Son como un ejemplo de generosidad. Nada te piden y, en cambio, se te dan enteras… Y si no, ¿de dónde el ramo de nomeolvides para la abuelita?, ¿de dónde los nardos para la maestra?, ¿de dónde el clavel vistoso y perfumado para papá? Ellas son la alegría de tus ojos, la belleza de tus manos y la frescura de tus besos.

martes, 16 de noviembre de 2021

Los churrinches

Bastó una chispa pequeñísima para incendiar el árbol.
La trajo el viento. La incrustó en el tronco y el árbol solitario del camino se sintió herido. Sufrió en silencio. Retorció sus ramas. Quiso desprenderse de la tierra, huir… ¡Imposible! El fuego siguió horadando el tronco, aprovechando la corteza sin vida para prender con más fuerza.
Brotó una llama, después otra, y otra más. Las lenguas de fuego tomaron cuerpo, incendiaron las ramas, las hojas… Parecía un árbol de fuego clamando al cielo, desesperadamente, por la lluvia salvadora. Sufría por él, por los insectos, por lo pichones que clamaban en el nido.

¿Quién avisó a los padres de los pichones, el riesgo de muerte que corrían sus pequeños? ¿El viento? ¿El cielo?… Regresaron apresuradamente. Y arriesgándolo todo, se metieron entre las llamas, buscaron su nido y alcanzaron a sacar sus pichones y llevarlos en el pico hasta ponerlos a salvo. Pero de allí salieron encendidos como brasas.
Y así andan ahora por la vida, vestidos de héroes, los churrinches, a quienes los guaraníes llamaban “cuarahiyaras”, los dueños del sol.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Como en un libro nuevo

En el jardín soleado todo invita a cantar. ¡Cómo lucen sus flores los geranios y cómo cuchichean los gorriones!
Un picaflor se acerca a la corola abierta de un floripón, se adentra en ella quizá buscando néctar, pero su movimiento ha sido tan rápido que ya está afuera otra vez. Y se aleja en busca de una nueva corola.
-¡Qué hermoso!, ¿verdad?
-¡Hermosísimo! Mira, mira… Vuela hacia atrás… ¡Qué maravilla! Nunca me había dado cuenta de ello… ¿Habrá otro pájaro que vuele hacia atrás?… Yo no lo sé… ¿Lo sabes tú?
-No, no lo sé.
Ambas quedan pensando. De pronto, María Emilia, que todo lo observa, advierte:
-¡Cómo trabaja esta araña! Ahora mismo se le ha cortado el hilo que teje. Pero busca otra vez la punta. Trabaja para unirlo… Ya lo hace… ¡Y qué cosa! No se conoce dónde ha sido la unión… Continúa… ¡Ésta sí que es una tejedora hábil y prolija! No hay una sola falla en la tela… ¡Cuánto se aprende en la naturaleza!
-¿Qué me dices? ¿No te advertí que hasta en la música del chingolito encontrarías sabiduría?

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Ronda de los cuatro vientos

El gallo de la veleta 
gira de allá para acá.
Ronda de los cuatro vientos 
que no se cansan de andar.

Tiemblan las ramas de frío, 
de frío muere la luz.
Viene ahuyentando a las aves 
el viento blanco del Sur.

El viento del Este viste 
de rosa como un rosal.
Danzan las rosas alegres 
su danza primaveral.

Ronda de los cuatro vientos 
que no se cansan de andar.

Rojo de ardor y de fuego 
el viento Norte llegó.
¡Cómo canta la cigarra!
¡Cómo se agosta la flor!

Y el viento azul del Oeste 
no cesa de acariciar 
a las espigas de lino 
y a las cañas del maizal.

Ronda de los cuatro vientos 
que no se casan de andar.

Gaspar L. Benavento

sábado, 19 de abril de 2014

XXXVII La carretilla


En el arroyo grande, que la lluvia había dilatado hasta la viña, nos encontramos, atascada, una vieja carretilla, perdida toda bajo su carga de hierba y de naranjas. Una niña, rota y sucia, lloraba sobre una rueda, queriendo ayudar con el empuje de su pechillo en flor al borricuelo, más pequeño, ¡ay!, y más flaco que Platero. Y el borriquillo se despechaba contra el viento, intentando, inútilmente, arrancar del fango la carreta, al grito sollozante de la chiquilla Era vano su esfuerzo, como el de los niños valientes, como el vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen, en un desmayo, entre las flores.
Acaricié a Platero y, como pude, lo enganché a la carretilla, delante del borrico miserable. Lo obligué entonces, con un cariñoso imperio, y Platero, de un tirón, sacó carretilla y rucio del atolladero, y les subió la cuesta. ¡Qué sonreír el de la chiquilla. Fue como si el sol de la tarde, que se quebraba, al ponerse entre las nubes de agua, en amarillos cristales, le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas.
Con su llorosa alegría, me ofreció dos escogidas naranjas, finas, pesadas, redondas. Las tomé, agradecido, y le di una al borriquillo débil, como dulce consuelo; otra, a Platero, como premio áureo.
Juan Ramón Jiménez, 
"Platero y yo", XXXVII

martes, 15 de abril de 2014

Canción de la casa de Bernardo Castañera

Bernardo Castañera
quiso construir su casaala orilla del río,
casi tocando el agua.
Pobre casa de barro
reforzada con paja...
Vino una gran creciente
y arrasó con la casa.

_ Morirás aplastado
una noche cualquiera;
no seas caprichoso,
Bernardo Castañera.

Bernardo Castañera
volvió a construir su casa
otra vez junto al río,
casi tocando el agua,
en el mismo lugar, sin ceder una vara.
Vino otra gran creciente
y arrasó con la casa.

_ Morirás aplastado
una noche cualquiera;
No seas caprichoso,
Bernardo Castañera.

Bernardo Castañera
volvió a construir su casa,
a la orilla del río,
casi tocando el agua.
Vino otra gran creciente
y arrasó con la casa.
Quedó un montón de barro
y unas puntas de paja.

_ Morirás aplastado
una noche cualquiera;
no seas caprichoso
Bernardo Castañera.

Bernardo Castañera
volvió a contruir su casa
en el mismo lugar,
sin ceder una vara.

Luis Cané