En el día nublado
los grandes girasoles
lucen como unos soles
del jardín apagado.
El verde los exalta;
y húmeda por la lluvia,
más dorada resalta
su cabellera rubia.
Al verlos, se pensará,
que por fieles al astro,
les ha quedado el rastro
de su amor en la cara.
Pedro Miguel Obligado.
Revista Anteojito N°1506, p.3
19 enero 1994
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