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lunes, 20 de octubre de 2025

Como anillo al dedo


Mucho tiempo atrás
Los primeros anillos de los que tenemos noticia son los del Antiguo Imperio Egipcio. En el Imperio Romano, a su vez, se coleccionaban y se guardaban prolijamente en las llamadas "dactilotecas". En la Edad Media y en el Renacimiento, sobre todo, el anillo se hizo famoso por una macabra utilidad: guardaba en su interior veneno, listo para usar.

Anillos heroicos
Cuando el antiguo reino de Prusia cayó bajo Napoleón, en 1806, la crisis no doblegó a sus habitantes, que sacrificaron cuanto tenían por tratar de apoyar a sus soberanos. Así, las mujeres prusianas, de la más rica a la más humilde, donaron a la patria sus anillos nupciales. Como recibo, se les dio uno de hierro con la inscripción "Di oro por hierro, 1813".

Anillo saltarin
Un 15 de febrero de 1514 el conde de Frangipane perdió un anillo en su campamento cercano a Pordenone (Italia). No era un anillo cualquiera, ya que se lo había enviado su esposa. La desesperación del conde fue grande: ¿qué explicación daría a su descuido? Lo buscó en vano, y quiso el destino que casualmente apareciera en el mismo lugar siglos después, en 1892.
¡Un verdadero misterio anillático!

Anillos históricos
Entre los anillos célebres hay que citar en primer término el que legendariamente se atribuye a la Virgen María. Éste se conserva en la catedral de Perusa (Italia) y se deja ver al público cada año para el día de San José. El anillo nupcial, que Martin Lutero dio a su esposa, es célebre por los grabados que contiene en su diminuta superficie.

Revista Anteojito N°1493, p. 6
20 de octubre 1993

sábado, 18 de octubre de 2025

La misteriosa y perdida: Ciudad de los césares

En aquellos tiempos remotos en que el limite entre la civilización y la barbarie era apenas el rio Salado, en la provincia de Buenos Aires, surge la leyenda de una magnífica ciudad ubicada en medio de la salvaje Patagonia.

Estrecho de Magallanes, 1540. Han pasado veinte años tan sólo desde que Fernando de Magallanes descubriera el paso o estrecho que comunicaba a los océanos Atlántico y Pacífico y que inmortalizara su nombre. El hallazgo no podía ser mejor: aquella ruta de comunicación apenas soñada abría todo un nuevo panorama para la economía y la política españolas. Ahora, Alfonso de Camargo, otro marino español, se disponía a explorar a conciencia el gran descubrimiento. Su expedición constaba de tres embarcaciones que había costeado el obispo de Plasencia y que partieron de la ciudad de Sevilla (España) en agosto de 1539.



Pero el estrecho- era sabido- no era fácil de pasar. En efecto, al llegar a él, los vientos terribles parecían querer elevar por el cielo a las naves. En la confusión y el pánico se perdió de vista a una de las naves, y Camargo terminó de pasar el estrecho con las otras dos, siendo el primero en hacerlo después de Magallanes. Pero dejemos ahora al heroico Camargo y sigamos a la nave perdida. Según cuentan las crónicas antiguas, la embarcación naufragó cerca de la costa. Sus tripulantes a pesar de todo salvaron sus vidas al ganar la playa, pero lo extraño es que jamás se supo sobre ellos. Indudablemente habían desaparecido.


La insólita desaparición de toda una tripulación fue explicada casi enseguida por los más supersticiosos: "Están atrapados en la Ciudad de los Césares", se dijo. Esta ciudad legendaria, de la cual, al igual que de la del Dorado mucho habían hablado los conquistadores, existía en las salvajes y desiertas tierras patagónicas. Para ser más precisos, se la ubicaba en la región de nuestro lago Nahuel Huapi. Según se decía, sus habitantes poseían una cultura grandemente desarrollada e incalculables tesoros. Lo cierto es que de los muchas cronistas que hablaron de ella (Lozano, Villagrán, Pérez Orcondo, Falkner, etc.), ninguno la vio.




Las primeras noticias acerca de la legendaria ciudad, sin embargo, datan de no antes de 1528. Por aquella época un capitán al servicio de Sebastián Caboto, de nombre Francisco César, se adentró por el rio Paraná para reconocer el territorio. Cuando volvió, con su media docena de hombres, contó acerca de la existencia de una tierra llena de riquezas. El relato de César y sus compañeros impresionó a los españoles, y así se explican las primeras alusiones a la tierra de los Césares. Sin embargo, esto ubicaría a la pretendida ciudad bastante lejos del Nahuel Huapi. Hoy, la ciudad y la leyenda duermen tranquilas sin develar su misterio.

Revista Anteojito N°1545, pp. 36-37
18 de octubre de 1994

viernes, 17 de octubre de 2025

¿Cuándo aparecieron los primeros periódicos?


Entendiendo por periódicos a las publicaciones informativas hechas con cierta regularidad, los primeros datan de comienzos del siglo XVII. La novedad se debió a Holanda e Inglaterra. Eran gacetas semanales que traían las noticias más importantes ocurridas en los últimos meses. A propósito de esto, un "diario" es el periódico que sale diariamente, es decir, todos los días, que es lo que reclama la sociedad moderna para estar suficientemente informada. Los bandos o proclamas fueron los antecesores de los periódicos.

Revista Anteojito N°1597, p. 19
17 de octubre de 1995

Una sorpresa para Pasteur

Los grandes genios de la humanidad han necesitado mu-chas veces del apoyo del poderoso para llevar a cabo sus proyectos. Por grande que parezca, también el genio necesita de los otros.
Sin duda, uno de los más gran des genios de los tiempos modernos es el francés Luis Pasteur (1822-1895). Este año conmemoramos el primer centenario de su muerte. Sus estudios sobre la rabia, comenzados hacia 1880 y cristalizados en su descubrimiento de la vacuna que previene esta enfermedad, fue probada por vez primera en 1885. Con ella Pasteur llegaba a la cresta de su popularidad. Tuvo el raro privilegio de ser reconocido y recompensado en vida, aunque jamás olvidó sus modestos años de la infancia. Sin embargo, los comienzos de su campaña para popularizar la vacuna antirrábica fueron muy difíciles y necesitó acudir a ricos mecenas para cumplir con su plan: la fundación del Instituto Antirrábico. Por eso visitó a una dama adinerada, dueña de los famosos almacenes "Bon Marché", en París (Francia). Era Marguerite Guerin, viuda de Boucicaut (fundador del "Bon Marché”). Cuando la criada le anunció que un "anciano" que decía llamarse Pasteur pedía verla, ella le pidió que le preguntara si se trataba de "aquel Pasteur que cura la rabia". La criada volvió con la respuesta afirmativa y la viuda Boucicaut lo hizo pasar. Una vez frente a ella, Pasteur habló modesta mente de su proyectado Instituto y le dijo lo bien que le vendría una pequeña colaboración, por poca que fuera. La viuda le dijo que siendo así, ella colaboraría con algo. Le entregó un cheque y Pasteur, agradeciéndolo, salió de la mansión. Sólo cuando estuvo fuera leyó el importe: era un millón y medio de francos, por aquel entonces, una fortuna. Pasteur se echó a llorar, era más de lo que había esperado.

¿Sabías...
...que Marguerite Guerin (1816-1887) fue una de las más grandes benefactoras francesas?
Además de la donación que hizo posible el Instituto de Pasteur, a su muerte dejó en su testamento casi toda su fortuna a los empleados del "Bon Marché" y a los pobres de Paris (Francia).


Revista Anteojito N°1597, p. 33
17 de octubre de 1995

sábado, 11 de octubre de 2025

Este loco loco mundo

Nicolás Copérnico y Galileo Galilei fueron dos astrónomos del siglo XVI que revolucionaron con sus ideas todo lo que se creía acerca del cosmos. Gracias a sus importantes descubrimientos, ahora sabemos que la Tierra gira alrededor del Sol, y que el Sol es sólo una estrella más entre las muchas que pueblan nuestra galaxia. Sin embargo, los pueblos antiguos tenían ideas propias acerca del mundo.

Los antiguos egipcios creían que la Tierra era un dios que descansaba bajo un "cubrecama" de vegetación. La diosa del Cielo, sostenida por el dios de la Atmósfera se extendía sobre la Tierra. Supuestamente, el dios del Sol recorría todos los días la espalda de la diosa del Cielo, navegando en su barco dorado. Los babilonios, por su lado, pensaban que la Tierra era una montaña hueca, con forma de arco, rodeada de mar.

En la mitología hindú, la Tierra era sostenida por varios elefantes que estaban parados sobre una tortuga a la que llamaban "Visnú". Esta tortuga, a su vez, descansaba sobre una cobra gigante que representaba el agua. Los mayas, antiguos habitantes de México, creían que la Tierra era una tortuga gigante que navegaba en un mar infinito.
Ptolomeo, astrónomo griego del siglo II, afirmaba que el Sol, la Luna y los demás astros estaban "pegados” a su respectivo cielo Cada uno de estos cielos eran una esfera de cristal que giraba alrededor de la Tierra, centro del Universo. Estas ideas estaban de moda en occidente cuando Galileo y Copérnico expusieron sus nuevas ideas acerca del cosmos. ¡Qué revuelo se armó entonces! Parecía una idea superextravagante.




Revista Anteojito N°1544, p. 31
11 de octubre de 1994

sábado, 4 de octubre de 2025

Los anteojos de Anteojito

¿Por qué algunas personas usan anteojos? Porque necesitan corregir algún defecto de la visión, proteger sus ojos del sol o descansar la vista, aunque algunos coquetos los usan simplemente porque les quedan bien. Están formados por dos lentes de cristal sujetos por armaduras. El puente une las armaduras y se apoya en la nariz. Las patillas se "enganchan" en las orejas e impiden que se caigan.

Los anteojos que usa Anteojito son los más conocidos, aunque existen otros modelos. Los señores elegantes del siglo pasado preferían el monóculo, un lente único que llevaban colgando de una cadena. Los impertinentes tenían dos lentes pero en lugar de dos patillas levaban una. Las damas elegantes los sostenían frente a sus ojos cuando querían "ver bien" y no necesitaban llevarlos puestos todo el día.


Los "anteojos submarinos" se llaman antiparras si tienen dos lentes y visor si se trata de un lente único. Las lentillas o lentes de contacto son ideales para los que "odian" los anteojos. Son invisibles, porque se colocan directamente en el ojo, flotando en el líquido lacrimal. Pueden ser transparentes o de algún color como azul o verde. Vos, ¿de qué color las usarías?


Según cuenta Marco Polo, los chinos ya conocían los anteojos allá por 1275. En Europa se conocieron un poco más tarde. Los más antiguos no tenían patillas. Se sostenían gracias a un remache, una especie de "bisagrita" que unía las dos armaduras y las apretaba contra la nariz. Benjamin Franklin inventó las lentes bifocales en 1760. La parte superior servía para "ver de lejos" y la inferior para "ver de cerca", ¡como dos anteojos en uno!

Revista Anteojito N°1543, p. 24
4 de octubre de 1994

viernes, 3 de octubre de 2025

El mundo de las muñecas

Las muñecas, pequeñas criaturas de fantasía, siempre han sido compañeras insustituibles de las chicas de todo el mundo. Hoy vamos a contarte la historia de la matrioska, tan hermosa como ella misma.

¿Dónde nació?
Rusia, extenso país de vastas estepas y rigurosos inviernos blanqueados por la nieve, es la cuna de la matrioska. La matrioska es una muñeca que representa a una mujercita, pero sólo la cabeza y la parte superior del cuerpo. Para que pueda durar muchos años, los artesanos que la modelan eligen un material noble y durable: la madera. Preferentemente la del tilo o la del palo blanco, que son semiblandas y se trabajan fácilmente.

Trajes típicos
Vistosos colores dan forma a los rasgos de la cara, al vestido y al pañuelo que cubre la cabeza. Es muy importante el diseño de la ropa, ya que a través de ella se reconoce la comarca donde fue modelada la matrioska. Pueden ser flores o dibujos geométricos. Una capa de laca da firmeza, brillo y el toque final a la muñeca. La matrioska puede representar los personajes de un cuento, una maestra con sus alumnas o las nenas de una familia.


De menor a mayor
Las matrioskas son huecas y se modelan en diferentes tamaños. Cada muñeca va colocada dentro de otra un poco más grande. Así, hasta llegar a la última. Esto es algo simbólico: cada muñeca protege a la que cubre y ésta le debe obediencia. La más pequeña mide apenas dos centímetros. Los conjuntos varían desde tres matrioskas hasta doce. Algunas veces se han preparado grupos de setenta muñecas, de más de un metro de altura en total.

Entre el ayer y el mañana
La bella tarea de confeccionar estas muñecas está en manos de artesanos. Pero la tradición rusa exige que dicho artesano sea papá o abuelo. Las matrioskas dejan de ser un simple juguete para convertirse en un "bien de familia", el cual es necesario preservar para las generaciones venideras. Las matrioskas pasan de madres a hijas como una bella herencia, como un querido lazo que une el presente con los años que pasaron y con los que vendrán.

Revista Anteojito N°1701, pp. 3-4
3 de octubre de 1997

viernes, 26 de septiembre de 2025

Las Monedas-Mapas: Un misterio en torno a América

Existen varias teorías acerca de viajes a América anteriores a su descubrimiento "oficial" por Cristóbal Colón, en 1492. Pero una muy reciente, y poco divulgada, pretende que nuestro continente ya era conocido en el siglo IV a. de C.

La sorprendente historia que vamos a contarte comienza con unas monedas antiguas que pertenecieron a unos numismáticos ingleses. Aunque su gran antigüedad, superior a los 2.000 años, bastaba para considerarlas valiosas, estas monedas tenían una característica que las convertía en únicas. En efecto, en una cara de cada una de ellas, en un extremo de la misma, se veía un extraño dibujo. Estos dibujos no tenían formas definidas y nadie podía explicar qué significaban. Hasta que hace un año, en 1996, el estudioso Mark A. McMenamin reveló que esos dibujos eran mapas diminutos. Examinadas atentamente, esas formas dan toda la impresión de representar continentes e islas de nuestro mundo.



Las monedas de oro, acuñadas hacia el año 350 a. de C., proceden de Cartago, poderosa ciudad del mundo antiguo que estaba ubicada en el centro de la costa norte de África, frente a la isla de Sicilia (hoy Italia). Cartago llegó a constituir una república comercial, siempre en busca de nuevos horizontes de conquista. Los cartagineses eran, por lo tanto, expertos geógrafos, ya que estaban obligados a conocer el mar y sus rutas casi como la palma de sus manos. El hecho de que grabaran mapas en sus monedas es ciertamente curioso, pero no sorprendente. Así como algunos pueblos graban en ellas las efigies de sus emperadores, Cartago eligió en este caso representar el mismo símbolo de su poder: el mar.


Pero lo más interesante en los mapas de las monedas cartaginesas es el hecho de que una de las tierras representadas es, muy probablemente, América. La interpretación de McMenamin del mapa de una de ellas identifica, en la porción central del mismo, la cuenca del Mediterráneo, donde estaba ubicada Cartago. Un pequeño círculo dentro de ella marca a Cerdeña. A la derecha, se reconoce India. A la izquierda, un trozo irregular de tierra representa América. Claro que la dimensión de la moneda, apenas unos 19 milímetros, no permitió gran definición al grabador. Por otra parte, aun contando con un espacio cómodo para dibujar, la representación geográfica no era por aquella época más que aproximada.


Los cartagineses habían fundado colonias en Tánger y tenían factorías y contactos en tierras más lejanas, como España. Aunque las monedas fueron consideradas por sus poseedores como de origen cartaginés, McMenamin supone que pudieron ser también acuñadas en Cerdeña. Esto explicaría el hecho de que esta isla aparezca en el centro de los mapas de las monedas. De cualquier modo, si la tierra grabada al oeste de España es en efecto América, esto demostraría, obviamente, que el Nuevo Mundo ya había sido visitado en el siglo IV a. de C. Esta teoría es difícil de demostrar porque la cartografía de la época es prácticamente inexistente. Aun así, las investigaciones acerca del tema son cada vez más exhaustivas.

Posdatas
  • Actualmente, las monedas-mapas están guardadas en el Museo Británico de Londres (Inglaterra).
  • Mark A. McMenamin es profesor de geología en el Mount Holyoke College en Massachusetts (EE. UU.).
Revista Anteojito N°1700, pp. 32-33
26 de septiembre 1997

Palabras mezcladas

Los conquistadores sabían que los ingleses hablaban en inglés, los franceses, en francés y los portugueses, en portugués. ¿Y los incas? Hmmmm, era un poco más complicado.

¿Cómo dijo?
El Imperio Inca o "Alto Perú", como lo denominaron los españoles, se extendía sobre el Ecuador, Bolivia y el noroeste de la Argentina. Una de las mayores dificultades que encontraban los gobernantes y también los conquistadores fue la multiplicidad de dialectos. Se contaban alrededor de setecientos, muchos de ellos hablados por grupos muy reducidos. Algunos aún pueden escucharse. Por ejemplo, el kauke que se habla en Yauyos, un municipio ubicado al noroeste de la capital peruana, Lima, que cuenta sólo con 7.500 habitantes.

Vivitas y coleando
Pero en el momento en que llegaron los españoles las lenguas dominantes eran tres: el quichua, el aimará y el uru. La última estaba en decadencia y en la actualidad ha desaparecido. En cambio, las dos primeras aún se conservan. En un censo que se realizó en el año 1940, en el Perú se comprobó que la mitad de los chicos en edad escolar se comunicaba en esas lenguas y que el treinta y cinco por ciento no sabía español.

Parecidas
El quichua como el aimará son muy ricos en palabras variadas. Tienen una fonética semejante y pueden expresar toda una frase en una sola palabra. A partir de una palabra "raíz" derivan otras. Por ejemplo, del vocablo aimará "ali" que significa "planta" surgen 82 voces desde "germinar" hasta "ser una planta en bello crecimiento". Cada palabra tiene un pequeño número de silabas que jamás excede el número de cinco.

Palabras con risa
El quichua más puro se hablaba en Cuzco, la capital del Imperio. Los españoles consideraban que era una lengua dura por su fonética gutural. Las onomatopeyas eran frecuentes por lo que algunos vocablos eran muy graciosos. En quichua "estornudando" se dice "atchicuni” y bebé se conoce como "huahua". En aimará, algunos nombres de pájaros recuerdan el sonido de sus cantos: el kotchitchi o el lekeleke.

Revista Anteojito N°1700, p. 6
26 de septiembre 1997

Viene de perlas

Las perlas, delicadas, iridiscentes, infaltables como elemento decorativo en las alhajas, se originan en la "enfermedad" de ciertos animalitos que habitan en aguas dulces o saladas.



Cuando un elemento extraño penetra en sus valvas, la ostra "se enoja" y forma alrededor del intruso un montoncito de nácar. Con el tiempo el nácar se endurece transformándose en una perla natural.




Las perlas pueden tener variadas formas: esféricas, semiesféricas, parecidas a las gotas, completamente irregulares... Las preferidas por los joyeros, las "estrellas" de las perlas, son las bien redonditas.




Existe además, otro tipo de perlas. Son las denominadas perlas cultivadas. Se fabrican así: se introduce en el interior de una ostra un trocito de epitelio (parte externa) de otro molusco que también es un animal marino. Y la ostra elabora la perla.



Los pescadores de perlas son excelentes buceadores. Permanecen sin respirar durante largos períodos. Hay pesquerías de perlas en las costas de Venezuela, Australia, Japón, el Golfo Pérsico y el Mar Rojo.






Revista Anteojito N°1594, p. 24
26 de septiembre 1995

Allá por 1492... Así fue la vestimenta

Es difícil describir con precisión cómo se vestía la gente allá por 1492. Los atuendos y tocados se modificaban o perfeccionaban con gran rapidez. Lo que sí se puede asegurar, es que la moda por aquellos tiempos era muy extravagante. En esta vestimenta atrevida para entonces se manifestaba el deseo del hombre de superarse y alcanzar metas cada vez más lejanas. La ropa femenina no se diferenciaba mucho de la masculina. Se preferían telas ligeras a los antiguos y pesados cáñamos. Las joyas y los fantásticos tocados mostraban el afán desmedido por el lujo.

La ropa masculina era más audaz que la femenina. La prenda característica era el "gown", que se ajustaba a la forma de los hombros y luego caía suelto. Se ceñía con un cinturón. El "jubón" era una vestidura extremadamente corta, abotonada adelante y con hombreras enormes que daban apariencia de gran anchura al tórax. Las mangas eran anchísimas (tanto que a veces llegaban al suelo) y desmontables. Las piernas se cubrían con calzas ajustadas y los pies con zapatos bajos y livianos. Esta vestimenta creaba en el hombre de la época la apariencia de un gran trapecio apoyado sobre dos piernas delgadísimas.




Para las mujeres la prenda más importante era la "túnica", ajustada a la cintura y que caía formando pliegues. Encima de la túnica llevaba la "cotardia", que era una especie de jubón forrado como el de los hombres. Las mangas tenían grandes hendiduras. La gran innovación de la época fueron los profundos escotes, criticados por los moralistas de entonces. Se suprimió el velo que pasaron a usar sólo las monjas y las viudas. También estaban de moda larguísimas colas que era necesario llevar en el brazo para poder caminar.

Pero lo más sorprendente eran los tocados. "Tubo de chimenea", "mariposa", "cojín", eran algunos de ellos. El último consistía en una especie de rodete almohadillado. El cabello se enrollaba en espiral alrededor de ambas orejas dando aspecto de gran anchura a la cabeza. El tocado "salchicha" era un rollo con tejido acolchado que se disponía en forma de "U" sobre la frente. Los hombres preferían el "capirote" con larga punta, o el "chaperón", especie de turbante. También usaban una gorra plana adornada con una joya.

Revista Anteojito N°1594, pp. 21-22
26 de septiembre 1995

¡A prueba de pinchazos!


Un costurero no está completo si falta el dedal, ese pequeño elemento para proteger el dedo mayor de la mano derecha. ¿Cómo nació? Hace muchos años, un joyero alemán llamado Nicolás Bescotén observó que su novia tenía muy enrojecido un dedo, el que empuja la aguja, y en él había claras señales de pinchazos. ¡Eran las huellas que le dejaba la aguja, luego de horas y horas de bordar manteles, carpetitas, pañuelitos!... Para que su amada no sufriera más, le preparó un elemento de oro con el aspecto de un vaso diminuto, y se lo obsequió. Aquel lejano 19 de octubre de 1084 nació el dedal... y todavía está vigente.

Revista Anteojito N°1594, p. 12
26 de septiembre 1995

Casualidad maravillosa

Las cuevas de Altamira (Santander, España) son famosas porque conservan pinturas de la Prehistoria. Su descubridora fue una niña de ¡doce años!
María, mientras su papá Marcelino de Sautuola investigaba en los prados de Altamira, penetró en una cueva cercana. Allí descubrió dibujos de toros y bisontes pintados en rojo y negro. Llamó a su papá que comprobó el valor del descubrimiento. Pese a la alegría por el hallazgo, los científicos de la época -era el año 1894- decían que los dibujos eran un fraude. Sólo después de muchos años se reconoció el valor histórico y artístico de ese descubrimiento de 20.000 años de antigüedad.

Revista Anteojito N°1594, p. 11
26 de septiembre 1995

lunes, 22 de septiembre de 2025

Al correr de la pluma

Cuando tenemos que anotar algo tomamos nuestro bolígrafo y... ¡ya está! ¿Siempre fue así? Los antiguos asirios utilizaban estiletes de caña para grabar sobre arcilla. Los egipcios: un pincel hecho con tallos de papiro.





Fue en el siglo VII cuando se descubrió la utilidad de las plumas del ganso (del ala derecha). De variados colores, "corrían" sobre el papel y delineaban las letras con precisión. Estas plumas se usaron hasta el pasado siglo XIX.




Luego se les agregó un trocito de metal con una ranura y un agujerito en el medio, llamado plumilla. La pequeña era la cucharita y la alargada, la cucharón. Se mojaba en tinta: líquido coloreado de azul, negro o rojo. Y ¡a escribir!




Casi al mismo tiempo "nació" el más elegante de todos los elementos para escribir: la pluma fuente. Esta lapicera poseía un tanque con tinta incorporada y su carga duraba bastante tiempo. Tenía un capuchón con un sujetador.




En el año 1942, en nuestro país, un húngaro llamado Biro inventó el bolígrafo o "birome". Su trazo es muy difícil de borrar. Algunos pueden recargarse pero la mayoría son descartables. Este invento se difundió por el mundo entero. Seguro que vos tenés varios boligrafos ¿no?

Revista Anteojito N°1489, p.33
22 de septiembre 1993
https://archive.org/details/23a_20230103_202301/33.jpg

sábado, 20 de septiembre de 2025

¿Quién bautizó a la "primavera"?


Fueron los antiguos romanos. Ocurre que el calendario con que ellos medían el tiempo era diferente del que usamos hoy en día. En lugar de doce meses, el año "romano" tenía diez y empezaban a contar a partir de marzo porque para ellos enero y febrero no existían. Sabemos que en el hemisferio Norte en marzo comienza la primavera. Ésta era la primera estación del año para los antiguos romanos. ¡Y si! "Primavera" en latín significa primera y ése fue el nombre con que bautizaron a esta florida estación. El nombre se perpetuó aunque más tarde se agregaron al calendario los meses de enero y febrero.
Revista Anteojito N°1541, p. 5
20 de septiembre 1994

¡Que llueva, que llueva!

Compañero insustituible del impermeable y de las botas de goma, el paraguas completa el equipo de lluvia. Pariente cercano del severo bastón y de la delicada y hermosa sombrilla, el paraguas tiene también su historia y por supuesto que se trata de una historia "llovediza".

En el siglo XVI los cortesanos franceses lo usaban. Pero el paraguas era objeto de burlas. Se lo veía como un objeto raro e incómodo. Recién en el siglo XVIII su uso se hizo masivo y el rey de Francia, Luis XV, tuvo que instituir el gremio de fabricantes de paraguas.


Se difundió luego por todo el mundo. Sus partes son: la empuñadura, el bastón, la tela, las varillas, el anillo de tope que se encuentra al final del bastón y el collar que sujeta las varillas. Se "guarda" en una funda.



Las telas de los paraguas -que son impermeables- presentan diversos diseños y colores. Los primeros paraguas fueron largos y podían abrirse y cerrarse fácilmente, pero eran manuales y no podían plegarse como los automáticos. Es decir, eran útiles mientras llovía, pero luego... una incomodidad.

A pesar de ser un elemento de uso cotidiano, tiene algo de mágico. Escondido en un bolsillo -como en la manga de un mago- de pronto, cuando cae un chaparrón, se abre, se extiende, se despliega transformándose para protegernos del enojo del tiempo.



Revista Anteojito N°1541, p. 31
20 de septiembre 1994