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martes, 1 de abril de 2025

El buey y la cigarra

(Adaptación de una fábula de Iriarte)

Era ya cerca del mediodía. Durante horas y horas había trabajado el buey, sin descanso, esa mañana. Atado al yugo, y guiado por el dueño del campo, había trazado muchos surcos en la tierra. Ésta pronto albergaría frondosas espigas de maíz. Tan cansado estaba el pobre buey que, llegando al término de su tarea, se desvió un poco en su camino y el surco final quedó torcido.
Una cigarra desocupada que lo observaba le dijo: "¡Qué mal has hecho tu trabajo! ¡Qué torcido te salió ese surco!" El buey, enfurecido, le respondió: "¿Cómo te diste cuenta? Lo que sucede es que todos los otros surcos están muy derechos y bien trazados. Yo creo que tanto esfuerzo en el trabajo que hice esta mañana me dispensa del error del final. ¿No te parece? Pero en tu caso... ¿Qué es lo que te puede ayudar a justificar tu haraganería? No tienes derecho a ser tan criticona. Pienso que tus críticas no tienen valor porque vienen de alguien que no aprecia mi trabajo y mis esfuerzos. Y que, además, no se esfuerza ni trabaja".

¿A vos qué te parece?
¿Cómo hizo su trabajo el buey durante la mañana? ¿Qué le pasó al final? ¿Qué observación le hizo la cigarra? ¿Tenía o no derecho a ser tan criticona? ¿Cómo tomó el buey la crítica? ¿Por qué le dijo que su crítica no tenía valor? ¿Estás de acuerdo con el buey o con la cigarra? ¿Por qué? ¿Serías capaz de narrar una situación semejante, pero en la que los protagonistas sean personas?

Revista Anteojito N°1464, p.39
1 de abril 1993

viernes, 2 de febrero de 2024

El caminante y la Verdad


Cruzando un árido desierto, un viejo caminante halló a una hermosa y solitaria mujer, que permanecía sentada sobre la arena y tenía la mirada perdida en tristes pensamientos.
-¿Quién eres? le preguntó el anciano caminante, deseoso de saber qué penas padecía esa pobre mujer.
-Soy la Verdad -respondió ella.
A esta respuesta le interrogó nuevamente el caminante:
-¿Y qué te ha obligado a dejar la gran ciudad y la agradable compañía de los hombres y a permanecer sola en este desierto?
-La mentira, -respondió la Verdad- mi terrible enemiga, me ha vencido. He notado que gran cantidad de seres, a los que antes les agra- daba mi compañía, ahora me desprecian y me arrojan de su lado.
A estas palabras, el anciano agregó sabiamente:
-No te dejes vencer fácilmente por tus enemigos, por terribles que éstos sean, y lucha con tesón y voluntad, ya que al final la verdad siempre triunfa.

Revista Anteojito N°115, pp. 31
2 febrero 1967
https://archive.org/details/img625_202301/img653.jpg

viernes, 16 de diciembre de 2022

Maternidad

Para el hombre que tuvo una buena madre
todas las mujeres son sagradas en memoria
de ella.
J.P. Ritcher

La madre es la mayor heroína del mundo. Nadie hace tantos sacrificios ni soporta tantos sufrimientos, como sin una queja, soporta ella en bien de sus hijos.
¿Qué comparación tiene el dar la vida por un amigo en el fragor de una batalla o en los horrores de un naufragio, con el perpetuo sacrificio de muchas madres reiterado día tras otro durante más de medio siglo?
¡Cuán pequeños resultan los héroes mundanos en comparación de la heroica madre!
En el seno de la familia no hay servicios tan valiosos como los de la madre.
No hay descanso para la solicitud.
Sobre ella recaen todos los menesteres domésticos, desde la confección de las comidas hasta el semanal repaso de la ropa, aparte de las mil menudencias que interpoladas entre los habituales menesteres le ocupan mente y manos durante todo el día, y a veces hasta muy entrada la noche cuando ya toda la familia reposa.
Por muy amoroso y prudente que sea el padre, las cargas más pesadas y las más graves preocupaciones de la vida del hogar recaen sobre la madre, cuyas virtudes domésticas son para los demás individuos de la familia, especialmente para los egoístas, una tentación que los mueve a abusar de ella, creyéndose con derecho a echarle encima todas las cargas del hogar sin que nadie se lo agradezca.
Muchas madres proletarias sacrifican en beneficio de sus hijos todo cuento en más estiman la generalidad de las gentes.
Sacrifican gustosas su salud y aún se quitan el pan de la boca para que sus hijos puedan recibir instrucción complementaria.
Van de casa en casa a lavar ropa, fregar suelos y otros serviles menesteres, a fin de que sus hijos aprovechen las ocasiones que ellas no tuvieron en disposición de aprovechar.
Sin embargo, la mayor parte de las veces es la ingratitud, cuando no el menosprecio, la siniestra recompensa de su sacrificio.
Hay quienes al morírsele la madre se gastan un dineral en el entierro y le dedican hermosas coronas, mientras que en vida no se acordaron jamás de obsequiarla con una flor.
Uno de los más tristes casos que darse pueden es el de la angustia de un hijo que en la prosperidad no se acordó de que a su madre se la debía.
Por ingrato y descastado que un hijo se muestre y por mucho que se degrade en el vicio o en el crimen, siempre está seguro del amor de su madre que no le abandonará aunque todo el mundo le abandone.
Así dice Rudyard Kipling en su poesía “Amor maternal”:
“Si me ahorcaran en la más alta montaña, sé, ¡oh! madre, que hasta allí me seguiría tu amor.
Si en el más profundo mar me ahogara, s sé, ¡oh! madre mía, que hasta mi llegarían tus lágrimas.
Si me maldijeren en cuerpo y alma, sé, ¡oh! madre mía, sé que tus oraciones invalidarían la maldición.”
Seguramente no hay otro amor tan intenso como el de la madre que acompaña al hijo desde la cuna al sepulcro sin jamás abandonarlo por muy desgraciado o perverso que llegue a ser.

Orison Sweet Marden.
En Hojas Sueltas 122-124

martes, 2 de agosto de 2022

...del tiempo

En medio de pegajosas sombras ocres, un descarnado perfil de mujer. Fatigada, de pie, cubierta con hiedras muertas, agita por momentos los brazos hacia un reflejo azulado que desde la izquierda, apenas se insinúa. Con voz espesa, de marea montante, dice:
Hace tiempo. Está todo tan lejos. Ayer mismo, la hora que acabo de matar, ahogándola con palabras inútiles, este instante. Este! Lo ven? Aquí, sobre mis uñas. Apenas nacido se coloca ya el vestido violeta de lo antiguo. Estoy condenada a vivir conjugando el Ayer. Siempre así: vuelta la cabeza, tendiendo hacia el hueco las manos que nunca alcanzan nada. Fue mi primer gesto y ha de ser también el último. Solo tengo memorias. Pero un pájaro enloquecido me arañó las sienes una vez. Buscaba entre mis enroscadas zarzas secas algo distinto que llamaba Ilusión.
TIEMPO! TIEMPO! Yo nunca pude verte el rostro. Ah! Como quisiera saber de tus ojos. Me dijeron que en tu boca las palabras se llaman todas con ese otro nombre que tampoco entiendo: Esperanza, ¿Qué querrá decir? Háblame, TIEMPO. Vuélvete. Quiero ver tu cara, los ojos, el torso agrandándose al venir hacia mí. Aunque me aterrorices. Nunca vi a nadie de frente, entero. Debe ser como lastimarse con cuchillos de luz. De todos, como de ti, apenas si conozco la espalda, los codos. Siempre alejándose, yéndose siempre.
Quiero nombrarte con la palabra que robé en la hora amarilla del tranvía. Aquí la tengo, oculta entre los pliegues del cuello. No me la quitaran. Quién se atreverá a meter sus manos en mis grietas? Quedaría sin dedos. Sé, yo lo sé: de frente te llaman FUTURO. FU-TU-RO. Suena a tren, no a piedra en el barranco como Ayer. Estoy hasta de llamarte así: Ayer. El nombre de tu espalda. Quiero verte el pecho. ¡Basta! No me seques la lengua; deja de arrojar sal a mis rodillas. Ya no puedo! Espera... no corras. Aguarda. Ténme lástima. No goces con mi jadeo. Nací vieja y tampoco quieres mostrar mi último segundo. Si pudiera echarme a descansar! No corras. El año que pasó, el mes pasado, la semana anterior, ayer, hace una hora, un minuto atrás. Acaso no podré abrazarte nunca?
Bésame, TIEMPO. Pon tu rosa sobre mi ceniza. Apenas el largo de un suspiro. Pero ven. Mira que ya tengo tu otro nombre FUTURO. Y alguna vez, quizás en la hora anaranjada de una mediatarde... quizás... alguna vez... también pueda robarte el rostro.

Ines Delina Fornao
Revista Pausa, Rosario, marzo 1958, Año 1, Número 3. Pág.3

viernes, 15 de julio de 2022

Las nuevas tecnologías en el aula

Los autores más optimistas presentaban la informática y las telecomunicaciones como un vehículo para el progreso, democracia, cultura y libertad, que conduce a un aumento del tiempo libre y a una mejora de la calidad de vida. (…) Sin embargo, algunos autores ponían en cuestión el determinismo dominante y advertían que el impacto de las tecnologías de la información la comunicación sobre las condiciones y la organización de la vida cotidiana dependía, entre otras cosas, de los usos y contenidos, y no sólo de las innovaciones técnicas”. Diego Levis (1999)

Si bien ya se advertía (de) el impacto de las tecnologías de la información la comunicación sobre las condiciones y la organización de la vida cotidiana dependía; no se advertía de la brecha que se generaría, mejor dicho, las brechas: la de acceso a las NTICs y la generacional.

En la ilustración de Nik se observa esa brecha generacional: los alumnos son vistos como sujetos que solo prestan atención a lo que se “enmarca” en una pantalla, lo que ve a través de una; y en cambio la profesora sigue con el viejo sistema: pizarrón y tiza, como si no supiera utilizar las tecnologías.
Alejandro Piscitelli denomina nativos a los estudiantes actuales, hablantes nativos del lenguaje de las computadoras, los videojuegos e Internet; y los inmigrantes digitales: nosotros, los profesores, quienes “nunca sobrepasaremos la categoría de inmigrantes digitales o hablantes más o menos competentes de esa segunda lengua”. Por cierto, las edades de los profesores que aun son considerados inmigrante no bajan de los 26 años.
Vale citar una anécdota del ex Ministro de Educación, Daniel Filmus:

“¿Qué pasa si un médico del siglo XIX resucita a fines del siglo XX y tiene que operar en un quirófano con la técnica en vigencia? ¿Quién se animaría a ser operado? Si un ingeniero del siglo XIX tiene que construir un puente con la tecnología del siglo XXI o del XX, ¿nos animaríamos a pasar por allí arriba? Ahora, ¿qué pasa si un maestro del siglo XIX resucita y entra en un aula de nuestras escuelas?” La respuesta sería: “Tomaría una tiza y comenzaría a enseñar”.

Porque si es verdad que las TICs están presentes en la curricular de los profesorados, el uso del cañón es el los más pedido para la proyección de los PowerPoint donde se contendrá una síntesis de lo que queremos que los alumnos aprendan, esas filminas maravillosas que desplazaron las engorrosas laminas hechas a mano. Y ¿Eso es esto?, ¿Las capacitaciones a los docentes para que puedan incorporar nuevas estrategias didácticas, dónde? Capacitaciones de 45 minutos, para certificado de 0.50 pto, capacitaciones donde muchas veces, con suerte, el 25% presta atención. Es decir, la brecha sigue, habrá que esperar que los nativos se vuelvan adultos, docentes para acabar con la brecha.
Es por eso que deberíamos replantearnos la adecuación de ciertos contenidos del currículum para las nuevas tecnologías y en capacitar a los docentes para que pueda lograrse. A la vez de hacer hincapié en la educación en medios, cuyo objetivo sea forjar jóvenes que logren discernir entre la gran cantidad de información encontrada en la red, en pos de generar un pensamiento crítico y reflexivo frente a la abundancia.

domingo, 8 de mayo de 2022

El ahorro

No es pobre el que tienen poco, sino aquel
que tiene mucho desea todavía más.
¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar
tus bienes, sino en disminuir tu codicia.
Epicuro

¿Has nacido pobre? No importa. No te descorazones, que puedes llegar a ser rico. ¿Has nacido rico? Ten cuidado. No te envanezcas, que puedes llegar a verte en la pobreza.
Todo depende de la conducta que sigas desde joven. La rueda con que pintan a la Fortuna da continuamente vueltas, y sus rayos ora suben y ora bajan.
Quiere decir que hay nada tan voltario y mutable como los bienes de este mundo, y que es preciso mucha diligencia para alcanzarlos y mucha prudencia para retenerlos.
El dinero no es realmente otra cosa que un medio tangible y convencional que permite satisfacer una necesidad o un capricho.
Y como todos los hombres, cuanto más civilizados y más cultos sienten más necesidades y caprichos, les es indispensables disponer de dinero para satisfacerlos.
Con el trabajo podrás ganar dinero; pero si no eres económico en tus gustos; si inviertes tus
ganancias en innecesarias fruslerías, en costosos caprichos, en vanidosa ostentación o en arriesgados negocios, nunca podrás reunir un capital. Es como si tratases de llenar de agua un cesto de mimbre, que por mucha que eches en él siempre se escurrirá por las rendijas. Por esto se ha dicho que “la economía es el guardián del dinero, el ángel bueno que guía los pasos del hombre trabajador hacia la prosperidad y la bienandanza.”
Mayor será tu autoridad entre los hombres si, a una posición desahogada que te permita vivir con entera independencia, reúnes una cultura poco común, que puedes adquirir con el estudio.
Te conviene, pues, coordinar y metodizar tus trabajos y el régimen de tu vida de tal manera, que puedes dedicar tu atención y tu empeño a la consecución de estos dos fines: aumentar el caudal de tus conocimientos y labrarte una fortuna.
Es tanto como decir dos caudales, porque la cultura es también una riqueza: una se adquiere con el estudio y la observación; la otra, con el trabajo y la economía.

Arturo Cuyás y Armengol
Hojas Sueltas, pág. 27-28

miércoles, 4 de mayo de 2022

El libro y su lectura

Será siempre un acto grato y santo cubrir la desnudez y aliviar el hambre, con el lienzo y con el pan de la limosna; pero el don de nosotros mismos por la inteligencia y por el sentimiento, es el atributo de la caridad por excelencia. Los apóstoles recibieron como misión suprema, la de la enseñanza.
La sociedad moderna ha inventado la Biblioteca Popular, y estamos desde entonces todos llamados a participar en el apostolado sublime. El que da un libro para el uso del pueblo hace el pequeño don de su valor pecuniario, y enciende una antorcha perenne y abre una fuente de recursos y de elevados sentimientos. Dar un libro es casi nada; pero el libro dado, realiza la parábola de la semilla que los vientos arrastraron, que los pájaros del aire no comieron y que, cayendo en tierras extrañas fructificó bajo la bendición de Dios en fértiles cosechas.

El don sin precio puede revestir un valor infinito, porque fue un libro encontrado a la casualidad, el que infundió la perseverancia en el trabajo a Franklin y a Lincoln.
Cuando oigo decir que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él. Leer es mantener siempre vivas y despiertas las nobles facultades del espíritu, dándoles por alimento nuevas emociones, nuevas ideas y nuevos conocimientos.
Leer es asociarse a la existencia de sus semejantes, hacer acto de unión y fraternidad con los hombres. El que lee aunque se halle confinado en una aldea, vive del movimiento universal y puede decir que nada humano le es indiferente.
La naturaleza es pródiga en sorprendentes escenas, es maravillosos espectáculos, que el hombre sedentario no conoce, y que los viajeros contemplan con extática admiración. Los placeres sociales encantan al hombre, pero no siempre vienen a su encuentro ni dependen de su voluntad. Entre tanto, los placeres que proporciona la lectura son de todo tiempo y de cualquier lugar y son los únicos que pueden renovar a su albedrío.
El libro es enseñanza y ejemplo. Es luz y revelación. El joven obscuro puede ascender hasta el renombre imperecedero, conducido con Franklin por la lectura solitaria.
Enseñamos a leer y leamos. El alfabeto que deletrea el niño es el vínculo viviente en la tradición del espíritu humano puesto que le da la clave del libro que lo asocia a la vida universal. Leamos para ser mejores, cultivando los nobles sentimientos, ilustrando la ignorancia y corrigiendo nuestros errores, antes que vayan en perjuicio nuestro y de los otros a convertirse en nuevos hábitos.

Nicolás Avellaneda 
Hojas Sueltas, pág. 14-15

viernes, 22 de abril de 2022

El día del Trabajo

El trabajo es un beneficio de Dios.
Nos une a la naturaleza, que en su reproducción no interrumpida, trabaja perpetuamente en nuestro provecho.
Si el trabajo pesa como el deber, la ociosidad pesa como el fastidio.
El trabajo fatiga el cuerpo, pero la ociosidad fatiga el alma.
El trabajo regenera, cambia, purifica, eleva; la ociosidad degrada, hastía, envilece, corrompe.
La fatiga del trabajo encuentra alivio en el reposo; la fatiga de la ociosidad no tiene descanso, porque el hastío y el aburrimiento son enfermedades incurables.
El hombre laborioso goza en moderados placeres; el vago, recorre frenético los útiles y los perjudiciales, encontrando en el fondo de todos el mismo desabrimiento, la misma soledad...
En una palabra: no hay más felicidad que la virtud; no hay más mérito social que el trabajo. Sólo la virtud dignifica al hombre; sólo la virtud salva los pueblos.
La virtud ilumina el universo moral como el sol el universo físico; y el trabajo lo rodea de una apacible atmósfera, a cuyo través lanza ella rayos, que dan calor y vida a los corazones.

José Manuel Estrada
Tomado de Fuentes de vida de B.N.B. de Iacobucci y G.C. Iacobucci, pág 153

sábado, 12 de marzo de 2022

Vidas que fracasan

Este sentimiento de la vida que se acerca a su término, sin haber llegado a convertir, una vez, en cosa que dure, fuerzas que ya no es tiempo emplear, ¿quién lo ha expresado como Ibsen, ni dónde está como en el desenlace de "Peer Gynt", que es para mi el zarpazo maestro de aquel formidable oso blanco?
Peer Gynt he recorrido el mundo, llena la mente de sueños de ambición, pero falto de voluntad para dedicar a alguno de ellos las veras de su alma y conquistar así la fuerza de su personalidad que no parece. Cuando ve su cabeza blanca después de haber aventado el oro de ella en vana agitación., tras de quimeras que se han deshecho como el humo, este pródigo de sí mismo quiere volver al país donde nació. Camino a la montaña de su aldea, se arremolinan a su paso las hojas caídas de los árboles.
"Somos -le dicen- las palabras que debiste pronunciar. Tu silencio tímido nos condena a morir disueltas en el surco."
Camino a la montaña de su aldea, se desata la tempestad sobre él; la voz del viento le dice: "Soy la canción que debiste entonar en al vida y no entonaste, por más que, empinada en el fondo de tu corazón, yo esperaba una seña tuya".
Camino de la montaña, el rocío, que ya pasada la tempestad humedece la frente del viajero, le dice: "Soy las lágrimas que debiste llorar y que nunca asomaron a tus ojos, ¡necio, si creíste que por eso la felicidad sería contigo!".
Camino de la montaña, dícele la hierba que va hollando su pie: "Soy los pensamientos que debieron morar en tu cabeza; las obras que debieron tomar impulso de tu brazo; los bríos que debieron alentar tu corazón".
Y cuando piensa el triste llegar al fin de la jornada, el Fundidor Supremo -nombre de la justicia que preside en el mundo de la integridad del orden moral, al modo de la Némesis antigua- le detiene para preguntarle dónde están los frutos de su alma, porque aquéllas que no rinden fruto deben ser refundidas en la inmensa hornaza de todas, y sobre su pasada encarnación debe asentarse el olvido, que es la eternidad de la nada. ¿No es ésta una alegoría propia para hacer paladear por vez primera lo amargo del remordimiento a muchas almas que nunca militaron bajo la banderas de la acción?
¡Peer Gynt! ¡Peer Gynt!: tú eres legión de legiones.

José Enrique Rodo
Tomado de Fuentes de vida de B.N.B. de Iacobucci y G.C. Iacobucci, pág 224-226

viernes, 4 de marzo de 2022

Aire libre














-Hay que salir al campo -ha dicho papá-. Los chicos necesitan respirar un poco de aire puro. Iremos con ellos el próximo domingo si el día se presenta bien, y nosotros aprovecharemos para gozar del paisaje y del descanso.
Como el domingo esperando amaneció delicioso, tomamos un coche y nos alejamos de la ciudad por el camino que lleva hacia el talar y que bordea el arroyo.
Cantábamos y reíamos. Teníamos más ánimo que de costumbre y un mayor deseo de correr y saltar.
¡Qué delicia era aquello!: el cielo limpio, el aire perfumado, el campo verde, la tierra trabajada, los pájaros en fiesta, el arroyo saltarín y gracioso… ¡Así daba gusto vivir!
-¡Esto es salud!
-Dices bien. Aquí se olvidan, por un tiempo, las preocupaciones, el sol vivifica los tejidos del cuerpo y el aire limpia la sangre de impurezas. “La salud, pequeños, es asunto importante para el que la posee como para los demás. La salud corporal es buena, pero la verdadera salud del alma es aquella por la que debemos suspirar, y la bendición más grande que la tierra recibe del cielo.”

martes, 7 de abril de 2020

Efímera

“¡Mañana”, si, mañana, y aun mañana
Y después de ese seguirá otro día,
Corriendo todos con tenaz porfía
A perderse en la inmensa eternidad.

Asi pasan fugaces nuestras horas
En su curso monótono y medido,
Alumbrando el camino que al olvido
Conduce a la doliente humanidad.

Apenas llega un día y desvanece:
Efímero cual él, otro le sigue;
Y eterno el tiempo en su tarea prosigue
Arrollando a la vez lo que creo;

Y el hombre, convidado misterioso
De ese festín de muerte, pasa vano,
Como de arena imperceptible grano
Que el viento del desierto levanto.

M. Belzu de Dorado
Estudiante Argentino, pág. 156

jueves, 26 de marzo de 2020

20 cosas que la pandemia puso en evidencia

  1. Estados Unidos dejó de ser el país líder.
  2. China ganó la 3ra guerra mundial sin disparar ni un misil y nadie se dio cuenta. .
  3. Putín es un visionario.
  4. Los europeos no son tan educados y cultos como creemos.
  5. El personal de salud vale más que un futbolista.
  6. No estamos equivocados cuando pedimos más para hospitales, menos para políticos.
  7. Muchos jamás respetan las reglas.
  8. Los corruptos están de fiesta.
  9. La prevención salva más vidas.
  10. Los niños ocupan un lugar privilegiado para la naturaleza.
  11. La muerte no distingue raza, credo ni clase social.
  12. El sistema bancario es avaro.
  13. El trabajador de la salud está solo, abandonado y olvidado. Y aún así, nunca baja la guardia.
  14. NO estamos preparados para una pandemia. 🚫
  15. Sí hay plata para la salud! Sólo qué hacen la vista gorda.
  16. Las redes sociales nos acercan pero también son el medio para crear caos.
  17. El planeta se regenera rápidamente.
  18. Ahora los niños están siendo educados como libres pensadores por sus padres 🖐🏼
  19. Los humanos somos el verdadero virus.
  20. Ya sabemos que sienten los animales en los zoológicos. Hagamos que cierren!
ES CLARO... YA NO SEREMOS LOS DE ANTES...
Lo copié de por ahí...

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Ortografía (fragmento)

Será cuestión de idiosincrasia, o de educación, o de nervios, o tal vez, -algo ha de ser,- pero una palabra escrita con mala ortografía me hace el efecto de ese chirrido áspero e hiriente que suelen producir las ruedas de un tranvía en las líneas curvas de los rieles. 
Y no se crea por esto que pretendo echármelas de sabio ni de mero cultivador de la filología. No hay tal cosa; cultivo solamente las buenas formas como puede hacerlo cualquier hijo de vecino. No se requiere ser profesor de música para observar una desafinación, por más que haya sujetos para quienes la sucesión de sonidos armoniosos no sea otra cosa que el más soportable de los ruidos. 
Ahí, donde alguien vería con fruición y con encanto los colores abigarrados y chillones de una tela de brocha gorda, un espíritu más culto se limitaría a hacer la crítica mental de ese embadurnado y a apreciar el grado de potencialidad artística de su autor y de su dueño. 

A. Richieri. 
“El Estudiante Argentino” Pág. 71

sábado, 23 de noviembre de 2019

El diccionario

Todos los niños tienen un amigo silencioso del que no hacen caso y que les prestaría infinidad de servicios si se acostumbraran a interrogarlo: es el diccionario. 
No creáis que sea difícil de consultar: es cuestión de un poco de costumbre; los diccionarios son como las personas: no les agrada que los dejen olvidados y arrinconados; por eso, si no lo abrís sino rara vez, el vuestro se presta de mala gana a contestar, se le pegan las hojas y se esconde la palabra buscada en algún rincón donde cuesta mucho descubrirla. 
Pero en cuanto vea el diccionario que su dueño o su dueña lo consulta continuamente, como a un buen amigo en quien se tiene confianza, veréis que amable se vuelve, como se abren las páginas solitas en la palabra misma que hace falta y cuantas cosas interesantes os dice, y que ayuda tan eficaz os presta para aprender las lecciones. 
¿Por qué os cuesta tanto, a veces, aprender una lección cualquiera? Pues sencillamente porque no habéis comprendido, sino confusamente, algunas palabras y en vez de representar estas una idea clara, no evocan más que una imagen vaga que se borra muy fácilmente a pesar de que las repitáis infinidad de veces, porque cuesta mucho fijar en la memoria lo que no hemos fijado antes en la inteligencia. 
A la imagen confusa substituirá el diccionario una noción clara; gracias a ella percibiréis la relación estrecha que existe entre las diferentes ideas, y entonces no se escaparán las palabras de pronto, dejando un hueco imposible de llenar y obligándoos a callar. 
Cada palabra es como una cajita misteriosa que encierra varias ideas diferentes: el diccionario descorrerá el velo que esconde todas esas ideas y enriquecerá vuestra inteligencia. Es un amigo siempre pronto a respondes a todas vuestras preguntas y a enseñaros infinidad de cosas. No lo dejéis, pues, en olvido y veréis que generosamente os paga el interés que le demostréis. 

“El hogar de todos” pág. 50-51

miércoles, 6 de noviembre de 2019

La vida en el campo

Un alto en el campo Prilidiano Pueyrredón
El paraje es desierto y solitario; un mar de verdura nos rodea y nuestro rancho se pierde en este océano inmenso cuyo horizonte es sin límites. Aquí no se ven, como en otras regiones, ni montañas de nieve sempiterna, ni carámbanos gigantescos, ni cataratas espumosas desplomándose con ruido espantoso entre las rocas y los abismos. La naturaleza no presenta variedad no contraste; pero es admirable y asombrosa por su grandeza y majestad. Un cielo sereno y transparente, enjambres de animales de diversas especias, paciendo, retozando, bramando en estos inmensos campos, es lo que llama la vista, despierta la imaginación. 
He notado en mi tránsito que las gentes son sencillas y hospitalarias; siempre me han dado alojamiento en lo interior de sus reducidas chozas, como si no fuese un desconocido. Mis huéspedes me han hecho el mismo acogimiento y me han cobrado en dos días una afección y un cariño que no he podido adquirir con un trato largo y continuo en las ciudades. 

Esteban Echeverría
“El hogar de todos” pág. 57

lunes, 4 de noviembre de 2019

La Oportunidad (fragmento)

El tiempo es como la Esfinge griega, que mataba a los que no sabían interpretar el enigma de la vida. Y para indicar que el tiempo que se va inaprovechado no vuelve, los griegos tenían una estatua, que se ha perdido, pero cuya descripción se conoce por esta conversación que tuvo con un viajero: 

“-¿Cómo te llamas?” 
“-Me llamo la Oportunidad.”  
“-¿Por qué estás sobre la punta de los pies?”  
“-Para advertir que solo me detengo un momento.”  
“-¿Por qué tienes alas en los pies?”  
“-Para advertir que pasó rápidamente.”  
“-¿Por qué tienes el pelo tan largo sobre la frente?”  
“-Para que los hombres puedan atraparme cuando me encuentran.”  
“-¿Por qué, entonces, eres tan calva en la nuca?”  
“-Para manifestar que cuando he pasado ya no pueden agarrarme.” 
La oportunidad es el presente, que se va estéril al pasado, sin agregar nada a la vida del indolente o del incapaz de mejorar su ser, su valer o su haber… 

Agustín Alvarez 
“Letras” pág. 202

lunes, 28 de octubre de 2019

Los árboles

Si viajando alguna vez por llanuras interminables, bajo los rayos de un sol ardiente y sofocados por el calor, habéis divisado a lo lejos un árbol, una arboleda o un bosquecillo, es seguro que vuestro corazón se habrá sentido aliviado de la fatiga, ante la esperanza de hallaros muy pronto gozando de un grato descanso al amparo de la sombra. Y habréis mirado al árbol como a un viejo y buen amigo, siempre fiel y servicial. 
En efecto, los árboles nos prestan innumerables beneficios: nos dan su fruto para la alimentación; leña para nuestro hogar; maderas para nuestros muebles y para la construcción de casas, puentes, etc.; productos medicinales para conservar la salud y sombra para ampararnos contra los rigores del sol y la inclemencia de las tempestades. 
Ya los hombres de la antigüedad reconocieron las virtudes de los árboles, si bien no se cuidaron de protegerlos contra las devastaciones. Un proverbio árabe dice que un hombre no ha cumplido su misión en la tierra, “si no ha escrito un libro, o no tiene un hijo, o no planta un árbol.” Prueba esto que aun en los pueblos de civilización primitiva se amó a los árboles y se comprendió la importancia que tienen respecto de nuestra vida. 
Muchas especies de árboles son famosas; así los cedros del Líbano, con cuya madera el rey Salomón hizo construir en Jerusalén un templo magnífico; el sicomoro, árbol gigantesco que en los desiertos de África protege con su sombra a los que en ellos se aventuran; el ombú de nuestras pampas, que también sirve de asilo y amparo a los viajeros; el nogal de Italia, excelente para la fabricación de riquísimos muebles; el sándalo, de madera olorosa, muy estimado en el comercio de Oriente, desde tiempos remotos. 
Para honrar a las plantas, los griegos imaginaron una hermosa leyenda. Según ella, la diosa Ceres habría sido la iniciadora de los cultivos, enseñando a los hombres a arar la tierra e indicando los vegetales correspondientes a las distintas estaciones del año. El suelo, en un principio árido, adquirió así, según la leyenda, fecundidad, y la germinación de las semillas tuvo lugar gracias a la protección de aquella divinidad mitológica, que de este modo procuraba el bien del pueblo heleno, el cual, en reconocimiento de los dones recibidos, erigió un templo a la diosa. 
Pero no sólo el hombre sino todos los seres vivientes tienen motivos de gratitud para con los árboles, pues no se olvide que los animales hallan en ellos alimento y protección. Así, por ejemplo, no se concibe sin árboles la existencia de los pájaros. 
Es sabido, por otra parte, que los árboles atraen la lluvia, por lo que se explica que en las regiones cálidas la plantación de árboles sea afán primordial de los habitantes. 

“Cien Lecturas” pág. 196-198

sábado, 26 de octubre de 2019

La palabra

Sin la palabra no hay sociedad, y sin sociedad el hombre vale menos que el animal. No tenemos el instinto del pájaro, para buscar y entretejer con espartos, ramillas y lana, un pobre nido; está muy lejos de nosotros aquel instinto saber del castor, que en invierno fabrica su casa, defendiéndola de inundaciones; somos, en este punto, menos aún que la diminuta hormiga, amaestrada en el arte de ahondar el suelo para establecer allí asilo y trojes para sí y sus compañeras. 
Sin el vínculo de la voz, el trabajo de un hombre sería tal vez inútil para otro, que lo destruiría por ignorancia, y pasarían siglos y siglos y viviríamos en los huecos de las peñas o, a la más, en chozas salvajes. Por la palabra sabe el hombre que fueron los que vivieron antes, y quien los crió y que debe ser él, y unido el caudal de saber y de trabajo de este hombre y aquel, y el de la generación que precede con el de la que sigue –unas heredan a otras–, sabe más, y ejecuta más, y merece más y también goza más el que mejor sabe aprovechar la inteligencia herencia que ha recibido. El habla es la defensa, el respeto, la dulzura, la ley, el bien de la vida del ser que piensa. 

Hartzenbusch
“El hogar de todos” pág. 63

domingo, 20 de octubre de 2019

La maternidad

¿Recordáis, por ventura, los años de vuestra infancia? ¿Recordáis aquellas horas tranquilas en que libre el alma de pesares y el corazón de inquietudes, dejabais reposar vuestra cabeza en el regazo de una mujer? ¿Recordáis la ternura con que aquella mujer os acariciaba, estrechaba vuestras manos infantiles e imprimía sus labios en vuestra frente candorosa? ¿Recordáis cuántas veces enjugaba solícita vuestro llanto y os adormecía dulcemente al eco blanco de una balada de amor? ¡Oh, sí, lo recordáis! 
Los que tenemos la dicha de ver todavía a esa mujer sobre la tierra, la invocamos con cariño a todas horas. Su nombre está escrito en el corazón; es el nombre más tierno de cuantos encierra el diccionario. El nombre sólo de madre, nos representa a aquella mujer en cuyo seno bebimos el dulcísimo néctar de la vida; en cuyo regazo dejábamos reposar nuestra cabeza; aquella mujer que nos acariciaba; que oprimía entre las suyas nuestras manos; que enjugaba nuestro llanto; que nos mecía, en fin, en sus brazos, al eco blando de una balada de amor… 
¡Dichoso mil veces los que todavía podemos contemplarla con los ojos de la realidad! Vosotros lo que habéis perdido a vuestra madre, también podéis verla sin tenéis corazón y sentimiento. Podéis verla en el ensueño dorado de vuestra felicidad. Si el astro de la noche envía sobre la tierra su pálido resplandor, figuraos que el resplandor pálido del astro de la noche es la mirada tranquila y cariñosa que vuestra madre os dirige desde el cielo. 
Si a la caída de una tarde melancólica sentís en el valle un eco vago que se pierde a lo lejos, y que no es el canto de las aves, ni el murmurio de la fuente, arrodillaos: es el aleteo de la oración que por vosotros eleva vuestra madre. Si en noche apacible del estío acaricia vuestra frente una brisa consoladora, que no es la brisa de los campos no el hábito embalsamado de las flores, estremeceos de placer: es el beso de ternura que os envía vuestra madre. 
Aunque la muerte la arrebate, la madre no deja nunca de existir para vosotros los que tenéis corazón y sentimiento… 

Severo Catalina y del Amo 
“Cien Lecturas” pág. 240-241

lunes, 14 de octubre de 2019

Las flores

¿Quién no ha admirado un jardín? ¿Quién no se ha detenido junto a un parque donde ostentan sus múltiples galas las más variadas y preciosas flores? Más aún: el que haya tenido la oportunidad de atravesar los campos durante la primavera y el verano, habrá podido observar en medio de la grama una multitud de puntos coloreados: son las florecillas que adornan el paisaje de la campiña. Y una más atenta observación habrá descubierto, sin duda, numerosos árboles floridos; ora los frutales de cultivo, como el duraznero y el naranjo; ora los silvestres, que también florecen antes de fructificar, pues como es sabido, del seno de las flores nacerán luego el fruto y las semillas. 
Las flores constituyen un hermoso don de la naturaleza; los colores que lucen son infinitos y el pintor más hábil no lograría imitarlo con precisión; las formas de las corolas y la disposición de los pétalos son tan caprichosas en su variedad, que examinándolas nos hallamos siempre en presencia de bellezas que admirar y de matices singulares que no habríamos imaginado. 
¿Y qué diremos del perfume? También éste varía al infinito, desde la suavísima fragancia apenas perceptible para el olfato, hasta el aroma fuerte y penetrante, a veces desagradable. Muchas flores, sin embargo, carecen de perfume, o por lo menos nuestros sentidos no alcanzan a percibirlo. 
El color de las flores obedece a una ley natural de defensa y de conservación de las plantas. Merced a él son atraídas las aves y los insectos sobre las corolas, lo que facilita la propagación del polen, que a poblar el suelo con nuevas plantas. En efecto, el ave y el insecto, especialmente las mariposas y las abejas, al posarse en las flores para libar el néctar, mueven y desparraman el polen, que el viento se encarga de esparcir, o bien ellas mismas conducen a otras flores, en sus patitas y en sus trompas, operación que facilita la fecundación y multiplicación de las especies vegetales. 
Aparte el placer que ofrecen al espíritu mediante su aroma y la armonía y belleza de sus colores, las flores prestan grandes utilidades en la industria de la perfumería y en la medicina. 
La jardinería moderna ha realizado prodigios en el cultivo de las flores, produciendo nuevos tipos, admirables por la combinación de los matices. 
Las más vistosas y fragantes son oriundas de los climas cálidos; pero las regiones frías también poseen las suyas características. Algunas son simbólicas, como la del loto, la del cerezo y la del almendro, muy estimadas entre los japoneses, que les rinden respetuosa veneración. Hay otras flores que caracterizan las estaciones, siendo notable ejemplo la del duraznero, que anuncia los días templados y luminosos de la primavera. 
Poblar de flores los huertos y las ventanas es una manera de embellecer la vida y de cultivar la bondad del corazón. 

“Cien Lecturas” pág. 46-48