jueves, 21 de marzo de 2024

El cacto

Vive un cacto solitario
en una agreste región
y por el agua, a los cielos,
eleva humilde oración.

Las nubes oyen su ruego
y el agua cae lentamente.
¡Con qué fruición bebe el cacto,
gota a gota, ese presente!

Tiempo después, el regalo
retribuye con ternura:
son sus espléndidas flores
que miran a las alturas.

Publio A. Cordero
Revista Anteojito N°1567, pp.2
21 marzo 1995
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1567/page/n2/mode/1up

martes, 19 de marzo de 2024

A libro abierto

De tapa dura, de tapa blanda, con espiral, con agujeritos, sin dibujar, con dibujitos, tamaño baño, para el bolsillo, gordo o chatito; una pregunta... ¿qué es un libro?

Todo el mundo sabe como es un libro. Un "libro" es… un libro. Tiene forma de libro, tapas de libro y hojas de libro. ¡Un libro, bah! Pero un libro era una cosa muy diferente hace 6.000 años, sí, señor. Aún lo es para muchos pueblos que ni siquiera conocen libros como los que nosotros leemos. Y ni qué decir de los CD-ROM y demás informaciones que se leen directamente en la pantalla de las computadoras personales -¡Eh! -dirás vos- ¿será para tanto?- Y si, es. Con decirte que hay libros que no tienen tapas y que no tienen hojas, otros que tienen hojas nada más y otros que son pura tapa. Entonces, ejerm… ¿me repite la pregunta?

LOS LIBROS "PURA TAPA"
Los primeros libros que fabricó el hombre, hace unos 5.000 años, eran de arcilla, parecida a la que vos usas para modelar. Es que en la Mesopotamia asiática, donde ahora esta Irak, abundaba la arcilla blanda. Y a unos asiáticos muy inteligentes, los sumerios, se les ocurrió modelar unas tablitas con la arcilla como tapas para empanadas, pero un poco más gorditas. En esas tablitas escribían sus cartas, cuentas y testamentos. Las numeraban y guardaban en estantes y muchos de estos "primeros libros” se conservan aun hoy en día. ¿Te animás a fabricar tus propias "tablitas sumerias" con plastilina? ¿Qué “escribirías" en ellas con un punzón?

¡QUÉ ROLLO!
Otros pueblos de la Antigüedad, como los egipcios, escribían sus libros en hojas de papiro. A diferencia de las rígidas tablitas de arcilla sumerias, las hojas de papiro egipcias eran muy flexibles y se podían enrollar. Los egipcios "pegaban” varias hojas, unas con otras, y formaban hojas de papiro larguísimas. Mientras escribían las iban enrollando sobre la falda. Para leerlas seguían el camino inverso: las iban desenrollando a medida que avanzaban. Es decir, que lo que se escribía en último lugar era lo primero que se leía: ¡el titulo estaba al final! Estos rollos se reunían en bibliotecas. La más completa fue la biblioteca de la ciudad de Alejandría, en Egipto, que allá por el siglo I a. de C. llegó a tener, nada menos, que 700.000 rollos.

COMO PARA UNA ENSALADA
Para libros originales tenemos también los confeccionados en la India. ¿Sabes con que los hacían? ¡Con hojas de palmera! Cocinaban las hojas en leche y las dejaban secar antes de escribir sobre ellas. Cuando estaban "en su punto" las marcaban con estiletes puntiagudos. Luego esparcían hollín sobre las hojas y no lo ha cian de puro "sucios", sino que de esa forma la escritura se hacía más nítida. Más tarde se cocían las hojas unas con otras. De modo que para componer un libro, además de escritor, había que ser buen "cocinero" y "sastre. Por último, le ponían una tabla adelante y otra atrás para que las hojas no se dañaran -por si un elefante se las quería comer-. En el Nepal y Tailandia aun "escriben” así. Y, ¿dónde guardaran sus libros tan originales?

EL PERGAMINO ABRE EL CAMINO
La invención del pergamino fue un gran paso adelante en la historia del libro. El pergamino no es otra cosa que el pellejo de un animal como cabra o camero tratado especialmente. Era un material bastante costoso pues para confeccionar una sola hoja hacía falta la piel completa de un animal. Sin embargo, tenía dos grandes ventajas sobre las tablitas, el papiro y las hojas de palmera: en primer lugar, se podía escribir de los dos lados y así se ahorraba mucho "papel". En segundo lugar, era posible doblar y coser las hojas de manera que ocupaban mucho menos espacio. Los libros con hojas de pergamino se escribían en los conventos. Los monjes "dibujaban" letra por letra a mano y los decoraban con ilustraciones muy bellas y coloridas que, por supuesto, también pintaban a mano.

LOS LIBROS SIN TAPA NI HOJAS
El alemán Juan Gutenberg (1400-1468) tuvo una idea "impresionante": talló en madera letra por letra. Así podía combinarlas de diferentes maneras e "imprimir" tantos libros como quería. En otras palabras: inventó los "caracteres móviles". A partir de entonces, -siglo XV-, los libros inundaron todas las casas y es cuelas: manuales, Biblias, novelas, obras de teatro… ¡La edad de oro del libro! Cuando parecía que nada podía amenazar su reinado sobre la Tierra… aparecieron los CD-ROM. ¿Ci di qué? CD-ROM, una especie de disco compacto, pero para "leerto" en las pantallas de las computadoras personales. Puede almacenar unas 100.000 páginas de un libra "con hojas y con tapa". Pero... ¿es tan cómodo como un libro? ¿Se puede leer en el colectivo o en la sala de espera del dentista?

Revista Anteojito N°1619, pp.36-37
19 marzo 1996
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1619/page/n35/mode/1up

¿Jugamos a las bolitas?

Las bolitas son pequeñas esferas cristalinas de variado color con las que los chicos demuestran su habilidad y puntería. Es un juego muy antiguo, tanto que los romanos ya lo conocían. Allá por el siglo I antes de Cristo, lo difundieron por su vasto imperio. Ya en nuestro siglo, en el año 1926, los ingleses lo ascendieron de categoria y las clásicas bolitas dejaron de ser un juego solamente, para convertirse en un verdadero deporte. Los que practican este deporte con éxito se adueñan de las bolitas de sus adversarios, convirtiéndose en envidiados "coleccionistas".

Revista Anteojito N°1619, pp.4 
19 marzo 1996
https://archive.org/details/RevistaAnteojito161up9/page/n4/mode/1

Revista Anteojito N°1701, p.3 
3 de octubre 1997
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1701/page/n3/mode/1up

Una muñequita "espiritual"

En el sudoeste de los Estados Unidos habitó la tribu de los hopis. Entre sus costumbres existía la de confeccionar muñecos de diversa apariencia y tamaño: los kachina. Eran cómicos o terribles, con plumas o máscaras, con capas o botas, todo de vistoso color. Estos muñecos simbolizaban espíritus protectores que visitaban las aldeas. Pero, además, también fueron utilizados por las indiecitas para sus juegos. Actualmente se exhiben en museos y también en las vidrieras de las jugueterías para alegría de las chicas norteamericanas.

Revista Anteojito N°1619, pp.3
19 marzo 1996
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1619/page/n3/mode/1up


Revista Anteojito N°1701, pp.4
3 de octubre 1997
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1701/page/n4/mode/1up

sábado, 2 de marzo de 2024

Así nacieron las luciérnagas


En el mundo de los guaraníes había muchos dioses, pero dos eran los más importantes. Аñá era el dios del mal y Тuрá, el dios del bien. Un día en que el frio era muy fuerte, los indios encendieron muchas fogatas у se ubicaron a su alrededor para conversar amigablemente. Añá, al verlos tan unidos, decidió hacer una de sus habituales maldades y comenzó a soplar con furia para apagar las fogatas. Entonces intervino Tupá. Retuvo las chispitas que se desprendían de las hogueras y les dio vida. Así nacieron los bichitos de luz o luciérnagas, a las que los guaraníes dieron el nombre de Isondú. Los inquietos bichitos comenzaron a revolotear alrededor del sorprendido Añá. Se reían en las propias barbas de Añá “encendiendo” su indignación. Pero las fogatas se habían apagado y los guaraníes temblaban de frío. Condolido, Tupá bajó a la Tierra y volvió a encender el fuego. La cordialidad y la paz volvieron a геinar en las tribus. Añá, derrotado, se alejó de esos seres felices y volvió a sus oscuros dominios.
Desde entonces, los bichitos de luz iluminan las noches, imitando a las estrellas, y se ríen bajito cuando recuerdan la cara del malvado de Añá.

Revista Anteojito N°1512, pp.39
2 marzo 1994
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1512/page/n38/mode/1up