miércoles, 5 de abril de 2017

Bienvenida

Esta es mamá, Verónica, mamá que va a redescubrir el universo desde tus ojos nuevecitos. Mamá que te aprieta en sus brazos con un poco de miedo y una emoción tan grande que la hace temblar. Mamá que va a aprender muchas cosas a tu lado, esas cosas que vas a balbucear con tu hociquito de rosa, esas cosas que vas a señalar con tu índice crédulo, amasado con estrellas y espuma. Ahora tú eres la brújula que señala el Norte. No hay nada más importante que tú. 
Chiquita y hambrienta, ocupas todo el mundo. Donde tú estás no hay lugar para nada más. No hay más aire que tu aliento leve ni más tibieza que la de tu cuerpecito. No hay más luz que la que encienden tus pupilas cuando abres los ojos. Y tiene tanta fuerza tu minúscula presencia que ha borrado todo lo que estaba atrás. 
Ya no hay recuerdos, Verónica, solo cuenta la vida desde que naciste. 
Enero te trajo en su último día, te trajo acunándote en las casuarinas de plata y verde, te trajo palpitando en el corazón de pájaro que late en el verano. 
Fuiste una revelación y una sorpresa, la realización de un largo sueño, de una ansiedad florecida cada día. 
Yo te tenía preparado un nombre y una cuna. Hubiera querido tenerte preparado un mundo mucho mejor que este que te ofrezco... un mundo sin envidias, sin guerras, sin rencores; un redondo y luminoso mundo de paz y de trabajo. Un mundo de cocuyos brillantes, de globos de colores, de barriletes y ositos de felpa. 
Un mundo en el que nunca tuvieras que derramar una lágrima. Pero, no, no temas, nenita mía. No tengas miedo. 
Mamá está aquí, a tu lado. Te tiene fuertemente apretada. Así. Así. 
Mamá no sabe cantar, pero te canta. 
Mamá te defenderá. 
Y si tienes que equivocarte, las equivocaciones te servirán de experiencia. Y si tienes que sufrir, el sufrimiento te hará fuerte. Y si tienes que llorar –como podrás hacerlo sobre mi pecho siempre pronto para ti–, las lágrimas no serán tan amargas.
Mamá no pudo prepararte un mundo, Verónica, un mundo maravilloso... pero sí puede prepararte a ti para que sepas ver maravilloso este mundo lleno de defectos que te brinda. 
Esta es mamá, Verónica. Mamá, que hasta ayer nomás jugaba un poco a vivir, jugaba un poco a ser mujer. 
Mamá, que hasta ayer nomás jugaba a buscarte un nombre, a imaginarte un color de ojos, un color de pelo, hablaba “del hijo que va a venir” sintiendo tu presencia en su cuerpo, pero sin poder armar del todo tu rostro, como un rompecabezas al que le faltan algunos pedazos. 
Y te imaginaba como un juguetito, un adorno, una flor... y no sabía todo ese montón de cosas que ahora sabe. No sabía de esas noches custodiando tu cuna como un ángel guardián, oyendo tu respiración, estudiando tus movimientos, palpando tu llanto en su propia carne como algo que duele, que estremece... brindándose para tu hambre con esa magnífica certeza de que dependes de ella para todo, y con esa sublime emoción de sentir que te nutres de su savia.
Eso sí, tendrás que perdonarle a mamá los escarpines celestes, la pelota de colores, un nombre que suplantó por mucho tiempo al tuyo; tendrás que perdonarle un chico llamado Juan Pablo y su trayectoria de niño a hombre imaginada con todos sus pormenores: un tren eléctrico, un barrilete, un cuaderno de versos, un cigarrillo, un vaso de vino, una trasnochada con su ojera azul... 
También, y desde ahora, tendrás que empezar a perdonarle los errores que cometa contigo. 
Porque mamá te quiere, Verónica, pero hay muchas cosas de ti que ignora, que no sabe. 
Mamá quisiera ser sabia, ser adivina, ser un poco Dios... pero tiene que resignarse a su arquitectura llena de defectos y debilidades, tiene que empinarse sobre sus miserias, sobre sus escombros y desangrarse hasta llenarse de luz para que tú la veas, para que tú la ames, para que tú la admires.
Ahora no puedes entender esto porque eres muy chiquita. Pero mañana crecerás y mamá hará más lento su paso para poder caminar a tu compás y estar siempre a tu lado. 
Esta es mamá, Verónica, una mamá que quiere gustarte y hoy, en tu primer mes de vida te dice: Bienvenida. Y gracias, gracias de todo corazón.
Poldy Bird

martes, 4 de abril de 2017

El consejo maternal

Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día;
(aún parece que escucho en el ambiente
de su voz la celeste melodía).

Ven, y dime qué causas tan extrañas
te arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas pestañas,
como gota cuajada de rocío.

Tú tienes una pena y me la ocultas.
¿No sabes que la madre más sencilla
sabe leer en el alma de sus hijos
como tú en la cartilla?

¿Quieres que te adivine lo que sientes?
Ven para acá, pilluelo,
que con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.

Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije;
la causa de mis lágrimas ignoro,
pero de vez en cuando se me oprime
el corazón, y lloro.

Ella inclinó la frente, pensativa,
se turbó su pupila,
y, enjugando sus ojos y los míos,
me dijo más tranquila:

- Llama siempre a tu madre cuando sufras,
que vendrá, muerta o viva;
si está en el mundo, a compartir tus penas,
y si no, a consolarte desde arriba...

Y lo hago así cuando la suerte ruda,
como hoy, perturba de mi hogar la calma:
¡Invoco el nombre de mi madre amada,
y, entonces, siento que se ensancha el alma!

Olegario Victor Andrade
“El hogar de todos” pág. 175

jueves, 30 de marzo de 2017

Nenia (Canción Fúnebre)

En idioma guaraní,
una joven paraguaya
tiernas endechas ensaya
cantando en el arpa así,
en idioma guaraní:

¡Llora, llora urutaú
en las ramas del yatay,
ya no existe el Paraguay
donde nací como tú ­
¡llora, llora urutaú!

¡En el dulce Lambaré
feliz era en mi cabaña;
vino la guerra y su saña
no ha dejado nada en pie
en el dulce Lambaré!

¡Padre, madre, hermanos! ¡Ay!
Todo en el mundo he perdido;
en mi corazón partido
sólo amargas penas hay ­
¡Padre, madre, hermanos! ¡Ay!

De un verde ubirapitá
mi novio que combatió
como un héroe en el Timbó,
al pie sepultado está
¡de un verde ubirapitá!

Rasgado el blanco tipoy
tengo en señal de mi duelo,
y en aquel sagrado suelo
de rodillas siempre estoy,
rasgado en blando tipoy.

Lo mataron los cambá
no pudiéndolo rendir;
él fue el último en salir
de Curuzú y Humaitá ­
¡Lo mataron los cambá!

¡Por qué, cielos, no morí
cuando me estrechó triunfante
entre sus brazos mi amante
después de Curupaití!
¡Por qué, cielos, no morí!...

¡Llora, llora, urutaú
en las ramas del yatay;
ya no existe el Paraguay
donde nací como tú-
¡Llora, llora, urutaú!



Carlos Guido Spano

martes, 28 de marzo de 2017

La resolución

¿Qué yo escriba? No por cierto,
no me dé Dios tal manía,
antes una pulmonía,
primero irme a un desierto.
Antes que componer quiero
tener por esposo un rudo,
mal nacido, testarudo,
avariento y pendenciero;
educar una chiquilla
mimada, traviesa y boba;
oír vecina a mi alcoba
la Giralda de Sevilla.
Si yo compongo, mi rima
censure el dómine necio,
lea el sabio con desprecio
y un zafio cajista imprima.
Un muchacho la recite
con monótona cadencia,
la destroce en mi presencia,
oponga frases y quite.
¿Escribir yo? ¡Cielo santo!
Mal me quiere usted, don Juan.
¿Olvida usted el qué dirán
y a cuánto me expongo, a cuánto?
¡Oh!, no habrá quien me convenza,
bien puede usted argüir.
¿Una mujer escribir
en España? ¡Que vergüenza!
¿Pues no se viera en malhora
que la necia bachillera
hasta francés aprendiera?
Antes, Señor, las muchachas
no estudiaban ni leían
ni en toda su vida oían
esas palabras gabachas.
Y en lo de escribir... ¿ya!, ¿ya!,
para qué mamá quisiera;
¿por qué? Porque también era
muy ladina la mamá.
Pues como digo, Señor,
las muchachas no estudiaban;
pero, en cambio, cuál fregaban...
¡Barrían con un primor!
Hilaban como la araña,
amasaban pan, cernían,
y aquesto que no sabían
si el Godo invadió o no España.
¿Qué le importa a la mujer
de dó se explota el cacao;
si es pesca o no el bacalao
como lo sepa cocer?
¿Qué importa que el hijo tierno
le pregunte: "Madre mía,
el col cuando empieza el día,
dime, ¿sale del infierno?"
Y ella conteste: "No sé;
calle el rapaz; ¡qué pecado!
Un niño bien educado
nada pregunta, ¿está usted?
Mas, oye, creo, mi amor,
que cuando el sol desparece,
dentro del mar permanece
hasta el siguiente albor."
Y el niño que la escuchare
ya nada pregunta más.
Luego..., vaya Barrabás
y su entendimiento aclare.
Digan que la mujer es
la que influye en gran manera
en la educación primera
de la inocente niñez;
digan que toda impresión
que en esa edad recibimos
dura mientras existimos
fija en nuestro corazón;
digan que el materno labio
vierta con la religión
la primera ilustración,
que así se formará el sabio;
digan esto u otra cosa,
que nada habrá de perdido,
hasta digan que al marido
es igual su dulce esposa.
Esto de puro sabido
en mi patria se ha olvidado.
Si nos han menospreciado
es porque... Dios ha querido.
¿Y usted, amigo, quisiera
que una niña el canto alzara?
¿Qué yo en metro...? La pagara
bien cara si la hiciera.
Las masas horrorizadas
pondrían al cielo el grito,
tristes frase de mi escrito
en hora aciaga trazadas.
¡Cuál quedara mi persona
mordida por tanta boca!
Me llamaran necia, loca,
visionara, doctorona.
Sin amor ni compasión
algunos con tono ambiguo
dicen que de escrito antiguo
es copia mi concepción.
Algún otro maldiciente
chilla con acre ironía:
"Es más fea que una harpía
esa niña impertinente;
sin aseo la loquilla,
siempre a vueltas con Cervantes,
recitando consonantes
de Calderón o Zorrilla,
¿cómo podrá gobernar
bien su casa? ¡Es imposible!"
Cual si fuera incompatible
coser y raciocinar.
O cual si fuera mejor
en nuestros ratos de ocio
escuchar del amorío
el arrullo seductor
que no buscar afanosa
cómo mejor aprender
el responsable deber
de madre tierna y esposa.
Es mejor tarde y mañana
murmurar, andar, correr;
cual tabla de mercader
estar siempre en la ventana;
burlar sin fe ni pudor
el desvelo paternal,
el cariño conyugal.
¡Esto merece loor!
Anatema al escribir,
al meditar y leer!
Amigo, sólo coser,
o murmurar y dormir.


María Josefa Massanes

lunes, 27 de marzo de 2017

Vidrios de amor

Madre,
¿con cuántas lágrimas me forjaste?

he tenido tantas veces
la actitud de los árboles suicidas
en los caminos polvorientos y solos

secretamente, sin que lo sepas
debe dolerte todo
por haberme hecho así, sin una dulzura
para mis ácidos dolores

¿de dónde vine yo con mi fiereza
para conformarme?
yo no conozco la alegría
carroussel de niñez que no he soñado nunca

¡ah! – y sin embargo
amo de tal manera la alegría
como amarán las amargas plantas
un fruto dulce

madre
receptora alerta
hoy no respondas porque te ahogarías
hoy no respondas a mi llanto
casi sin lágrimas

hundo mi angustia en mí para mirar
la rama izquierda de mi vida
que no haya puesto sino amor
al amasar el corazón de mi hija
quisiera defenderla de mí misma
como de una fiera
de estos ojos delatores
de esta voz desgarrada
donde el insomnio hace cavernas

y para ella ser alegre,
ingenua, niña
como si todas las campanas de alegría

sonaran en mi corazón su pascua eterna.

Magda Portal