sábado, 4 de octubre de 2014

El Sapucay

Grito largo..., inconfundible,
a veces reto y soberbia,
a veces más que alborozo;
alarido de la tierra
que sube de sus entrañas
y en la sangre forcejea.
Voz total del correntino,
pendón, resabio y herencia.
aliento entre la picada
si el cachapé ya se queda
y son puntal del esfuerzo
cuando el pantano supera.
Pregón de sostén y alarde,
gozo domando a la bestia,
provocación insolente
invitando a la pendencia
cuando la caña se inflama
en odios..., en odios y borracheras.
Arabesco gutural
al chamamé y su cadencia,
y aplauso ingenuo y rendido
al mozo..., al mozo que zapatea
y una lección al caudillo
que va explotando miserias.
Voz de atavismo y de clima
que desahoga latencias,
rudo y bárbaro incentivo
que enardece y que libera.
la sangre así sacudida
corre mejor por las venas.
Franklin Rúveda

El Ahuizotl

El Ahuizotl es un animal mitológico de la mitología azteca. Se le representa como un coyote con manos y pies de mono, orejas puntiagudas con un pelaje gris resbaladizo. Vive en el agua pero cuando sale su cuerpo se eriza y forma espinas con su pelo. Su nombre dignifica perro de río. Su cuerpo es rematado con una larga cola que termina en una mano con la que coge todo lo que se acerca a las orillas de donde nace.
Cuando tenía la necesidad de alimentarse imitaba el llanto de un bebé para atraer personas a la costa. Si quería alimentarse de un pescador que estaba en su río o lago provocaba remolinos que hundía la embarcación.
Está al servicio de las divinidades de la lluvia. Su ataque quiere decir que los dioses han elegido a su víctima y este se encargaba de ''segar las almas y llevarlas al paraíso''. El cadáver aparecía siempre al tercer día, la criatura les había arrancado los ojos, las uñas y los dientes. Solo los sacerdotes podían tocar los cuerpos de los muertos y ver al Ahuizotl.

Naturaleza devorandó civilización











Si de Rudyard Kipling

Si puedes conservar tu cabeza, cuando a tu alrededor
todos la pierden y te cubren de reproches.
Si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti
los demás hombres y ser indulgente para con su duda.
Si puede esperar, y no sentirte candado con la espera.
Si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira.
Y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas
por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo.

Si puedes soñar, sin que los sueños, imperiosamente, te dominen.
Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único.
Si puedes encararte con el Triunfo y el Desastre y tratar
de la misma manera a esos dos impostores.
Si puedes aguantar que a la verdad por ti expuesta
la veas retorcida por los picaros
para convertirla en lazo de los tontos.
O contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho,
y agacharte y construirlas de nuevo,
aunque sea con gastados instrumentos.

Si eres capaz de juntar, en un solo haz, todos tus triunfos
y arriesgarlos, a cara o cruz, en una sola vuelta.
Y si perdieras, empezar otra vez, como cuando empezaste;
y nunca más exhalar una palabra sobre la perdida sufrida.
Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios
a que te obedezcan, aun después de haber desfallecido.
Y que así se mantengan, hasta que en ti no haya otra cosa
que la voluntad gritando "¡Persistid, es la orden!"

Si puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,
o alternar con reyes, y no perder tus comunes rasgos.
Si nadie, ni enemigos ni amantes amigos,
pueden causarte daño.
Si todos los hombres pueden contar contigo,
pero ninguno demasiado.
Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,
con el valor de los sesenta segundos de la distancia final,
tuya será la tierra y cuanto ella contenga.
Y, lo que vale más, serás un hombre hijo mío.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Pequeñas cosas (9/11)

Como podrían saber, el líder de una compañía sobrevivió al 11/9 porque su hijo empezó el kindergarten.
Otro tipo quedó vivo porque era su turno de traer donuts. 
Una mujer estaba tarde porque su reloj de alarma no sonó a tiempo. 
Uno estuvo tarde porque quedó atascado en el Turnpike de Nueva Yérsey por un accidente de auto. 
Uno de ellos perdió el bus. 
Una regó comida en el vestido y tuvo que gastar tiempo cambiándose.
El coche de uno no arrancaba. 
Uno se regresó a responder al teléfono. 
Una tenía a un niñito que perdía tiempo y no se alistaba tan pronto como debiera. 
Uno no podía coger un taxi.
El que me dejó atónito fue el hombre que se puso un nuevo par de zapatos esa mañana, tomó varios medios para llegar al trabajo pero antes de que llegara allí, se le creó una ampolla en su pie. Paró en una droguería para comprar una curita. Es por eso que está vivo hoy.
Ahora cuando estoy atascado en tráfico, pierdo el ascensor, me devuelvo a responder al teléfono que suena... todas las cositas que me molestan, me digo a mí mismo, esto es exactamente en donde se supone debo estar en este preciso momento.