Con clámide de perlas, blanca y pura
la noche se durmió: luz marfileña,
plateando e! ambiente, duerme y sueña
sobre el cristal del rio que murmura.
Ciñe el monte celeste vestidura,
y en la amorosa claridad sedeña
como un hilo de plata se diseña
el paso del Ensueño por la altura.
Blanca la noche está: trémula y clara
surge bajo la luna en mis sentidos
la imagen de las penas que olvidara;
y es la nostalgia de mis sueños idos
como una blanca sombra que pasara
delante de mis ojos adormidos…
Luis Fernan Cisneros
Yo sé que eres un ave fugitiva,
Un pez dorado que en las ondas juega,
Una nube del alba que desplega
Su miraje de rosa y me cautiva.
Sé que eres flor que la niñez cultiva
Y el hombre con sus lágrimas la riega,
¡Sombra del porvenir que nunca llega.
Bella a los ojos y a ¡a mano esquiva!
Yo sé que eres la estrella de la tarde
Oye ve el anciano entre celajes de oro
Cual postrera ilusión de su alma, bella;
Y aunque tu luz para mis ojos no arde.
Engáñame, ¡oh mentira!, yo te adoro.
Ave o pez, sombra o flor, nube o estrella.
Carlos Augusto Salaverry
Yo te busqué con mis ojos,
Yo te busqué con mis manos
En los profundos arcanos
Que tiene mi corazón;
Y no hallé en él ni tu sombra
Porque te habías huido,
Y estaba caliente el nido
Oye te sirvió de mansión.
En sus vastas soledades
Sólo encontré una memoria
De nuestra pasada historia.
Que al tocarla se perdió.
Y era el lúgubre epitafio
De mi amor, de mi ternura,
Y era la honda sepultura
Oye tu ingratitud labró.
Y, hubo silencio hubo calma
En su desierto infinito.
Y contemplé de hito en hito
Mis ilusiones de ayer,
Que en la bruma del pasado
Cadavéricas surgían,
Mas luego desparecían
Para nunca más volver.
Manuel Castillo
Brillan al sol poniente
los oxidados árboles de otoño,
y por la vieja carretera
el viento barre la hojarasca de oro…
Llora lueñe la esquila
de trashumante recua, por el hondo
camino… y mudo la contemplo
perderse, envuelta entre dorado polvo…
Como un mendigo viejo
descanso mi fatiga en este poyo,
bajo esta paz… y estoy tranquilo,
feliz lejos del mundo, solo…
Percy Gibson
La flor del tropical algodonero
no es más blanca que tú,
ni ante el cristal movible de tus ojos,
el cielo es más azul.
El cielo… ¡todos hablan de este cielo!
Inspiración común,
nada dice en favor de una belleza
cual la que tienes tú.
Al cielo un claro sol presta sus rayos;
ya es negro, ya es azul...
En tus ojos no hay noche; ellos son astros,
y al cielo de tu rostro le dan luz.
Carlos G. Amezaga