martes, 16 de noviembre de 2021

Los churrinches

Bastó una chispa pequeñísima para incendiar el árbol.
La trajo el viento. La incrustó en el tronco y el árbol solitario del camino se sintió herido. Sufrió en silencio. Retorció sus ramas. Quiso desprenderse de la tierra, huir… ¡Imposible! El fuego siguió horadando el tronco, aprovechando la corteza sin vida para prender con más fuerza.
Brotó una llama, después otra, y otra más. Las lenguas de fuego tomaron cuerpo, incendiaron las ramas, las hojas… Parecía un árbol de fuego clamando al cielo, desesperadamente, por la lluvia salvadora. Sufría por él, por los insectos, por lo pichones que clamaban en el nido.

¿Quién avisó a los padres de los pichones, el riesgo de muerte que corrían sus pequeños? ¿El viento? ¿El cielo?… Regresaron apresuradamente. Y arriesgándolo todo, se metieron entre las llamas, buscaron su nido y alcanzaron a sacar sus pichones y llevarlos en el pico hasta ponerlos a salvo. Pero de allí salieron encendidos como brasas.
Y así andan ahora por la vida, vestidos de héroes, los churrinches, a quienes los guaraníes llamaban “cuarahiyaras”, los dueños del sol.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Como en un libro nuevo

En el jardín soleado todo invita a cantar. ¡Cómo lucen sus flores los geranios y cómo cuchichean los gorriones!
Un picaflor se acerca a la corola abierta de un floripón, se adentra en ella quizá buscando néctar, pero su movimiento ha sido tan rápido que ya está afuera otra vez. Y se aleja en busca de una nueva corola.
-¡Qué hermoso!, ¿verdad?
-¡Hermosísimo! Mira, mira… Vuela hacia atrás… ¡Qué maravilla! Nunca me había dado cuenta de ello… ¿Habrá otro pájaro que vuele hacia atrás?… Yo no lo sé… ¿Lo sabes tú?
-No, no lo sé.
Ambas quedan pensando. De pronto, María Emilia, que todo lo observa, advierte:
-¡Cómo trabaja esta araña! Ahora mismo se le ha cortado el hilo que teje. Pero busca otra vez la punta. Trabaja para unirlo… Ya lo hace… ¡Y qué cosa! No se conoce dónde ha sido la unión… Continúa… ¡Ésta sí que es una tejedora hábil y prolija! No hay una sola falla en la tela… ¡Cuánto se aprende en la naturaleza!
-¿Qué me dices? ¿No te advertí que hasta en la música del chingolito encontrarías sabiduría?

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Ronda de los cuatro vientos

El gallo de la veleta 
gira de allá para acá.
Ronda de los cuatro vientos 
que no se cansan de andar.

Tiemblan las ramas de frío, 
de frío muere la luz.
Viene ahuyentando a las aves 
el viento blanco del Sur.

El viento del Este viste 
de rosa como un rosal.
Danzan las rosas alegres 
su danza primaveral.

Ronda de los cuatro vientos 
que no se cansan de andar.

Rojo de ardor y de fuego 
el viento Norte llegó.
¡Cómo canta la cigarra!
¡Cómo se agosta la flor!

Y el viento azul del Oeste 
no cesa de acariciar 
a las espigas de lino 
y a las cañas del maizal.

Ronda de los cuatro vientos 
que no se casan de andar.

Gaspar L. Benavento

jueves, 16 de septiembre de 2021

Vuelta de paseo

Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.

Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.

Con todo lo que tiene de cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.

Tropezando con mi rostro distinto cada día.

¡Asesinado por el cielo! 

Federico García Lorca
Poeta en Nueva York

jueves, 2 de septiembre de 2021

Por culpa de los números

Por culpa de los números
estuve siempre mal en todo cálculo.
Por no poder usar los logaritmos
la cuenta de mi vida se fue al suelo.
Jamás hallé mi siete
ni pude poner cifras a mis letras.
No supe el porcentaje de mis fraudes.
Tal vez por eso mismo
no tuve nada exacto.
Por no poder restar decimales
me fui llenando de humo,
de vientos y palomas
y nunca pude ser un tres resuelto.
Se me quedó en la nada
mi signo con tu máxima potencia.
mi signo con tu máxima potencia.
las gélidas fracciones del olvido.
Por culpa de los números
no me entendieron nunca
Por culpa de esas plagas
jamás hallé la ruta de la lógica,
jamás un mar tranquilo,
jamás un tiempo eterno.

Violeta Luna