miércoles, 10 de enero de 2024

La Naranja y el Limón

Iban juntos de la mano
la naranja y el limón.
Se bajaron de la planta
y cruzaron el portón.

Recorrieron todo el pueblo
entonando una canción,
y volvieron muy cansados
la naranja y el limón.

Horacio Guillén.
Revista Anteojito N°1557, pp.3
10 enero 1995
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1557/page/n2/mode/1up 

martes, 9 de enero de 2024

El colibrí

¡El príncipe del jardín!
Por ti se visten las rosas
con su traje carmesí.
¡Colibrí!
A todas besas y a todas
prometes tu corazón,
Rondaflor.
¡Pero ellas saben que no
te casarás, picaflor!

Fernando Luján
Revista Anteojito N°1609, pp.3
9 enero 1996
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1609/page/n2/mode/1up

miércoles, 3 de enero de 2024

¿Qué es "Kalila y Dimna"?

Nada más y nada menos que una de las obras literarias de mayor influencia en las antiguas letras castellanas. Esta obra fue escrita en la India en fecha bastante anterior al siglo VIII, en que un califa árabe la introdujera en España. Allí se difundió y encantó a sus poetas y hombres de letras y aun al resto de Europa. La causa no es tan extraña: "Kalila y Dimna" es una curiosa y fascinante colección de fábulas, cuentos y leyendas indicas de tanta fantasía como "Las mil y una noches". Según los eruditos, no existe otro libro de tan directa influencia en las literaturas neolatinas.

Revista Anteojito N°1556, pp.23
3 enero 1995
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1556/page/n23/mode/1up

martes, 2 de enero de 2024

Soy el gorrión

Estoy en todas partes: en el campo y en la ciudad; en los jardines, las plazas y las calles; en lo alto de los árboles y a ras del suelo. En invierno y en verano. Soy el más conocido de todos los pájaros. Soy el gorrión.


A TRAVÉS DEL OCÉANO
Mi figura es tan familiar que no necesito presentación, ¡Hace rato que somos amigos! Aunque no lo creas, yo soy un pájaro "importado". Los gorriones somos originarios de Europa. Allá por el año 1870, mis antepasados fueron traídos a la Argentina y se sintieron tan a gusto que se quedaron aquí. Los gorriones tenemos fama de pícaros porque aprovechamos el alimento de otros animalitos y, a veces, también nos adueñamos de nidos ajenos. En fin... Somos muy sociables y alegramos a los humanos con nuestra presencia y nuestro piar.
UN MENÚ VARIADO
Nos gusta andar en bandadas con gorriones amigos, pero volamos poco. Aunque somos muy resistentes al vuelo preferimos "pisar tierra". ¿Sabés por qué? Porque en ella encontramos un montón de cosas ricas: semillas, granos, frutas caídas, gusanos, alguna que otra plantita bien tierna, y también los sobrantes de alguna mesa bien puesta: migas, trocitos de carne... Nuestro pico fuerte y de forma cónica es típico de las aves granivoras, las que se alimentan de granos. Pero nosotros comemos de todo, por eso somos omnívoros.

NUESTRO RETRATO
Muchas aves emigran cuando llega el frío. Nosotros no. Poseemos un sistema de termorregulación mediante el cual nuestro cuerpo se adapta a las diferencias de temperatura. Hablando de otros temas, ¿te fijaste en nuestro plumaje? Todos somos de color pardo grisáceo, pero los machos tenemos una especie de corbata en un tono más oscuro. En cuanto a nuestras medidas son más o menos las mismas: alrededor de 12 a 14 cm de largo y un peso aproximado de 100 a 130 gramos.
VIDA DE HOGAR
Alguna vez habrás visto gorriones con una lana o un hilo en el pico. No creas que hacemos labores de aguja. Esos elementos los utilizamos junto con pajitas y plumas para construir nuestros nidos. Elegimos lugares altos en árboles, muros, viejos palomares, que sirvan de protección a los futuros pichones. Ahora mi compañera está incubando cuatro huevos de color verde claro, llenos de motitas. Estamos deseando que nazcan nuestros hijos para cuidarlos y enseñarles todo lo que sabemos. Bueno, me voy volando bajito. ¡Adiós!

Revista Anteojito N°1608, pp.24-25
2 enero 1996
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1608/page/n23/mode/1up

Shunko

Cuando el maestro llegó a mi rancho para llevarme a la escuela, me asusté tanto que quise salir corriendo.
Era un hombre alto y vestía como la gente de la ciudad. Sabía hablar muy bien y la quería convencer a mi mamá de que me mandara a la escuela.
Yo nunca había agarrado un lápiz y ni sabía dónde estaba parado. Todo lo que conocía era mi casa, un poco el pueblo, y las ovejas que cuidaba todos los días.

El maestro empezó a enseñarme despacito y con paciencia. Antes que escribir, tuve que aprender a hablar en castellano, porque el idioma que yo manejaba era el quechua.
Casi enseguida aprendí las letras, luego los números y de pronto me di cuenta de que podía escribir un montón de cosas. El mundo se me abrió de golpe y todo empezó a parecerme más interesante. La escuela, un rancho pobre, se fue poniendo linda con nuestro trabajo. Las plantas del patio comenzaron a crecer y el aula se puso más calentita y acogedora.
El maestro siempre tenía la palabra justa cuando había que poner orden. Alguna vez me habré enojado con él, pero después de un tiempo me daba cuenta de mi error. Lo que él me brindó en aquellos días a mí y los cuarenta salvajes de la escuela no se nos olvidará jamás.

Revista Anteojito N°1714, pp.27
2 enero 1998
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1714/page/n27/mode/1up