viernes, 30 de agosto de 2019

Para mí tu recuerdo


Para mí tu recuerdo es hoy como la sombra
del fantasma a quien dimos el nombre de adorada…
Yo fui bueno contigo. Tu desdén no me asombra,
pues no me debes nada, ni te reprocho nada.
Yo fui bueno contigo como una flor. Un día
del jardín en que solo soñaba me arrancaste;
te di todo el perfume de mi melancolía,
y como quien no hiciera ningún mal me dejaste…
No te reprocho nada, o a lo más mi tristeza,
esta tristeza enorme que me quita la vida,
que me asemeja un pobre moribundo que reza
a la Virgen pidiéndole que le cure la herida.

Arturo Borja 

martes, 6 de agosto de 2019

Nublos

Ausencia quiere decir olvido,
decir tinieblas, decir jamás.
Las aves pueden volver al nido,
pero las almas que se han querido,
cuando se alejan no vuelven más.

¿No te lo dice la luz que expira?
¡Sombra es la ausencia, desolación!
Si tantos sueños fueron mentira,
¿por qué se queja cuando suspira
tan hondamente mi corazón?

¡Nuestro destino fue despiadado!
La ausencia quiere decir nublado.
¡No hay peor infierno que haberse amado
para ya nunca volverse a ver!

¡Qué lejos se hallan tu alma y la mía!
La ausencia quiere decir capuz;
la ausencia es noche, noche sombría.
¿En qué ofendimos al cielo un día
que así nos niega su tibia luz?

Nuestras dos almas, paloma y nido,
calor y arrullo, no vuelven más
a la ventana del bien perdido.
¡La ausencia quiere decir olvido,
decir tinieblas… Decir jamás!

Fernando Celado

martes, 18 de diciembre de 2018

La mendiga del carrizal

Desde la cuesta bordeada por ancha carretera, se descubre el valle. Las casitas diseminadas se asientan como blancas palomas sobre el césped; la iglesia de la aldea alarga su campanario a las nubes, en muda oración, solitaria.

Sobre los campos y los árboles, el otoño estremece su manto de oro, bajo el cielo nublado. El ambiente es húmedo, casi tangible en su pesadez.
Por la carretera las jacas campanillean, arrastrando a los aldeanos endomingados de casinetas chillonas, a la feria de los trigos; las campanas tañen desde lejos, contando sus ecos a las lomas sin fin.
En un recodo del camino de la cuesta, sobre una geométrica piedra gris, sentada, descansa una mendiga. Su cabeza: copo de lana, despilfarrado al viento; en el sitio de los ojos: un globo rojo en el uno, una cuenca vacía en el otro; en ambos: dos párpados se sumen secos. Su rostro arrugado como corteza de algarrobo; sus manos, raíces nudosas, tiemblan, y por debajo de sus harapos indefinidos apuntan sus óseas fugitivas rodillas. Al son de las herraduras en las piedras extiende en curva trémula, su mano descarnada.
–Una limosna, por amor de Dios –dice. En su voz cavernosa, honda, como salida de un cántaro vacío, hay algo que sorprende. ¿La miseria o el crimen, la ahuecan? Oscuro enigma que obliga a meditar. ¿Qué pasión terrible habrá, tal vez, en la punta de un puñal, arrancado la luz de sus pupilas? Mujer, un tiempo joven, hermosa, quizás… Hoy: vieja, miserable; ¡hilacha de carne!
La Naturaleza, indiferente, mira quieta, rozando los sentidos, mientras la criatura, sombra dudosa, se aplasta con el peso de la existencia.

Rosa Bazán de Cámara.

sábado, 15 de diciembre de 2018

A una señorita el día de sus 15 años

Inocente Pilar; mi tierna amiga,
Sobre tus sienes su invisible mano,
El Padre de los cielos te bendiga
Desde su trono de oro soberano.

Hoy el sol de tu vida se levanta;
El alba ya pasó. Brilla en tu Oriente
Magnífica su luz; deslumbra, encanta,
¿Nunca una nube eclipsará su frente?

¡Ah! Quien pudiera detener la noche
Que los años traen yerta y oscura,
Y bajo eterno sol guardar en broche
La delicada flor de tu hermosura!

Ríe; canta feliz; sean tus horas
Gotas de agua de fuentes cristalinas,
Y sea de placer si inquieta lloras,
Tórtola de mis playas argentinas.

Guarda en tu corazón tan inocente
Por largo tiempo tu infantil sonrisa;
Y al adormirse tu virgínea frente
Sueña por tu jardín lirios y brisa.

De hora en hora tan libre como hermosa
Juega con tus canciones y tus galas,
Como juega la blanca mariposa
De flor en flor sin espinar sus alas.

Y como ella se escapa de los suelos
Embriagada en el ámbar de las flores,
Tu alma, soplo de Dios, alce sus vuelos
Al Padre de tus cándidos amores.

Pilar, y acaso si llegara un día,
Allá en el vuelco de lejanos años,
En que oprimiesen con su mano impía
Tu noble corazón los desengaños;

Mira estas hojas pálidas, sin nombre,
Con que oso coronar tus quince abriles:
Y busca luego sin temor al hombre
Que sonrió a tus años juveniles.

Jose Marmol 

lunes, 10 de diciembre de 2018

El pastor de estrellas

En el risco más solo y escarpado
De la sierra distante,
Vive un pastor de cabras, ignorado
De todos, e ignorante.

Resplandece en los ojos del cabrero
La gloria de la cumbre,
Y del naciente sol es el primero
Que recibe la lumbre.

Con una áspera piel de su rebaño
Cubre sus desnudeces,
Y se alimenta, tal un ermitaño,
De raíces y nueces.

Libre como las águilas salvajes,
Odia la tierra baja,
Y duerme bajo plácido follajes
Sobre un lecho de paja.

Como nunca a los riscos de la sierra
Se aventura el viandante,
Imagina el pastor que de la tierra
Es el solo habitante.

No sabe del idioma de los hombres
Sino medias palabras,
Y llama a las estrellas con los nombres
Que le ha puesto a sus cabras.

Y así, a la luz vaga del lucero
En las cumbres aquellas,
Más que un pastor de cabras, el cabrero
Es un pastor de estrellas…

Federico Mistral 
(Trad. de T. Llorente)