miércoles, 11 de mayo de 2022

Amable y silencioso

Amable y silencioso, ve por la vida hijo.
Amable y silencioso como rayo de luna…
en tu faz, como flores inmateriales, deben
florecer las sonrisas.

Haz caridad a todos de esas sonrisas, hijo.
Un rostro siempre adusto, es un día nublado,
es un paisaje lleno de hosquedad, es un libro
en idioma extranjero.

Amable y silencioso, ver por la vida, hijo,
escucha cuanto quieran decirte, y tu sonrisa
sea elogio, respuesta, objeción, comentario,
advertencia y misterio.

Amado Nervo
Hojas Sueltas, pág. 41

domingo, 8 de mayo de 2022

El ahorro

No es pobre el que tienen poco, sino aquel
que tiene mucho desea todavía más.
¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar
tus bienes, sino en disminuir tu codicia.
Epicuro

¿Has nacido pobre? No importa. No te descorazones, que puedes llegar a ser rico. ¿Has nacido rico? Ten cuidado. No te envanezcas, que puedes llegar a verte en la pobreza.
Todo depende de la conducta que sigas desde joven. La rueda con que pintan a la Fortuna da continuamente vueltas, y sus rayos ora suben y ora bajan.
Quiere decir que hay nada tan voltario y mutable como los bienes de este mundo, y que es preciso mucha diligencia para alcanzarlos y mucha prudencia para retenerlos.
El dinero no es realmente otra cosa que un medio tangible y convencional que permite satisfacer una necesidad o un capricho.
Y como todos los hombres, cuanto más civilizados y más cultos sienten más necesidades y caprichos, les es indispensables disponer de dinero para satisfacerlos.
Con el trabajo podrás ganar dinero; pero si no eres económico en tus gustos; si inviertes tus
ganancias en innecesarias fruslerías, en costosos caprichos, en vanidosa ostentación o en arriesgados negocios, nunca podrás reunir un capital. Es como si tratases de llenar de agua un cesto de mimbre, que por mucha que eches en él siempre se escurrirá por las rendijas. Por esto se ha dicho que “la economía es el guardián del dinero, el ángel bueno que guía los pasos del hombre trabajador hacia la prosperidad y la bienandanza.”
Mayor será tu autoridad entre los hombres si, a una posición desahogada que te permita vivir con entera independencia, reúnes una cultura poco común, que puedes adquirir con el estudio.
Te conviene, pues, coordinar y metodizar tus trabajos y el régimen de tu vida de tal manera, que puedes dedicar tu atención y tu empeño a la consecución de estos dos fines: aumentar el caudal de tus conocimientos y labrarte una fortuna.
Es tanto como decir dos caudales, porque la cultura es también una riqueza: una se adquiere con el estudio y la observación; la otra, con el trabajo y la economía.

Arturo Cuyás y Armengol
Hojas Sueltas, pág. 27-28

miércoles, 4 de mayo de 2022

El libro y su lectura

Será siempre un acto grato y santo cubrir la desnudez y aliviar el hambre, con el lienzo y con el pan de la limosna; pero el don de nosotros mismos por la inteligencia y por el sentimiento, es el atributo de la caridad por excelencia. Los apóstoles recibieron como misión suprema, la de la enseñanza.
La sociedad moderna ha inventado la Biblioteca Popular, y estamos desde entonces todos llamados a participar en el apostolado sublime. El que da un libro para el uso del pueblo hace el pequeño don de su valor pecuniario, y enciende una antorcha perenne y abre una fuente de recursos y de elevados sentimientos. Dar un libro es casi nada; pero el libro dado, realiza la parábola de la semilla que los vientos arrastraron, que los pájaros del aire no comieron y que, cayendo en tierras extrañas fructificó bajo la bendición de Dios en fértiles cosechas.

El don sin precio puede revestir un valor infinito, porque fue un libro encontrado a la casualidad, el que infundió la perseverancia en el trabajo a Franklin y a Lincoln.
Cuando oigo decir que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él. Leer es mantener siempre vivas y despiertas las nobles facultades del espíritu, dándoles por alimento nuevas emociones, nuevas ideas y nuevos conocimientos.
Leer es asociarse a la existencia de sus semejantes, hacer acto de unión y fraternidad con los hombres. El que lee aunque se halle confinado en una aldea, vive del movimiento universal y puede decir que nada humano le es indiferente.
La naturaleza es pródiga en sorprendentes escenas, es maravillosos espectáculos, que el hombre sedentario no conoce, y que los viajeros contemplan con extática admiración. Los placeres sociales encantan al hombre, pero no siempre vienen a su encuentro ni dependen de su voluntad. Entre tanto, los placeres que proporciona la lectura son de todo tiempo y de cualquier lugar y son los únicos que pueden renovar a su albedrío.
El libro es enseñanza y ejemplo. Es luz y revelación. El joven obscuro puede ascender hasta el renombre imperecedero, conducido con Franklin por la lectura solitaria.
Enseñamos a leer y leamos. El alfabeto que deletrea el niño es el vínculo viviente en la tradición del espíritu humano puesto que le da la clave del libro que lo asocia a la vida universal. Leamos para ser mejores, cultivando los nobles sentimientos, ilustrando la ignorancia y corrigiendo nuestros errores, antes que vayan en perjuicio nuestro y de los otros a convertirse en nuevos hábitos.

Nicolás Avellaneda 
Hojas Sueltas, pág. 14-15

viernes, 22 de abril de 2022

El día del Trabajo

El trabajo es un beneficio de Dios.
Nos une a la naturaleza, que en su reproducción no interrumpida, trabaja perpetuamente en nuestro provecho.
Si el trabajo pesa como el deber, la ociosidad pesa como el fastidio.
El trabajo fatiga el cuerpo, pero la ociosidad fatiga el alma.
El trabajo regenera, cambia, purifica, eleva; la ociosidad degrada, hastía, envilece, corrompe.
La fatiga del trabajo encuentra alivio en el reposo; la fatiga de la ociosidad no tiene descanso, porque el hastío y el aburrimiento son enfermedades incurables.
El hombre laborioso goza en moderados placeres; el vago, recorre frenético los útiles y los perjudiciales, encontrando en el fondo de todos el mismo desabrimiento, la misma soledad...
En una palabra: no hay más felicidad que la virtud; no hay más mérito social que el trabajo. Sólo la virtud dignifica al hombre; sólo la virtud salva los pueblos.
La virtud ilumina el universo moral como el sol el universo físico; y el trabajo lo rodea de una apacible atmósfera, a cuyo través lanza ella rayos, que dan calor y vida a los corazones.

José Manuel Estrada
Tomado de Fuentes de vida de B.N.B. de Iacobucci y G.C. Iacobucci, pág 153

viernes, 1 de abril de 2022

El boyero


-Buenos días, boyero. ¿Trabajando siempre?
-Salud, amigo carpintero… Trabajando, ya lo ves… Un hilo aquí, otro hilo allá… Cruzando estos otros… Cuesta hacer el nido, ¿verdad? Pero, ¿no importa! Hay que hacer abrigada la casa propia. Después vendrán los hijos, y no quisiera que llegara el invierno y me encontrara sin haberle dado fin. Perdóname, amigo carpintero; si continúo hablando no haré nada.
Y el boyerito renegrido iba y venía con cerdas en el pico, y sin decir palabra, continuaba su labor.


-Es raro -decían los pájaros-. No canta mientras trabaja.
-No ha tenido tiempo para aprender. Necesita del pico como de una aguja para entretejer su nido.
-¡Y qué bien lo hace!
-Es tan artista como un hornero.
-¡Lástima que no sepa cantar!
-Le enseñaremos. Cuando haya terminado su labor vendremos a explicarle el secreto del gorjeo y del trino.
-¿Y aprenderá?
-Claro, que aprenderá.
Y así fue. Cuando terminó su labor y se quedó a descansar próximo al nido, los pájaros se le acercaron.
-¿Te agradaría aprender a cantar?
-Ya lo creo. ¿Me enseñarán?
-Te enseñaremos. 
Primero fue el zorzal su maestro. Imitó a la perfección sus silbidos; y aprendió a gorjear como la calandría, y a trinar como el jilguero. Aprendió de todos los pájaros, y con todos suele tener largos contrapuntos de armonías.