jueves, 17 de octubre de 2024

Primavera

Abril, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas, aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre exaltarás la primavera.
Eres la primavera verdadera;
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recondita ladera.
¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi corazón recogerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa,
tu luz se dormirá sobre mi frente...

Juan Ramón Jiménez
Revista Anteojito N°1597, pp.12
17 octubre 1995
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1595/page/n11/mode/1up

martes, 15 de octubre de 2024

La torre más alta

La torre, madre, más alta
es la torre de aquel pueblo.
La torre de aquella iglesia
hunde su cruz en el cielo.

Dime, madre, ¿hay otra torre
más alta en el mundo entero?
…Esa torre sólo es alta,
hijo mio, en tu recuerdo.

Tu brazo de siete años
alcanzaba sin esfuerzo
una piedra a sus campanas.

¿Te acuerdas, hijo? …Me acuerdo;
pero la torre más alta
del mundo, es la de aquel pueblo.

B. Fernández Moreno.

Revista Anteojito N° 2,
15 Octubre 1964
https://archive.org/details/anteojiton215octubre1964

domingo, 13 de octubre de 2024

Las manos

El niño tiende la mano;
su mano aferra mamá...
Dos manos entrelazadas
¡cuánto nos hacen pensar!

Pensamos en el amor,
en la unión, en la amistad,
en el trabajo, en la ayuda,
en el mañana... en la paz.

Cuando dos manos se estrechan,
la sonrisa echa a volar
y sueñan sueños los niños
en brazos de sus mamás.

Estrechemos nuestras manos,
que ya es hora de empezar
a transformar a la Tierra
en un verdadero hogar.

Publio A. Cordero
Revista Anteojito N°1492, pp.2
13 octubre 1993
https://archive.org/details/23a_20230103_20230103/03.jpg

jueves, 10 de octubre de 2024

Los duendes del campo

La fresca lluvia cae 
sobre los maizales
y por entre los surcos
pequeñas sombras salen.

Juguemos a chapotear
en los charquitos solitarios,
exclama el duendecito temerario.

Juguemos a trabajar
ensilando el grano,
sugiere el duende más anciano.

Pequeños seres,
trabajadores del campo,
dejen de jugar -gruñe el trueno-
que se avecina el señor relámpago.



María Alejandra D'Alessandria
Revista Anteojito N°1596, pp.2
10 octubre 1995
https://archive.org/details/RevistaAnteojito1596/page/n2/mode/1up

martes, 8 de octubre de 2024

El hueco del gato manco

Recuerdo que en aquel tiempo aún había muchos terrenos baldíos en los barrios de Buenos Aires. Los llamaban "huecos", con diferentes sobrenombres según sus características: el del pozo, el del arbolito, los tachos, etcétera. En ellos solíamos penetrar en nuestras correrías de pequeños traviesos, buscando "huevitos de gallo". Así llamábamos a unas plantas que crecían entre yuyos y malezas, y cuyo fruto semejante a un huevecillo de color marfil, tenía un gusto dulzón muy particular.
Una tarde, con dos compañeritos de aventuras, penetramos en uno de esos huecos, el que llevaría luego el nombre de nuestra historia. Andábamos en busca de frutos cuando vimos en un rincón, junto al muro, acobardado y mirando con ojos lastimeros, a un gato manco. Aún le sangraba la patita. Quién sabe qué extraño accidente habría sufrido. Compadecidos de él fuimos en busca de alimentos, y luego de tranquilizarlo con nuestras caricias, le construimos con ramas y lata un pequeño refugio.
Todos los días, hiciera o no buen tiempo, le llevábamos de comer, y allí lo hallábamos casi siempre en la precaria cuevita, atento a nuestra llegada.
Una tarde lluviosa que jugábamos en el zaguán de casa, nos acordamos del pobre gato y, a pesar del tiempo y la mojadura, fuimos a verlo. Al llegar nos sorprendió encontrarlo fuera de la casilla, mojándose con la fina llovizna. Al acercarnos oímos débiles maullidos. Enseguida comprobamos que el animalito había cedido su refugio a alguien más desgraciado que él: una pobre gatita con dos hijitos recién nacidos, abandonada y huérfana de todo afecto.
Siempre recuerdo a aquel pobre gato manco, con su mirada triste, mojándose bajo la lluvia.
Ricardo L. Castaño (Capital)

Revista Anteojito N°1, pp. 18
8 Octubre 1964
https://archive.org/details/anteojiton18octubre1964/page/n17/mode/2up