miércoles, 28 de noviembre de 2018

Melodía vespertina

Hunde en ocaso el sol su frente de oro;
En roja pira el horizonte inflama,
Y entre las nubes, al partir, derrama
En ráfaga de iris su tesoro.

Allá distante, con clamor sonoro,
Pausada esquila a la oración nos llama:
Naturaleza tiembla, y sueña, y ama,
En los murmullos de su inmenso coro.

Pardo manto obscurece el hemisferio,
Y de la vida el bullicioso alarde
Cede al desmayo de su blando imperio.

Luz de recuerdos en las mentes arde;
Y en la paz de los campos y el misterio,
Se alza en silencio el canto de la tarde.

Calixto Oyuela

martes, 27 de noviembre de 2018

Motivo del alfarero

Alfarero, yo he visto tus manos
Como dos ideas modelar arcilla.

Tras la curva de un ánfora grácil
Como el torso móvil de las odaliscas,
Temblaban tus dedos nerviosos,
Tus dedos de artista.

Y en las rosas del vientre combado
Y en los dos dragones del asa, lucía
Todo el fuego divino que el arte
Volcó en tus pupilas.

Tú ignorabas si en ella la suerte
Manojos de flores suntuosas pondría,
O si manos brutales, acaso,
Rompiéranla en trizas…

La soñabas en nobles jardines
Sobre pedestales de pórfido erguido,
Con abrazos de hiedra en su cuello,
Con rosas divinas.

Y pensé que todos somos alfareros;
Pensé que la vida
Era dócil barro gastado en mil ánforas
De esencia distinta.

Nuestras ilusiones son frágiles copas
Y nuestros ensueños son vasos de arcilla:
¿Qué pondrá en las ánforas el torvo destino?
¿Qué pondrá en los vasos el hada madrina?

Tal vez el destino las colme de rosas;
Tal vez para siempre se queden vacías…
T
al
 vez otras manos
Las partan en trizas…

Y así caminamos, pobres alfareros;
Así convertimos la sagrada arcilla
En copas desiertas, en vasos fecundos,
O quizás en trozos de ánforas perdida…

Leopoldo Marechal

lunes, 26 de noviembre de 2018

Canción de soledad

Cuida tu soledad como se cuida
La mejor planta del jardín querido,
Que no tejan en ella las arañas
Ni se amparen en ella los vampiros.

Si miras deslizarse contra el muro
Como sombra de crimen, una sombra,
Piensa que la calumnia anda en tu acecho
Y cierra tu ventana hasta la aurora.

Si en tus umbrales gimen y suplican
Pordioseros sin fin el pan y el agua,
Sacia el hambre y la sed de esos mendigos
Sin exigirles que te den las gracias.

No te empeñes en ser ante las gentes
Más austero, más santo, más virtuoso;
Se como debes ser, sin preocuparte
De si eres más o menos que los otros.

Cuando sientas dolor vive en ti mismo;
Vive en ti mismo cuando sientas odio;
Si sientes soledad cierra tus puertas,
Nunca estarás mejor que estando sólo.

No pienses en morir de cierto modo,
Resígnate a morir tal como puedas;
Trata de no dejar después de muerto
Oro y perfidias en fatal herencia.

¡Ama sin tregua, con pasión, sin freno!
¡Ríe si hay que reír, la risa es grata!
Y vive sin saber que a todas horas
La muerte ronda tu florida estancia.

Mario Bravo

viernes, 23 de noviembre de 2018

El vendedor de naranjas

Muchachuelo de brazos cetrinos
Que vas con tu cesta,
Rebosando naranjas pulidas
De un caliente color ambarino;

Muchachuelo que fuiste a las chacras
Y a los árboles amplios trepaste
Como yo me trepaba cuando era
Una libre chicuela salvaje;

Ven acá, muchachuelo, yo ansío
Que me vuelques tu cesta en la falda.
Pide el precio más alto que quieras.
¡Ah, qué bueno el olor a naranjas!

A mi pueblo distante y tranquilo,
Naranjales tan prietos rodean,
Que en Agosto semeja de oro
Y en Diciembre de azahares blanquea.

Me críe respirando ese aroma
Y aún parece que corre en mi sangre.
Naranjitas pequeñas y verdes
Siendo niña, enhebraba en collares.

Después, lejos llevóme la vida.
Me he tornado tristona y pausada.
¡Qué nostalgia tan honda me oprime
Cuándo siento el olor a naranjas!

Si a otro pago muy lejos del tuyo,
Indiecito, algún día te llevan,
Y no eres feliz, y suspiras
Por volver a tu vieja querencia,

Si una tarde, en un soplo de viento,
El sabor a tus montes te asalta,
¡Ya sabrás, indiecito asombrado,
Lo que es la palabra “nostalgia”.

Juana de Ibarbourou

jueves, 22 de noviembre de 2018

El gaucho

El gaucho nace y se desenvuelve en presencia de una naturaleza amplia, abierta, inconmensurable y este espectáculo, presente siempre a su espíritu, favorece, sin duda, el desarrollo vigoroso del sentimiento de la personalidad. Necesita, para vivir, dominar el corcel que vuela bajo su impulso, matar el toro de cuya carne se alimenta, soportar perpetuamente el sol, las lluvias, los huracanes impetuosos como un soplo pujante de la eternidad. De ahí su coraje, su arrojo, su firmeza. 

Pero aquel desierto donde sólo puede uno ampararse de los rayos del sol bajo los pocos árboles que derraman su sombra sobre la faz de la pampa, como si fueran nubes venidas de los cielos para templar en algo los rayos de la luz, según la expresión del poeta; esa naturaleza donde discurren el toro y el potro, que es necesario matar y domar para vivir y moverse, tiene otros aspectos que inspiran sentimientos de una índole diversa de los que explican los rasgos varoniles de la fisonomía del gaucho. Por las tardes, cuando el sol se esconde majestuosamente entre rojizas nubes, como el rey de la creación envolviéndose en una púrpura incomparable; cuando al sombras se extienden sobre la llanura; cuando el silencio misterioso de la pampa es sólo interrumpido por los gritos del tero y del chajá, y las melancólicas estrellas comienzan a brillar en el purísimo azul de un cielo sin fin, parece que el alma hallase, por momentos, en el desierto, una especie de crepúsculo de la gloria, destinado a las más tiernas efusiones del sentimiento y a esas meditaciones severas en que vislumbramos los contornos del mundo prometido. La luz que se va, las nubes ligeras que flotan en la atmósfera como velos de ángeles invisibles, la brisa perfumada que riza la verde grama semejante a un mar de esmeralda, los sordos rumores, la solemne quietud de la inmensa soledad, todo convida al amor, a la esperanza, a la melancolía; todo suscita y despierta es vida recóndita del mundo interior, nunca más activa y poderosa que en las horas en que la vida externa pareciera extinguirse. Por eso el gaucho es amante, por eso es músico y poeta. 

Pedro Goyena.