miércoles, 23 de septiembre de 2020

Nueva Escuela 17: Lengua Aclaración terminológica

Aclaración terminológica 
En el aparato referido a la coherencia textual, en este mismo trabajo, se habló de “modelos convenidos socialmente para los diferentes tipos de textos” y se los nombró como superestructuras textuales (Van Dijk los llama así en La ciencia de los textos) La participación, tanto de la teoría lingüística como de la didáctica de la lengua, por definir la especificidad de cada tipo de texto lleva, a veces, a diferencias de terminología. Según la bibliografía con la que se trabaje, se encontrarán nombrados los modelos textuales como “superestructuras”, “géneros discursivos”, “variedades discursivas”, “formatos discursivos”, “siluetas discursivas”. 

Clasificación tradicional de los textos 
“Una tipología elemental existe en el campo de la literatura. Es la clasificación en “géneros”, sea en los tres tradicionales, lirica, épica, drama o en los más recientes y complejos.” (Bernárdez, 1982) 
Pero el concepto de género no es posible restringirlo al terreno de la literatura. A la lingüística del texto le importa cualquier clase de texto, literario o no. 

Funciones del lenguaje 
Jakobson considera que en todo acto de comunicación intervienen seis componentes, cada uno de los cuales da lugar a una función lingüística diferente:

Definimos brevemente las funciones: 
· La función emotiva o expresiva está centrada en el emisor y en su actitud respecto de lo que habla. Tiene en cuenta que en toda emisión verbal hay marcas del sujeto que la produjo. 
· La función apelativa o conativa marca la orientación del lenguaje hacia el destinatario. Indica que, cuando alguien, habla lo hace para otro, en quien intenta influir de diferentes maneras (informar, convencer). 
· La función informativa marca una orientación hacia el contexto, hacia lo que se quiere informar (hechos, datos). 
· La función fática aparece cuando se intenta establecer o prolongar la comunicación; el emisor se asegura así que el canal de comunicación este abierto. 
· La función poética aparece como preocupación por el mensaje mismo, por su construcción más que por su contenido. 
· La función metalingüística tiene que ver con las referencias al propio código, se da, por ejemplo cuando emisor y receptor necesitan ponerse de acuerdo sobre la significación de una palabra que están usando. 

Es muy raro que en un texto aparezca una sola función, las funciones aparecen entremezcladas.

Murió Cambá

La fila marcha descubierta. Son los doscientos bravos que restaña a Cambá. Y con ellos camina por la selva. 
La piel extrañamente oscura del cacique se destaca entre los suyos, a su frente. Lleva los restos de sus indios de pelea por una ruta que no tendrá retorno. Él no admite el dominio del “dojchí” sobre sus tierras. Él, el más fuerte de los tobas. Él, que ha perdido sus tribus y sus territorios de monte y cielo, frente al Remington y al sable. 
Cambá siente que la rabia se la agolpa y desespera. Siente el estertor agónico del poderío de su raza y saja distancias en un gerundio de coraje. Es que tiene ante sus ojos, como si la hubiera contemplado, la lanza de Yaloschi, fusilado poco antes, prisionero de Fotheringham. Esa lanza que ahora está clavada en la plaza inaugural de Roca, con la bandera de la tropa izada en ella. Como galardón de triunfo. Como vértice de empuje. Para escarnio de los suyos y befa de sus glorias que hoy no son. 
Él ya no sería, por los tiempos de los tiempos, el aliado de Leoncito y de los otros en su lucha contra los blancos… De esos otros tan dispersos o tan muertos en las selvas y en los ríos. O en su acatamiento sumisivo hacia el “cristiano”. Y una excrecencia oscura se le sube por la vida mostrándole que está de más; que ya la fuerza altiva que le dio poder y nombre se encorseta y cede ante una metamorfosis que no entiende. Entonces marcha por la selva con la mirada roja y con su piel oscura por un camino que no tendrá retorno. 
Él no puede ser sumiso. Ni rodarse a un yugo de vileza hipócrita. Un yugo que le sorberá la sangre y le volverá un virtual esclavo. Con los suyos. Con los que no saben del tributo del acatamiento y sí de la existencia nómade bajo los toldos de ramazón y paja por las distancias del Gran Chaco. 
Es por eso, también, que no hay sigilo en esta marcha. Su espíritu irredente, su cónclave feroz, anima a todos. Lleva empuñada esa lanza que blande y es un ímpetu impaciente el que le exalta. Es atávico su empuje. Es una protesta plural la que lo esgrime; un plagio de potencia antigua contra el conjuro do todas esas fuerzas invisibles desplomadas sobre las naciones indias. Siente su majestad roída y se apresta y urge para lanzar sus restos a una lid última que ensalzarán los tiempos. En eso cree. En el presente. En el remedo que le hará vivir las glorias viejas llevadas en la sangre. Y en los músculos. Como un tatuaje imperceptible. Capilarizado… 
Rápidamente lo descubre Carayá, entonces. Ese cacique sometido que ahora sirve de baqueano. (Él y otros seis de los que son su gente). Los descubre y da el alerta. Pero la tropa sabe ya de aquella guerra y forma un cuadro, aprestándose a una lucha que esperan y presienten. Son treinta hombres. Treinta únicos hombres bajo las órdenes del Capitán Rosendo Fraga y dos tenientes, acampados juntos al frescor de una laguna y en un abra cercada por la espesura de impenetrable bosque. Es un callejón recóndito, sin salida frente a una suerte adversa. Pero nadie piensa en ella y alzan también su acopio de bravura y de experiencia como un emerjo de soberbia. Entonces el bosque se estremece. Un aturdir de gritos de pelea revienta entre los árboles y arden sus hojas los estampidos secos del fusil de chispa, ese que el indio tiene en su comercio con el paraguayo metido entre los toldos. O el renegado blanco, ese que vive sin alma y sin escrúpulos. 
Es la selva misma la que vomita ese torrente de ferocidad masiva. Porque esta vez el indio no se parapeta en la maraña sino que acomete a cara descubierta, también a flecha y lanza. Buscando un cuerpo a cuerpo definitorio y rápido. Surge de la espesura y arremete como a la vieja usanza. Desnudos unos, como acostumbran entrar en la pelea (y otros bajo sus ponchos), prietan su impulso y han olvidado que el temor existe. Pero la tropa barda sus posiciones con el fuego de sus carabinas Remington y es una macabra sucesión de muerte la que arroja por delante. El abra se pone roja y es un quejido de la tierra misma el que cruza el aire.
Cambá destaca su figura entre los suyos. Umbilicado con la furia misma, clama y lo exhorta en el avance. Apura el inexperto tiro de sus fusileros y arenga entre improperios cada carga. Desespera en ellas y consigue la peligrosa cercanía donde el número le dará una pauta de victoria. Pero su figura es alta y se destaca. El color distinto de es piel oscura y el denuedo que lo exalta forman un distintivo perfectamente descifrado. Y la tropa lo reconoce. Dirige la quemarropa de sus fuegos y una bala incrusta su boquete rojo. Es una puerta cárdena por donde se escapan los vigores de aquel cuerpo, pero no su espíritu. Él ya lo sabía. Y llama la bravura de los suyos para que sigan con la lucha. Quiere el desborde de aquel puñado de valientes, pero ahora la indiada, viéndole caído, ha perdido su coraje. Desorientada, irresoluta, solo atina a retirar a sus muertos y a intentar la defensa del cuerpo del cacique. Allí, caído frente a la tropa. A pocos pasos de ella. Debilitado por la sangre que se escapa. Borbotando sus espumajos de impotencia. Alzándose soberbio contra la mano alargada de la muerte. 
Mas las descargas se sucede y el aliento del herido se va quedando solo. Es un trofeo macabro el de ese cuerpo y enciende la codicia. Entonces Luna, el cabo Luna, rompe la formación y avanza. Cae sobre el cacique cuchillo en mano y una y otra vez lo incrusta en la carne que ya no puede defenderse. Bestialmente. Ansiosamente. Con esa final crueldad que la naturaleza pone en los instintos cuando afloran y hay excusa. Así, cuando su exaltación en guerra vindica la ausencia de sus límites. Y Luna, el cabo Luna, toma ya le cuerpo sin vida y de un solo tajo le cercena la cabeza. Pero eso no le basta. Siente que debe completar el triunfo y ahora toma la lanza del cacique y en ella clava su trofeo, blandiéndola en el aire y goteándose la sangre que aún destila. Es un danzar salvaje el que ejecuta cuando pasea su lauro horroroso por el campo. Entre el clamor alegre de la tropa y el silencio de la indiada que allá, entre los árboles, se dispersa para siempre. 
Toda la esencia misma de la raza se estremece. Está vencida ya, se esconde y queja en el olvido de los bosques. También la tempestad que se avecina grita en la luz de una descarga eléctrica la muerte de Cambá, el más altivo y más feroz de los caciques tobas. 
Y los tiempos sabrán que esto sucede el siete de diciembre de mil ochocientos ochenta y cuatro. Aquí, en la Línea del Bermejo y en las tierras del Chaco. 

Ricardo Ríos Ortiz.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Nueva Escuela 17: Lengua Tipologías de textos

Tipologías de textos
Los nombres de los textos y la posibilidad de clasificarlos.
Si se lo pidiera a algún lector medianamente competente que diera nombre a los siguientes textos, no tendría dificultades para hacerlo, seguramente.

No le sería tan fácil, tal vez, hacer una clasificación de esos textos si no decidiera antes criterios precisos para ella. ¿Qué diría, por ejemplo, de la crónica periodística? ¿La consideraría un texto narrativo o un texto informativo? Si tuviera en cuenta la organización narrativa del texto le podría, sin duda, la primera etiquete. Pero, si considerara la intención del hablante y la función de lenguaje predominante (informativa) tendería a decir que es un texto informativo.
Lo mismo pasaría, tal vez, con muchos de los siguientes textos, si fuera necesario clasificarlos:
invitación
cuento
novela
carta
editorial
comentario
aviso
lista
horóscopo
reseña
receta de cocina
instructivo
crítica de cine
reportaje
reglamento
chiste
ley
definición
ensayo
trabalenguas
prospecto
parte meteorológico
noticia
guion
graffitti
retrato
informe
registro
exposición
telegrama
letra de canción
poema
biografía
perfil
diario intimo
refrán
diario de viaje
historieta
adivinanza
índice
perfil

Vamos a intentar hablar aquí de tipologías de textos, pero es indispensable decir antes que cualquier tipología que se mencione va a simplificar una realidad compleja en la que existe un número muy grande de géneros discursivos (la lista no guarda ningún orden ni de cuenta de todos, seguramente) caracterizados por rasgos convencionalizados que les son propios y que son socialmente aceptados.
Se puede decir que el grado de conocimiento que un hablante tenga de esos géneros va a definir su competencia discursiva (o sea sus posibilidades de reconocerlos a través de la lectura o de producirlos apropiadamente)

Algunas tipologías de textos
Van Dijk, en 1978, escribió: “En este momento no existe una tipología del discurso sistemática y explicita. Tal tipología tendrá que basarse, claro está, en una teoría más general del discurso, una teoría que está todavía siendo construida…” (Estructuras y funciones del discurso, Siglo XXI Editores)
El reconocimiento de la dificultad para construir una tipología de textos aceptada universalmente sigue siendo generalizado hoy, pero también lo es la preocupación para lograrla.
Pensada desde la didáctica de la lengua, una buena sistematización de los tipos de textos sería un aporte importantísimo para las actividades de lectura y escritura que cualquier usuario de la lengua realiza y que la escuela tiene que perfeccionar. Es desde esta perspectiva que nos interesa considerar las tipologías textuales, y algunas de las que se incluyen a continuación -ya estén formuladas desde la lingüística o desde la didáctica de la lengua- contienen elementos que pueden ser aprovechados por cualquier docente que se dedique a enseñar a leer o escribir textos.
Una tipología puede construirse a partir de u criterio único, pero es posible también tener en cuenta más de un criterio para clasificar textos. Por ejemplo, el tipo de información o el contenido del texto; las estructuras internas o la organización de los textos; las situaciones comunicativas en que se producen los textos; la función de lenguaje predominante.

Tipologías formuladas desde la lingüística
La distinción entre tipologías formuladas desde la lingüística de la lengua que se va hacer aquí, no tiene más objetivo que diferenciar a sus autores: lingüistas unos y gente preocupada por la enseñanza de la lectura y la escritura de textos los otros.

Bajtín: géneros discursivos primarios y secundarios
Bajtín en su artículo “El problema de los géneros discursivos” (1955), considera que el uso de la lengua se realiza en situaciones comunicativas y se lleva a cabo “en forma de enunciados (orales y escritos) concretos y singulares que permanecen a los participantes de una u otra esfera de la praxis humana”.
Cada una de esas esferas elabora sus tipos de enunciados relativamente estables, a los que Bajtín denomina géneros discursivos.
La diversidad de esos géneros es enorme, porque las posibilidades de la actividad humana son inagotables.
Bajtín dice que se debe incluir en los géneros discursivos “tanto las breves réplicas de un diálogo cotidiano (…) como un relato cotidiano, tanto una carta (en todas sus diferentes formas) como una orden militar…”.
A partir de estas ideas, avanza una clasificación que hoy podría considerarse insuficiente pero que fue punto de partida de muchas e importantes reflexiones posteriores.
Distingue entre géneros discursivos primarios (simples) y secundarios (complejos)
Los géneros discursivos secundarios -novelas, dramas, investigaciones científicas de toda clase, grandes géneros periodísticos- surgen en condiciones de comunicación cultural compleja, principalmente escrita (artística, científica, socio-política).
Absorben y reelaboran los géneros primarios, construidos en la comunicación discursiva inmediata (las réplicas de un diálogo cotidiano o una carta).
Bajtín da un ejemplo: un género primario simple (un diálogo o una carta) absorbido por una novela, mantendrá su forma pero perderá su contacto inmediato con la realidad. Pasará a participar de la realidad a través de la novela, como acontecimiento artístico, no como suceso de la vida cotidiana.
Más allá de la clasificación elaborada, son sumamente interesantes algunas de las ideas de Bajtín acerca de los géneros discursivos:
  • “Los géneros discursivos organizan nuestro discurso acaso de la misma manera como lo organizan las formas gramaticales.”
  • “Si no existieran los géneros discursivos y si no los domináramos, si tuviéramos que ir creándolos cada vez dentro del proceso discursivo, la comunicación sería casi imposible.”

Una clasificación de textos según las funciones del lenguaje
Los textos, en tanto unidades comunicativas, se construyen en torno de algunas de las funciones determinadas por Jakobson (no de todas) y es posible pensar en una clasificación que tenga en cuenta la función predominante en cada texto.
  1. Los textos con función expresiva, tienen al emisor (sus reflexiones, sus emociones, sus anécdotas personales) como eje. El diario íntimo, la carta amistosa, el diálogo, la autobiografía estarían en este grupo.
  2. Los textos con función referencial o informativa remiten a un contexto el emisor presenta hechos o datos y su preocupación es que no haya obstáculos para que el receptor se informe acerca de ellos. Esto pasa en la crónica periodística, en el informe, en la definición.
  3. Los textos con predominio de la función poética del lenguaje con los textos literarios (cuento, novela, poema, guión, chiste y textos que combinan lenguajes: historieta, fotonovela), que suponen un uso original del lenguaje, que no remite a un referente real. En el texto literario se crea realidad con el lenguaje.
  4. En los textos con predominio de la función conativa o apelativa, el escritor intenta convencer a otros, los receptores, (y a veces hasta moverlos a la acción) con argumentos. Enuncia su hipótesis y mediante distintos recursos intenta demostrarla.
El aviso publicitario, el comentario periodístico, el ensayo, pertenecen a esta clase.


TIPOLOGÍAS FORMULADAS DESDE LA DIDÁCTICA
Prosas de base y tipos de texto
María Teresa Serafini en Cómo redactar un tema, a partir de los distintos tipos de prosa que -según la retórica- coexisten en un texto persuasivo, plantea la posibilidad de llegar a una clasificación de los géneros textuales según se dé la aparición en ellos de esos tipos de prosa.
Los cuatro tipos de prosa que la retórica define son:
La descripción que “hace la presentación de objetos, personas, lugares, sentimientos” utilizando, en la medida de lo posible, los detalles concretos. La descripción pone en evidencia la percepción “que tiene el autor (…) a través de sus cinco sentidos”.
“La narración es una prosa que presenta una historia, expone un suceso o una serie de sucesos…”
“La exposición es una prosa que presenta y explica ideas, sujetos y argumentos, aclara los fines y muestra la organización.”
La argumentación es una prosa que presenta hechos, problemas, razonamiento, de acuerdo con una oposición, que normalmente es la del autor.
Serafini dice que esos tipos de prosa se pueden encontrar, en diferentes medidas, en cada texto y elabora un cuadro para determinar la distribución predominante de esas prosas de base en algunos géneros textuales.
Serafini le ve posibilidades didácticas interesantes a la consideración de las diferentes distribuciones de esas prosas en los géneros discursivos.

Clasificación de textos según función predominante y trama
En este mismo sentido, es decir en función de pensar las clasificaciones de textos como un aporte al desarrollo de competencias discursivas (lectoras y escritoras) de los alumnos, trabajaron Ana María Kaufman y María Elena Rodriguez y elaboraron una tipología de texto a partir de los criterios de función predominantes y trama (el concepto de trama remite a las distintas estructuraciones o configuraciones de los textos).
Los diferentes entrecruzamientos entre funciones y tramas darían lugar a los tipos de textos.
De las funciones ya hemos hablado: con respecto a las tramas las autoras consideran que existen cuatro tipos: la narrativa, la argumentativa, la descriptiva y la conversacional.
Trama narrativa: se caracteriza por presentar hechos organizados temporalmente o sobre una relación causa-efecto. Importan también el marco en que suceden los hechos y los personajes que lo realizan.
Trama argumentativa: en ella, a partir de un tema, proposición o hipótesis se organiza una demostración (en la que se explican o confrontan ideas que acumulan pruebas, se ejemplifican) y se llega a determinadas conclusiones (explicitas o no)
Tramas descriptivas: presentan “especificaciones y caracterizaciones de objetos, personas o procesos a través de sus rasgos distintivos”. Acumulan datos e impresiones sobre el objeto descrito, lo que permite aprehenderlo como un todo.
Trama conversacional: muestra “en estilo directo, la interacción lingüística que se establece entre los diferentes participantes de una situación comunicativa, quienes deben ajustarse a un turno de palabra.”
En función de los criterios mencionados, se arma la siguiente tipología de textos:


Tipologías textuales y escuela
La observación de diseños curriculares, programas y planificaciones permite ver que, tanto en la escuela primeria como en la escuela media se trabaja con ciertas tipologías de textos.
Sobre la aplicación didáctica de las tipologías es posible hacer algunas consideraciones.
• La aparición en los documentos mencionados de contenidos como “texto narrativo”, “texto poético”, “texto dramático”, indica que se trabaja el texto literario desde la clásica división en géneros.
Muchas veces, esos tipos de textos son los únicos que se mencionan. ¿Habrá que considerar que son los únicos que se trabajan? Es posible, ya que tradicionalmente se pensó (y se elaboraron los programas escolares en función de esta idea) en el texto literario como forma textual superior, como modelo a imitar. La lingüística del texto, en los últimos años, ha abierto de manera asombrosa la posibilidad de trabajo con los géneros discursivos, no solo con los literarios.
• Otra tipología de textos que incorporó la escuela fue la basada en las funciones del lenguaje. También se puede leer en los programas: “Tipos de textos. Texto informativo, expresivo, apelativo y literario”.
En su aplicación, esta clasificación produjo ciertas confusiones conceptuales que tal vez puedan explicarse.
En primer lugar, el alumno aprende las funciones del lenguaje en enunciados aislados, separados de todo contexto: 
¡Cómo me duele!
(función expresiva)
Los alimentos son de origen animal, vegetal o mineral.
(función informativa)
Cuando se le pide que busque en el diario un texto expresivo por ejemplo, las cosas se complican para él porque no encuentra ningún texto en que se dé exclusivamente la función expresiva.
Por otra parte, la búsqueda en el diario también le genera dudas porque también le genera dudas porque el alumno tiene allí, ante él, los “textos reales”, los formatos discursivos que -aunque tal vez no sea capaz de nombrar- reconoce aun desde su primera aproximación visual.
El reconocimiento de un texto expresivo entre otros, supone el manejo de un concepto abstracto (el de “texto expresivo”). En la realidad del diario (formada por un número importante de formatos o géneros discursivos) ese concepto abstracto se manifiesta en forma de “discursos” (cartas de lectores, comentarios) que son los que el alumno es capaz de reconocer.
Otra confusión que, en relación con los tipos de textos, se dio frecuentemente fue la del texto expresivo con el literario. Aun ciertos libros de texto manejaron la categoría inexistente de “texto expresivo-literario”. Es probable que, una vez más, haya que aludir a las limitaciones propias de las clasificaciones -que incluyen muchas veces definiciones extremadamente simplificadoras de la realidad- para explicar la ambigüedad.
En función de todas estas cuestiones es que nos parece importante decir que, si bien el tema de las tipologías textuales no solo le interesa a la lingüística sino también a cualquier didáctica de la lengua y la escritura, y no está mal que sea así, es fundamental tener en cuenta también que esas clasificaciones esconden sus riesgos. Y que -tomamos palabras de Ana María Kaufman y de María Elena Rodriguez- “hay que evitar la fascinación que provocan muchas veces los cuadros y superar las simplificaciones y distinciones que pueden surgir de ellos.”

¿Qué formatos discursivos debería trabajar la escuela?
En este punto de la reflexión, nos parece interesante abrir esta pregunta, que apunta a la cuestión fundamental de qué en medida la escuela favorece el desarrollo de las competencias discursivas (es decir, de los conocimientos referidos a tipos de textos o variedades discursivas) de los alumnos.
Pregunta que a su vez se abre otras: ¿Cuáles son los materiales de lectura con los que habitualmente trabaja la escuela? ¿Existe la posibilidad de hacer entrar en ella la extensa lista de formatos discursivos de la página…? ¿Qué tipos de textos tiene que conocer un alumno al terminar su escolaridad primaria? ¿Sobre cuáles tendría que avanzar el nivel siguiente?
Tener competencia discursiva implica distinguir una crónica periodística de una nota de opinión, una biografía de un retrato, un cuento de una crónica periodística; producir adecuadamente un telegrama, una solicitud, un aviso clasificado. Es decir, reconocer la especificidad de los tipos de textos que circulan socialmente, para poder leerlos y producirlos.
Para formar lectores y escritores discursivamente competentes, la escuela tendrá que hacerse cargo de estas cuestiones.

BIBLIOGRAFÍA
Ø AZNAR, Eduardo; CROSS, Anna; QUINTANA, Lluís: Coherencia textual y lectura, Editorial Horsori, Barcelona, 1991.
Ø BAJTIN, Mijail: El problema de los géneros discursivos, en Estética de al creación verbal, Siglo XXI, Méjico, 1982.
Ø BERNARDEZ, Enrique: Introducción a la lingüística del texto, Espasa-Calpe. Madrid, 1982.
Ø SERAFINI, María Teresa: Cómo redactar un tema, Paidós, Méjico, 1992.
Ø VAN DIJK, Teun: Estrategias y funciones del discurso, Siglo XXI, Méjico, 1991.
Ø La ciencia del texto, Paidós, Barcelona, 1989.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Pantum

A la escondida rosa del jardín 
El viento imprime un ósculo de amor;
Yo, entre corolas de ámbar y carmín,
Corro a buscar mi predilecta flor.

El viento imprime un ósculo de amor,
Robando al cáliz su fragancia y miel;
Corro a buscar mi predilecta flor
Entre jacinto, anémona y clavel.

Robando al cáliz su fragancia y miel,
Arroja el viento soplos de huracán;
Entre jacinto, anémona y clavel.
En son de muerte, mis suspiros van.

Arroja el viento soplos de huracán,
La dalia deshojando y el jazmín;
En son de muerte, mis suspiros van
A la escondida rosa del jardín.
Manuel Gonzalez Pras

Inquietud…

Inquieta de no hallarte, inquieta, inquieta,
los vientos aprendieron mis canteras;
a las albas halláronme discreta
esperando a la vera de los mares.

Las tardes enjoyadas de violeta
y las noches azul y seculares,
me encontraron vagando sola e inquieta
por la orilla espumosa de los mares.

Mi pecho era una brasa que apagaba,
mi boca era una flor que marchitaba
y el cielo tachonado de zafir…
¡Si no hubieras llegado en esta hora
me hubieras hallado muerta en nueva aurora
cansada de esperarte y de sufrir!

María Delia Donato Esandi
Revista Vida Correntina, Primer Magazine Correntino.
Año III, N°76, Marzo 30 de 1936, pág. 20.